Nuevas estrellas de mar ofrecen esperanza en el Pacífico

Al emerger de una reciente inmersión a 12 metros bajo la superficie en el canal Puget, el biólogo Ben Miner no estaba sorprendido por lo que había encontrado: la preocupante enfermedad que mató a millones de estrellas marinas de un lado a otro de la Costa Oeste no había dejado indemne este rincón en los rocosos acantilados de la isla Lopez.

Miner y otro buceador registraron el triste recuento en una pizarra que habían llevado bajo el agua. Sólo habían encontrado dos docenas de estrellas marinas adultas en un lugar donde antes abundaban.

Pero la tabla de Miner también traía buenas noticias: unas pocas crías de estrella de mar ofrecían un destello de esperanza para la recuperación de esta criatura.

En varios lugares de la costa estadounidense del Pacífico, investigadores y otras personas han documentado cientos de estrellas marinas jóvenes, alimentando la esperanza de que puedan recuperarse de una enfermedad que ha hecho que millones de estrellas moradas, rojas y naranjas se curven, sufran lesiones, pierdan brazos y se desintegren en una masa gelatinosa.

"Bebés. Es en eso en lo que confiamos", dijo Miner, profesor asociado de biología en la Universidad Western Washington. "Si uno espera que se recuperen las poblaciones de estrella de mar, la mejor noticia que puede recibir es ir a los sitios y ver que hay bebés".

En un punto de Santa Cruz, California, se contabilizaron más crías en el último año que en los 15 anteriores juntos, dijo Pete Raimondi, profesor de ecología y biología evolutiva en la Universidad de California, Santa Cruz. Otros sitios han registrado récords en el número de ejemplares jóvenes, dijo.

No ha ocurrido en todas partes, señaló Raimondi, pero "significa que pasa algo de un lado a otro de la costa, y es buena señal".

Las estrellas marinas jóvenes, aunque no totalmente inmunes, podrían ser menos vulnerables a un virus al que se considera el responsable más probable de una enfermedad que ha devastado 20 especies de estrellas marinas desde Alaska a Baja California, desde que fue documentado por primera vez en las costas de Washington en junio de 2013.

Ahora, los biólogos como Miner registran si las pequeñas estrellas sobreviven, y qué ocurre cuando desaparece un depredador clave de erizos de mar, mejillones y otras especies.

Raimondi explicó que llevará unos pocos años saber con certeza si las estrellas crecerán y repoblarán sus hábitats. Y es demasiado pronto para decir cómo cambiará el ecosistema en su ausencia.