Vietnamitas de Filadelfia listos para recibir al papa

Ly Nguyen y su familia no habían oído hablar mucho de Filadelfia cuando vinieron de Vietnam hace más de 20 años, pero sabían dónde podían buscar ayuda: en la Iglesia Católica Romana.

El cura del barrio donde se radicaron ayudó a los seis hijos de Nguyen a aprender inglés. Les dio alimentos, ropa y hasta dinero en efectivo. Cuando tuvieron problemas con las tuberías de su vivienda, el sacerdote les envió un plomero. En un verano muy caluroso, les compró un acondicionador de aire.

"Recibió a nuestra familia con los brazos abiertos", cuenta Nguyen, quien tiene 72 años y siempre fue católico. "Tenemos una buena vida. Tenemos trabajo, amigos y vamos a la iglesia".

Cuando el papa Francisco visite Filadelfia en septiembre, luego de hacer escalas en Washington y Nueva York, la multitud que se congregará para escuchar su misa será muy distinta a la que recibió al papa Juan Pablo II en 1979. La comunidad católica de la ciudad cuenta hoy con numerosos inmigrantes, particularmente de México, las Filipinas y Vietnam.

A fines de los 70 había una sola parroquia para la comunidad vietnamita y hoy hay ocho, que ofrecen ocho misas semanales para una comunidad católica vietnamita de 10.000 personas.

Los vietnamitas esperan recibir al papa con la misma calidez que les brindó la iglesia a ellos cuando vinieron como refugiados tras la caída de Saigón hace 40 años y luego para reunir las familias.

Se puede palpar la emoción de toda la comunidad. Se están recaudando fondos para traer a familiares que todavía están en Vietnam, para que puedan ver al pontífice. La gente ofrece sus viviendas para alojar a los visitantes. Y se planea limpiar y reparar un convento que alguna vez albergó a 30 monjas y en el que ahora hay solo tres para que pueda alojar a religiosas que vienen de Vietnam con motivo de la visita papal.

También se preparan para comprar comida para miles de personas que se espera asistan a misas de la comunidad.

"Tenemos que comprar sándwiches para 3000 personas", comentó monseñor Joseph Trinh, pastor vietnamita de la iglesia Santa Elena y líder comunitario.

Quienes hablan inglés se preparan para hacer de intérpretes y traducirles a quienes no lo hacen. Puede ser una tarea pesada, pero están felices de realizarla.

"La iglesia de Filadelfia se ha portado muy bien con nosotros", expresó Trinh. "Los católicos vietnamitas tienen algo único. Sus vidas giran en torno a la iglesia. Pagan más con tal de comprar una casa cerca de una iglesia. Envían a sus hijos a escuelas católicas. Están dispuestos a sacrificarse por sus hijos y por su iglesia".

Cuando los vietnamitas vinieron a Filadelfia, vivir cerca de una iglesia no fue un problema, en vista de todos los templos que hay en la ciudad. Y se encontraron no solo con iglesias cercanas sino con apoyo espiritual e incluso económico de parte de la iglesia católica.

Muchos de los recién llegados ya profesaban la fe católica. El 7% de la población vietnamita es católica y sigue creciendo pese a que el Vaticano no tiene relaciones diplomáticas con su gobierno comunista.

Otros se hicieron católicos luego de venir a Estados Unidos.

Nghia Hang, de 63 años, era budista, pero se acercó al catolicismo luego de que un cura rezase con él para pedir por su hija enferma, que se recuperó. Hang se bautizó y es hoy un líder de la iglesia.

Hay quienes encontraron una comunidad a partir de la iglesia.

El 4 de abril Trinh bautizó a Thuong Dinh, a su esposo y sus dos hijas. Por años su marido la había alentado para que se convirtiese al catolicismo. Dinh dijo que aceptó bautizarse porque quería que toda la familia estuviese unida en la fe.

"Nos recibieron con los brazos abiertos tanto la gente como los sacerdotes y los obispos", dijo Trinh. "Nos toca a nosotros inculcar la fe a la próxima generación".

En la actualidad hay unos 1,3 millones de inmigrantes vietnamitas en Estados Unidos. La mayoría se radicaron en sitios cálidos como Los Angeles, San José, Houston y Nueva Orleáns. La comunidad vietnamita de Filadelfia es de unas 30.000 personas y es la décima más grande de Estados Unidos, según Jeanne Batalova, analista senior del Instituto de Políticas Migratorias.

Los primeros inmigrantes vinieron como refugiados. Hoy, el 95% están aquí para reunificar las familias, indicó Batalova.

Nguyen, quien vino en la década del 90, fue un mayor del ejército vietnamita que colaboró con los estadounidenses en la Guerra de Vietnam. Después de la guerra fue enviado a un campamento de adoctrinamiento por siete años. Cuando recuperó la libertad, trabajó en el campo.

Vino a Estados Unidos en el marco de un acuerdo entre ambos gobiernos que abrió las puertas para que ex oficiales del ejército emigrasen.

Nguyen trabajó en un salón de manicura a su llegada. Sus dos hijos adultos son operarios de máquinas. Dos hijas son manicuras y una tercera trabaja en un hospital.

Todos viven cerca suyo. Cinco están casados. Nguyen y su esposa tienen nueve nietos. La familia se reúne la mayoría de los domingos en la iglesia. Celebran las Pascuas juntos, comiendo carne de cerdo asada con vermicelli, pollo al curry y carne de cabra.

En ocasiones especiales "hay más comida y somos más felices", comentó Nguyen. "Se quedan hasta tarde".

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La reportera de la Associated Press Kathy Matheson colaboró en este despacho.