Víctimas de sismo en Nepal cruzan montañas para lograr ayuda

Tras dormir cinco noches al raso bajo la lluvia, la mujer de 60 años tenía por fin una lona de plástico sobre la cabeza.

Sujmaya Tamang había caminado unas 12 millas (20 kilómetros) con sandalias por caminos de montaña para conseguir un kit de emergencia que la ayudase a capear el tiempo, y después hacer el mismo largo camino de vuelta.

Como centenares de personas --muchos ancianos, y todos pobres_, ella llegó en los últimos días al pueblo de Balua para recoger el material de refugio de emergencia después de que su remoto pueblo quedara en ruinas por el terremoto de magnitud 7,8 del sábado, que tuvo su epicentro justo en esa zona.

La aldea de Tamgand, junto a un acantilado en el distrito de Gorkha, es inaccesible con vehículos, y Balua es el lugar más cercano al que pueden llegar los camiones y camionetas más resistentes. Los helicópteros escasean en la crisis, y el mal tiempo ha reducido más sus vuelos.

"Caminé cuatro horas para llegar aquí, y he esperado dos días aquí", dijo Tamang el jueves, agachada entre docenas de mujeres ahora sin techo y desamparadas. "No tengo casa, ni comida, no queda nada. He dormido bajo el cielo abierto".

Cinco días después del gran terremoto, los camiones de ayuda de Naciones Unidas llegaron por fin tras varios intentos. Sus obstinados y decididos conductores lograron abrirse paso a través de carreteras inundadas y estropeadas por la lluvia.

En su camino se les unió toda clase de gente entusiasmada y preocupada, como organizaciones benéficas locales, turistas extranjeros y jóvenes sanos del pueblo que se sumaron a las tareas de ayuda.

Sejar Nath Neopano, un anciano del pueblo, dijo estar perplejo por la llegada de tanta ayuda.

"Es sorprendente ver a todo el mundo, incluso gente que suele estar dividida, que se une, y a toda esta gente extranjera que nos trae ayuda", dijo.

Nepal se enfrenta a una crisis en varios frentes en las próximas semanas y meses.

Los expertos señalan que es crucial que el gobierno y las agencias humanitarios lleven comida, medicamentos y refugio ante las lluvias, poco habituales en esta época del año, a los 1,4 millones de personas que viven en las zonas más afectadas. Las letrinas derruidas deben reconstruirse, y hay que retirar los cadáveres de animales para evitar una pesadilla sanitaria.

A largo plazo, la gran comunidad agrícola nepalí, que supone dos tercios de los 27 millones de habitantes del país, necesitará ayuda.

El terremoto y las 73 réplicas que han aterrorizado a la población podrían dañar los esfuerzos de recoger la cosecha de este año, señaló la Organización Agrícola y de Alimentos de la ONU (FAO, por sus siglas en inglés). Muchos campesinos han perdido las reservas de semillas para la temporada de siembra de arroz a mediados de mayo, así como los granos almacenados en estructuras de piedra ahora reducidos a escombros.

"Hay muchos problemas. No hay lugar donde quedarse. El hedor de animales muertos está por todas partes", dijo Neopani antes de pasar lista a la gente inscrita para recibir ayuda. "Estos envíos son muy bienvenidos, pero necesitamos más, mucho más".

Por ahora, el sistema de distribución de ayuda a los puntos más lejanos de Gorkha ha empezado a tomar forma. Los helicópteros han hecho algunas entregas en zonas erráticas pese al tiempo tormentoso e inestable. Y por la carretera de tierra hasta el golpeado pueblo ribereño de Balua se ha puesto en marcha un convoy de bases para participar en las tareas de auxilio.

"Todo el mundo está contento de recibir lo que pueda conseguir", dijo Prabin Shrestha, del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, que distribuía refugios transportados por los primeros camiones que llegaron a Balua.

La experiencia también ofreció algo de inspiración. Pashmina Ghaley, de 10 años y que arrastró a su hermana pequeña hasta campo abierto después de que se desmayara durante el terremoto del sábado, se mostró fascinada por cómo la desesperación tras el desastre se había convertido en resiliencia por el bullicio de actividad.

"Estoy muy emocionada de ver a todo el mundo aquí", dijo Pashmina, jugando con timidez de su larga trenza. "Algún día, quiero ser médico".