Armenios recuerdan matanzas de hace un siglo

La vida apenas comenzaba para Khosrov Frangyan cuando se enteró de lo que significaba ser armenio en el Imperio Otomano.

Un siglo después, los recuerdos todavía lo atormentan.

"Alguien dijo que los turcos vendrían a matarnos", relató el hombre de 105 años, al recordar cómo se ocultó con otros aldeanos en la cima de una montaña. "Vinieron los soldados turcos y querían subir... Como no teníamos armas, les lanzamos piedras y rocas".

Frangyan y su familia lograron huir en bote a Beirut y luego a la propia Armenia. Ahora vive con hijos y nietos en esta ciudad a 20 kilómetros de la capital. Pero alrededor de 1,5 millones de armenios murieron en las masacres, deportaciones y marchas forzadas que comenzaron en 1915.

Armenia, otros países y muchos estudiosos dicen que es el primer genocidio del siglo XX. La Turquía moderna, sucesora del Imperio Otomano, refuta enérgicamente la acusación. Pero se llame como se llame, la violencia abrió una herida psíquica que persiste en las generaciones sucesivas de armenios.

Las conmemoraciones del 24 de abril solemnizan el arresto de unos 250 intelectuales armenios en lo que se considera fue el primer paso de las masacres. Para los armenios siempre es un evento de impacto emocional, pero el centenario es particularmente profundo.

A medida que se apaga la memoria viva --en Armenia quedan apenas 28 sobrevivientes de la masacre-- crecen los reclamos del reconocimiento del genocidio. Armenia obtuvo algunas victorias este año. El papa Francisco y el Parlamento Europeo reconocieron el genocidio. La visita de Kim Kardashian a su patria ancestral llamó la atención sobre el hecho en círculos que habitualmente se interesan poco por la historia, pero mucho por las andanzas de las celebridades.

Pero los armenios están furiosos porque un premio mayor se les escapa: el reconocimiento del genocidio por parte de Estados Unidos. La noticia de que el presidente Barack Obama no aprovecharía el centenario para reconocer el genocidio, como había prometido en su campaña electoral de 2008, provocó gran amargura. Los armenios creen que el valor estratégico de Turquía como miembro de la OTAN, así como su recepción de refugiados sirios, enturbian su visión moral.

"La capitulación de Obama ante Turquía es una desgracia nacional", dijo Ken Hachikian, presidente del Comité Nacional Armenio de Estados Unidos.

Estados Unidos enviará una delegación de bajo nivel a la conmemoración, encabezada por el secretario del Tesoro, Jacob Lew. En cambio, Rusia estará representada por el presidente Vladimir Putin y Francia por el presidente Francois Hollande, quien incluso promueve una campaña por el reconocimiento y una ley que sancionaría a quienes niegan el genocidio.

Turquía no oculta su rencor. Convocó a su embajador en el Vaticano y respondió indignada a las insinuaciones que decidió conmemorar el centenario de la batalla de Gallipoli el mismo día para restarle atención a Armenia.

"Frente a nosotros se está conformando un frente maligno", dijo el primer ministro turco Ahmet Davutoglu tras el anuncio del papa Francisco.

Pero días atrás, Davutoglu se mostró conciliador al anunciar la realización de un servicio conmemorativo en el Patriarcado Armenio en Estambul y expresar condolencias a los descendientes de las víctimas.

Las ceremonias del viernes se realizarán en el complejo conmemorativo de una colina sobre Erevan. La Iglesia Apostólica Armenia, la religión dominante del país, realizó un servicio el jueves para canonizar a todas las víctimas.

En Erevan, unas 60.000 personas se congregaron en la plaza principal para un concierto gratuito de System of a Down, una banda heavy metal de estadounidenses de origen armenio que aboga por el reconocimiento del genocidio.

Armenia dice que el movimiento para reconocer el genocidio es irreversible.

"El gobierno turco está solo en la nave zozobrante de la negación", dijo el canciller Eduard Nalbandian.

___

Avet Demourian en Erevan, Armenia; Steven R. Hurst en Washington, Sylvie Corbet en París, Suzan Fraser en Ankara, Turquía y Jim Heintz en Moscú contribuyeron a este despacho.