Los avances insurgentes en Siria exponen debilidades de Asad

En el espacio de un mes, los insurgentes sirios han superado a las fuerzas del gobierno en el noroeste del país, expulsándolas de varios baluartes en una serie de bochornosas derrotas para el presidente, Bashar Asad.

La primera en caer fue la ciudad de Idlib, tomada por combatientes de oposición a finales de marzo, seguida por la ciudad estratégica de Yisr al Shughur la semana pasada y la base militar de Qarmid el pasado lunes. Ahora las tropas en los puestos que siguen controlados por el gobierno están bajo fuego enemigo.

La desintegración de las fuerzas del gobierno en la provincia de Idlib, acompañada de recientes derrotas en el sur de Siria, puso en duda la idea de que Asad va camino de derrotar la rebelión iniciada hace cuatro años y socavó su afirmación de que es un punto de resistencia contra el grupo Estado Islámico, que ha hecho sombra a los rebeldes en el último año.

La ofensiva también muestra que las variadas fuerzas de oposición han alcanzado una nueva unidad y agresividad, tras largas luchas internas. Y ha expuesto las debilidades fundamentales del gobierno, como la falta de hombres, el cansancio acumulado en batalla y una gran dependencia de Irán y otros aliados.

"En realidad es un indicador de los enormes problemas que tiene el régimen", señaló Noah Bonsey, analista de Siria paras el International Crisis Group. "Lo que vemos ahora es la mejor prueba hasta la fecha de una tendencia de la que ya sabíamos: la tasa de deserción del régimen es bastante alta, y no puede reemplazar a los soldados y milicianos que pierde con personal sirio de la misma capacidad".

Más de 220.000 personas murieron y más de 1 millón resultaron heridos en el conflicto sirio, que ya está en su quinto año. El constante derramamiento de sangre ha dejado al gobierno luchando para encontrar reclutas que llenen sus filas, lo que incluye combatir a los que escapan de las levas.

El gobierno se ha centrado en lo que considera el territorio clave para su sobrevivencia: el populoso corredor desde el sur de Damasco a la ciudad de Homs y hasta la costa mediterránea. Los rebeldes y el grupo Estado Islámico se han hecho con la mayor parte de las zonas rurales al norte, este y sur.

Pero incluso con su estrategia centrada en importantes ciudades y autopistas, el gobierno ha dependido de los milicianos del grupo armado libanés Jezbolá y de combatientes extranjeros respaldados por Irán para ganar y conservar terreno. Y sólo puede contar con el apoyo de sus aliados en el corredor donde Jezbolá e Irán tienen intereses estratégicos.

En zonas periféricas como Idlib, las tropas cada vez más cansadas están solas.

La mayoría de la provincia de Idlib --salvo por la capital de la provincia y unas pocas ciudades y pueblos-- lleva años fuera del control de Damasco. Asad podría estar calculando si el coste de mantener la provincia es mayor que el de perderlo.

Aun así, los analistas rehúyen la idea de que los últimos avances de la oposición sean un anuncio de la inminente caída de Asad.

Los insurgentes podrían avanzar más en Idlib y la provincia sureña de Dará, dijo Bonsey.

"Pero no debemos juzgar por esas dos provincias lo que pueda ocurrir en zonas que son de mayor importancia estratégica para el régimen y sus partidarios", dijo. "Desde luego, el nivel de inversión allí y su capacidad de defender esas zonas será mayor".

El éxito a largo plazo de la oposición dependerá en gran parte de si puede mantener la coordinación y la unidad, mostrada en sus últimas operaciones. La ofensiva en Idlib ha reunido a unos 10.000 guerrilleros de todo el espectro ideológico, que coordinaron los combates en varios frentes.

El Frente Nusra, afiliado a Al Qaeda, y el estricto grupo Ahrar al-Sham lideran la campaña a través de una coalición conocida como al Yaish al-Fatá, o Ejército de Conquista. Han trabajado en tándem con otros grupos, entre ellos las brigadas rebeldes más moderadas conocidas como Ejército Libre Sirio.

Muayad Zurayk, un activista en la ciudad de Idlib, atribuyó el éxito de la oposición en la provincia a la sala de operaciones conjunta.

"Todas las operaciones que derivan del centro de mando coordinado se hacen en nombre de Yaish al-Fatá", dijo, refiriéndose al mando unificado. "Está prohibido mencionar el nombre de cualquier facción".

Este nivel de coordinación no es un detalle menor para los divididos grupos insurgentes sirios. La falta de dirección unificada de la oposición ha sido una de sus mayores debilidades.

En el cambiante campo de batalla sirio resulta muy difícil identificar pruebas concretas de qué motivó esta nueva cohesión.

Sin embargo, algunos expertos la atribuyen a la reciente reconciliación entre Arabia Saudí y Turquía, dos de los principales aliados del movimiento anti Asad.

"Creo que tiene mucho que ver con la nueva relación saudí con Turquía", dijo Mustafa Alani, director del departamento de seguridad y defensa del Gulf Research Center en Ginebra. "Hablamos de comprensión estratégica entre ellos".

Ambos países estaban enfrentados por los acontecimientos en Egipto, donde Riad apoya el gobierno militar y Ankara a la ahora prohibida Hermandad Musulmana del derrocado presidente Mohamed Morsi. Pero Arabia Saudí y Turquía redujeron sus diferencias tras la muerte del rey saudí Abdulá en enero y el ascenso al trono del rey Salman.

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La periodista de Associated Press Sarah El Deeb contribuyó a este despacho.

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Ryan Lucas está en Twitter en www.twitter.com/relucasz