Los corredores desafían el caos de Egipto para hacer deporte

Los jóvenes egipcios vuelven a organizarse en medios sociales y tomando las calles de El Cairo cada viernes en grupos de cientos de personas, no para protestar o para enfrentarse con la policía sino para disfrutar de largas carreras en una de las ciudades más abarrotadas y caóticas del mundo.

En una reciente mañana de viernes, unos 300 jóvenes se reunieron en una plaza del centro. Eran sólo una parte de los 2.500 que se habían apuntado al evento en Facebook, pero una asistencia razonable para un evento celebrado a las 7 de la mañana de un fin de semana.

Organizadores con altavoces guiaron a la multitud de hombres y mujeres --muchas con pañuelos sobre la cabeza-- en un calentamiento, y después se pusieron en marcha, llenando una carretera de cuatro carriles y en ocasiones dejando espacio a los taxis que hacían sonar su bocina.

El Cairo, una ciudad de 20 millones de personas abarrotadas a las orillas del Nilo, con escasos espacios verdes y sin sendas de atletismo, es un lugar improbable para correr distancias.

Las calles están atascadas a casi todas horas con minibuses que despiden densas humaredas, agresivos taxis, veloces motocicletas y la ocasional carreta tirada por un burro. A menudo, las estropeadas veredas son peores --bloqueadas por autos estacionados, montañas de basura y perros callejeros sarnosos. Cualquiera que corre en El Cairo puede contar con que recibirá miradas y bromas, y las mujeres aguantan gritos, miradas lascivas y en ocasiones tocamientos no deseados.

Y pese a todos esos obstáculos, en los últimos dos años los jóvenes egipcios han lanzado varios clubes de corredores cada vez más populares. Miles de corredores acudieron a una media maratón este fin de semana, y más de 200 voluntarios --algunos con protecciones y cascos de fútbol americano-- guiaban diestramente a los atletas por las rotondas y pasos elevados.

Desde hace años existen pequeños grupos de corredores, sobre todo de expatriados, pero los egipcios ven el origen del interés local en Cairo Runners, un grupo con gran presencia en medios sociales que reúne a cientos de persona para sus salidas semanales, y ha inspirado grupos similares en toda la ciudad.

El grupo organiza carreras cada semana y las anuncia en su página de Facebook, que tiene más de 320.000 seguidores. Suelen organizarse el viernes por la mañana, el primer día del fin de semana en Egipto y cuando las calles están casi vacías. Su gran número protege a los deportistas de los autos y del acoso en las calles.

"Corremos cuando duerme todo lo que va mal en El Cairo, y ésa ha sido nuestra receta ganadora", comentó Salma Shahin, prima de Ibrahim Safwat, que fundó el grupo en diciembre de 2012. A la primera jornada acudieron 70 personas, y ahora su ruta semanal de 5 kilómetros puedo convocar a hasta 2.000 personas, señaló.

El grupo empezó a funcionar casi dos años después de que un alzamiento popular derrocara al veterano autócrata Hosni Mubarak. En ese momento, los egipcios estaban muy divididos sobre su sucesor, el islamista Mohamed Morsi. A menudo, las manifestaciones derivaban en enfrentamientos, y si había cientos de personas corriendo por la calle, por lo general era para huir de algo.

Las calles estuvieron mucho más tranquilas en el último año tras una agresiva represión del gobierno del presidente Abdul Fatá el Sisi, respaldado por el ejército y que derrocó a Morsi en el cénit de las protestas en 2013.

Los organizadores dicen que nunca han tenido problemas con las autoridades. "Cuando cientos de personas visten zapatillas de correr y pantalones cortos, no damos tanto miedo", comentó Shahin.

Y la gente normal se ha acostumbrado a verles trotar por las mañanas, señalan los deportistas.

Los grupos de corredores se aferran a su carácter apolítico. Pero cuando sus miembros describen cómo el deporte los ha unido, cómo han recuperado sus plazas y calles, uno oye el eco de los primeros días del alzamiento egipcio de 2011, cuando un espíritu de inclusión reinaba en la plaza Tahrir de El Cairo.

En los peores días de los últimos años, cuando la inestabilidad y las amargas divisiones atenazaban al país, correr unió a la gente, dijo Mariz Doss, de 27 años y que ahora es una de los organizadores.

"Recuerdo que entonces corría, y a mi lado había gente de diferentes contextos, diferentes creencias, diferentes religiones", comentó. "Una no piensa si la persona a su lado es cristiana o musulmana o lo que sea. Sólo viene con un propósito, correr, y disfrutar de su tiempo corriendo".