EEUU: Comunidad vietnamita reflexiona sobre el pasado

En los caóticos días finales antes que el Vietnam que ella conocía cayese en 1975, Bang Van Pham fue llevada apresuradamente con su hijo recién nacido a un avión militar estadounidense, en camino a una tierra de la que había aprendido en la escuela, pero que nunca había visto.

Semanas más tarde en un campamento de refugiados en el sur de California, se reunió con sus otros dos hijos que habían sido enviados fuera del país con familiares y con su esposo, un legislador e hijo de granjeros que se quedó con sus representados hasta que los comunistas tomaron Saigón.

En Estados Unidos la familia comenzó una nueva vida: Pham dio clases de inglés a inmigrantes mientras que su esposo, Nho Trong Nguyen, trabajaba como ayudante de mantenimiento, antes de convertirse eventualmente en juez. La pareja, que dice haber ayudado a asentarse a otros 1.000 refugiados, crio tres hijos que ahora son abogados y un médico, y tiene tres nietos nacidos en Estados Unidos.

Cuarenta años más tarde aún recuerdan lo que perdieron. Cada abril, Pham ayuda a planear la ceremonia por el aniversario de la caída de Saigón. Es un momento además para reflexionar sobre cómo su familia y otros refugiados vietnamitas han reconstruido sus vidas.

"Estoy muy complacida y agradecida porque nuestros hijos se han convertido en buenos ciudadanos", dijo Pham, que recordó sus dudas al inicio sobre cómo iban a poder ganarse la vida.

Su historia es apenas una de muchas en la comunidad vietnamita, que ha pasado de no ser siquiera contada como grupo específico en el censo de 1970 a tener 1,7 millones de personas. Un gran eje comercial y de comunicaciones ha crecido en el condado Orange, California, que tiene la mayor población vietnamita en el mundo fuera de Vietnam. Algunos han sido elegidos para cargos públicos.

Muchos vietnamitas ancianos lidian aún con el trauma de la guerra o años pasados en campos de "reeducación" en Vietnam antes de escaparse en embarcaciones endebles, mientras sus hijos pasan trabajos para entender esos problemas, habiéndose criado como estadounidenses y hablando mejor inglés que vietnamita.

Este aniversario llega en un momento clave para la comunidad, que trata de preservar las historias de sus ancianos, algunos de los cuales se negaron durante años a hablar de sus experiencias, antes de que ellos mueran, y ayudar a las generaciones más jóvenes a proseguir con su legado. Hay gestiones en marcha para compilar las historias orales de los refugiados y construir un monumento para honrar a quienes reconstruyeron sus vidas en Estados Unidos.

"Ellos están falleciendo", dijo Linda Trinh Vo, profesora de estudios asiático-americanos en la Universidad de California, Irvine. "Hay una sensación de urgencia para compilar esas historias y recordar ese pasado".

Nguyen, que tiene ahora 77 años, dice que aún extraña Vietnam, los campos de arroz donde vivió hasta que los comunistas obligaron a su familia a viajar al sur, su padre a trabajar como albañil, su madre como vendedora callejera.

Ahora retirado como juez, Nguyen dice que persiste la tristeza por la pérdida de tantas vidas en la guerra. Pero recuerda el consejo que u estadounidense le dio hace 40 años cuando se iba de Saigón.

"Si no piensas en tu futuro, el futuro de tus hijos va a ser mucho mejor", dice Nguyen que le dijo su amigo. "Y así es, el futuro de ellos es mejor".