Últimos escarceos en la campaña electoral británica

Los dirigentes políticos británicos se lanzaron a recorrer el país el martes en un frenético esfuerzo final frenético para ganar los votos de los indecisos, a menos de 48 horas de unas elecciones que se prevé no dejarán un ganador claro.

Las encuestas dan paridad a conservadores y laboristas, ninguno de los cuales obtendría la mayoría de bancas en el Parlamento. Esto significa que a la elección seguirá un período de negociación con partidos menores antes de que surja un nuevo gobierno.

Con todo, los dos grandes partidos reclamaban la victoria de antemano.

El primer ministro David Cameron dijo a sus partidarios en un suburbio de Londres que los conservadores venían con gran impulso.

"La gente ve que al fin y al cabo se trata de la economía y de mantener el avance económico y eso es lo que ofrecemos, ése es nuestro argumento en esta etapa final", dijo Cameron.

En medio de los aplausos, un escocés alzó la voz para denunciar "el racismo que siento en el partido de ustedes", objetando las posiciones de la derecha frente al Partido Nacional Escocés, una corriente separatista.

El laborista Ed Miliband dijo que la opción para los votantes era "entre un gobierno laborista que dé prioridad a los trabajadores o un gobierno tory (conservador) que siempre obra a favor de la minoría privilegiada".

El liberal demócrata Nick Clegg dijo que Cameron y Miliband se engañaban a sí mismos y sólo su partido podía impedir que sobreviniera un período de "gobierno minoritario inestable".

"Lo que menos necesita Gran Bretaña es una segunda elección antes de Navidad", dijo Clegg al iniciar una gira de 1,600 kilómetros en autobús desde Land's End, en el extremo suroeste de Inglaterra, hasta el norte de Escocia.

Clegg espera ser el árbitro de las elecciones, pero su partido, que ha sido aliado de los conservadores durante cinco años, enfrenta la perspectiva de un voto castigo con la pérdida de la mitad de sus 59 bancas.