Por todo Brasil, manifestantes exigen impugnar a presidenta

Diversos grupos salieron el domingo a las calles en varias ciudades de Brasil para exigir la impugnación de la presidenta Dilma Rousseff por segunda vez en menos de un mes.

La concurrencia de las manifestaciones fue menor a la del 15 de marzo, pero aun así se estima que decenas de miles se reunieron en plazas públicas y avenidas de casi 200 ciudades para lanzar consignas contra la mandataria, principalmente enfurecidos por un escándalo de corrupción dentro de la petrolera estatal que implica al gobernante Partido de los Trabajadores y a sus aliados.

En el bastión de la oposición de Sao Paulo, cerca de 100.000 personas marcharon a lo largo de la principal avenida de la ciudad, según un sondeo de la empresa Datafolha. El resultado fue menos de la mitad que hace un mes cuando la protesta reunió a más de 200.000, la mayor congregación vista en décadas desde las manifestaciones de 1984 que exigían el fin de la dictadura militar. La mayoría vestía con camisetas amarillas como la de la selección de fútbol y portaba banderas de Brasil.

"Vinieron menos personas yo creo porque fue menos divulgado", dijo Antonio Guglielmi, un representante de ventas de materiales de construcción de 61 años. "Yo regresaré a manifestaciones como ésta, sean grandes o pequeñas, porque es la mejor manera de alzar nuestras voces y exigir un fin al gobierno de Dilma y del PT y un basta a la corrupción".

En Río de Janeiro, la marcha reunió aproximadamente a 10.000 personas que recorrieron la emblemática avenida costera del barrio de Copacabana y gritaron "Fuera PT" o "El PT robo."

"Nadie aguanta ya el nivel de corrupción. Además de eso, estamos pagando más impuestos y el país no crece nada", reclamó Maria Saldanha, una estudiante de medicina de 19 años que sostenía un letrero que leía "El gobierno no representa Brasil" mientras marchaba por la avenida con su familia. Saldanha dijo estar a favor de impugnar a Rousseff y la culpó de ser el principal factor que impide el crecimiento de la economía.

Rousseff entra en el cuarto mes de su segundo mandato con la popularidad por los suelos. El índice de aprobación es de 13% y la mayoría cree que la presidenta tenía conocimiento del esquema de sobornos en el que supuestamente se desviaron más de 800 millones de dólares en contratos sobrevaluados que Petrobras celebraba con las principales constructoras del país.

El partido gobernante es acusado de recibir los sobornos como donaciones de campañas y más de 50 políticos están siendo investigados por supuestas conexiones con el esquema. Rousseff no ha sido acusada ni está siendo investigada, aunque dirigió el consejo de administración desde 2003 a 2010; sin embargo, dos de sus ex jefes de gabinete están sujetos a una indagación. Además del escándalo de corrupción en la compañía más valiosa del país, la economía está estancada. La moneda se deprecia rápidamente y el índice de inflación es el más alto que el país ya vio en 12 años.

El 63% de los brasileños está a favor de un juicio político a la presidenta, según una encuesta de la empresa Datafolha divulgada el sábado. El 33% se opone, reveló el sondeo que se realizó entre el jueves y viernes con 2.834 entrevistas con un margen de error de 2 puntos porcentuales.

A pesar del rechazo, analistas presagian que el agotamiento de las protestas podría ser una mala señal para el movimiento anti Rousseff.

"No creo que vayamos a ver el movimiento de protesta crecer en tamaño y frecuencia", dijo Carlos Lopes, analista de riesgo político en la oficina de Brasilia de la consultoría Insituto Analise. "La gente va a estar menos inclinada a participar en futuras manifestaciones y el movimiento hacia los mítines de gran escala comenzará a atenuarse."

Organizadores del Movimento Brasil Libre, que fue el primero en convocar a las manifestaciones el domingo, negó que la participación fuera menor, resaltando que participaron más ciudades y pueblos que el mes pasado. Brasil Libre y otros grupos contra Rousseff también organizaron protestas en la capital, Brasilia, donde se reunieron cerca de 20.000 personas, y en otras ciudades en el nordeste como Salvador y Belém y Belo Horizonte en el centro.

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La periodista de The Associated Press Adriana Gómez Licón reportó desde Río de Janeiro. La periodista Jenny Barchfield contribuyó a este despacho también desde Río.