Museo de Río abre sus puertas a los artesanos del Carnaval

El "Balloon Dog" de Jeff Koons y el "Archer" de Henry Moore son algunas de las esculturas emblemáticas que compiten por el espacio en una nueva exposición en la que las características figuras de Alberto Giacometti parecen caminar con paso firme por la sala.

Sería una exposición de primera clase, si no fuera porque las piezas son copias hechas de poliestireno, con la misma técnica empleada para las carrozas que desfilan en el Carnaval de Río.

La exposición "El fin de la materia" diseñada por el artista mexicano Damián Ortega rinde homenaje a los artesanos que construyen las carrozas de Carnaval y los saca de los asfixiantes hangares donde trabajan en el anonimato. En un espacio transformado en taller dentro del Museo de Arte Moderno de Río, los artesanos cortan, lijan y taladran en enormes bloques de poliestireno ante la mirada de los visitantes.

"Es un homenaje al trabajo, al proceso creativo", dijo el artista Damián Ortega, uno de los artistas contemporáneos mexicanos más conocidos. Ortega tuvo la idea para la muestra cuando vivió en Río entre 2012 y 2013 y encontró una cabeza de toro de poliestireno, más grande que el tamaño real, abandonada en las vías del tren.

"Era un sobreviviente del Carnaval", dijo en una entrevista por teléfono desde Ciudad de México, añadiendo que el encuentro le inspiró para visitar el hangar de una escuela de samba donde se construían piezas como ésa. "Era hermoso, increíble, y la idea se quedó conmigo".

Ortega, de 47 años, ha mostrado su trabajo en muchos países y ahora tiene esculturas, en forma de pintadas en la exposición "Panorama" en el parque High Line de la ciudad de Nueva York.

La exposición de Río abrió el mes pasado con unas pocas esculturas terminadas y una montaña de poliestireno en medio de la sala. El montón ha ido menguando conforme siete artesanos dan forma a las piezas bajo la dirección de Ortega. El objetivo es llenar la sala de esculturas y utilizar los 2.000 kilos (4.400 libras) de poliestireno disponibles cuando termine la exposición el 14 de junio.

Las copias, que el museo describe como "Homenajes", respetan el tamaño original, de modo que "Balloon Dog" mida más de 3,5 metros, como el pulido modelo original en acero inoxidable.

En la muestra también hay réplicas de obras de artistas desconocidos, como una escultura labrada en piedra por los olmecas nativos de México hace unos 2.500 años. La siguiente pieza será un Buda reclinado de 8 metros (27 pies) de largo siguiendo un modelo del sureste asiático, que los artesanos tallarán en grandes bloques rectangulares utilizando cables metálicos calientes, largos cuchillos con forma de guadañas y peines con clavos en lugar de dientes, entre otras herramientas creadas a medida para su oficio de Carnaval.

En lugar de sus colores originales, o los llamativos tonos de las carrozas, las piezas son todas blancas, cubiertas con una capa de pintura plana que disimula las uniones donde se pegaron diferentes trozos de poliestireno.

Aunque en gran parte es el mismo trabajo que hacen los artesanos para las escuelas de samba, las condiciones de trabajo son muy diferentes que en las grandes naves industriales de la zona portuaria de Río.

Para empezar, el museo tiene aire acondicionado, cosa de la que carecen los asfixiantes hangares. Pero los trabajadores tienen que mantener controlado el nivel de ruido en el museo, lo que les hace rebajar la fuerza con la que rascan y sierran, y el volumen de la samba que escuchan en la radio.

Aun así, las horas de trabajo son mejores en el museo.

"Aquí tenemos que llegar a una hora concreta, y el museo cierra a una hora concreta", explicó Charles Rocha, de 39 años, que lleva dos décadas trabajando como "carnavalesco", o artesano de Carnavales. "En las escuelas de samba no hay nada parecido a un turno. Cuando se acerca el Carnaval, trabajamos todo el día, toda la noche y seguimos hasta que nuestros brazos no pueden más".

Daniel Soave, de 34 años y que suele trabajar para la escuela de samba Emperatriz Leopoldinense, dijo que el programa ayuda a legitimar su trabajo y dar a las artes carnavalescas el reconocimiento que merecen.

Brenda Valansi, cofundadora de la feria anual ArtRio, eligió la exposición como "interesante, muy genial de verdad", pero dijo estar decepcionada por el destino final de las obras.

El tiempo de los artesanos es limitado, señaló el presidente del museo, Carlos Alberto Gouvea Chateaubriand, y cuando termine la muestra, sus piezas irán al mismo sitio que todas las carrozas de Carnaval: a la basura.

"Comprendo el concepto y tiene todo el sentido, a nivel artístico", dijo Valansi. "Pero me encantaría tener ese Giacometti en mi sala de estar", dijo, refiriéndose a la réplica del esbelto "L'homme qui marche I." del escultor suizo.

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Jenny Barchfield está en Twitter como https://www.twitter.com/jennybarchfield