Justicia rebelde llena vacío de autoridad en este de Ucrania

Hay un combatiente rebelde con uniforme de combate atado a un poste, que evita establecer contacto visual y lleva un cartel colgado del cuello con un crudo mensaje. "Soy un saqueador. Golpeo y robo a mis compatriotas".

Al hombre no le atraparon sus rivales, sino sus compañeros separatistas en el este de Ucrania.

En el caos de conflicto, la justicia sumaria se ha vuelto habitual en las zonas controladas por los rebeldes, y afecta a civiles y combatientes por igual.

El comandante rebelde Alexander Nazarchenko estaba a unos pocos metros del combatiente humillado, en la localidad de Krasny Partyzan. Antes de adoptar una medida tan drástica, dijo, había consultado con sus superiores. Los delitos del hombre eran especialmente graves, señaló.

"Atacó a un civil, robó su auto, tomó efectivo de sus parientes", Nazarchenko. "Dijo que lo tomaba prestado, pero no es exactamente así como se toma dinero prestado".

La víctima denunció al combatiente a las autoridades rebeldes, que lo condenaron a cavar trincheras, el castigo estándar entre los milicianos rebeldes. Sin embargo, se emborrachó y volvió a robar el auto a la misma víctima.

El hombre, con la cabeza gacha y las manos atadas a la espalda por grilletes de plástico, reconoció a un periodista que había cometido los delitos, y pidió por lo bajo un cigarrillo. Tenía el ojo hinchado y los pómulos amoratados, sangre seca en el labio partido.

Esta clase de incidentes son producto del caos --judicial, burocrático y económico-- que ha reinado en el este de Ucrania durante el conflicto.

Andrei Pasichnik, sub jefe de policía en Luhansk, la segunda ciudad más grande en manos separatistas, condenó la justicia arbitraria. Pero admitió que queda mucho trabajo que hacer para tener un sistema de justicia en las zonas rebeldes.

Al parecer, cuando las autoridades leales al gobierno central en Kiev fueron expulsadas el año pasado, se llevaron con ellas buena parte del dinero en efectivo y los recursos.

Los esfuerzos se centran ahora en instalar departamentos de policía en zonas bajo control rebelde de Luhansk, dijo Pasichnik. No hay jueces, así que las sentencias las imponen directamente los fiscales.

La situación es ligeramente mejor en la vecina región de Donetsk, donde los rebeldes han labrado un potencial estado independiente bajo el nombre de República Popular de Donetsk.

El máximo responsable del tribunal rebelde, Eduard Yakubovsky, anunció a principios de abril que los tribunales habían retomado los casos de cortes civiles, familiares y penales tres meses antes. El sistema de justicia de la región separatista se basa en el antiguo modelo soviético, aunque a una escala mucho menor que antes porque el dinero escasea.

"Antes, en el territorio de la región de Donetsk había 55 tribunales locales (...) con 3.262 empleados. Eso es el tamaño de una unidad de infantería mecanizada completa", explicó Yakubovsky en una rueda de prensa. "La cantidad de jueves se ha dividido por cuatro".

Eso produjo terreno fértil para los tribunales sin garantías, especialmente en zonas controladas por comandantes cosacos. Los cosacos forman parte de un grupo semi militar que tradicionalmente protegía los puestos remotos del imperio ruso.

Cualquiera que se tome la justicia por su mano y aplique castigos como los latigazos o ejecuciones se enfrentará a cargos penales, afirmó Pasichnik.

"¿Justicieros? No. Sólo el sistema de fuerzas de la ley tiene derecho a hacer eso", aseguró Pasichnik. "Los cosacos (...) cooperaron con nosotros antes, por supuesto, pero hubo ciertos individuos que trataron de crear sus mini estados".

Eso era una referencia velada a comandantes cosacos como Nikolai Kozitsyn, un ciudadano ruso que gobernaba la ciudad de Perevalsk desafiando por igual a las autoridades ucranianas y a las rebeldes.

En una entrevista en noviembre con Associated Press, Kozitsyn explicó que creía que la pena de muerte era una disuasión necesaria para evitar delitos en momentos de inestabilidad.

"Tiene un efecto positivo", dijo a AP. "No tenemos saqueos, asaltos o robos de autos".

Kozitsyn fue expulsado, y ahora se cree que está de vuelta en Rusia. Pero aún quedan puntos de resistencia.

En Stajanov, una localidad de 120.000 personas, los cosacos siguen al mando. Un comandante cosaco que se identificó solo por su nombre de Guerra, Borsch, explicó cómo trataba con los borrachos.

"Atrapamos un borracho y lo encarcelamos durante tres días. Le dimos cinco latigazos", dijo. "Después le hicimos beber dos tazas de aceite de girasol, y lo dejamos salir por la noche y le permitimos correr de vuelta a casa".