Florista de Washington dice ser un grano en la polémica gay

Una abuela de 70 años que es dueña de una floristería en el estado de Washington y que ganó fama nacional cuando rehusó proveer flores para una boda gay dijo estar sorprendida de que su proceder adquiriera tanta notoriedad y afirmó que siempre había hecho negocios con la pareja a cuyos integrantes consideraba sus amigos.

Barronelle Stutzman, de Arlene's Flowers, rechazó en 2013 un pedido de la pareja homosexual y su postura fue de las primeras en lo que se ha vuelto un dilema nacional para pasteleros y otros proveedores, quienes consideran que el matrimonio gay es incompatible con sus creencias religiosas.

"Soy un pequeño grano de arena", declaró Stutzman a The Associated Press en entrevista telefónica desde Richland, a unos 233 kilómetros (145 millas) al suroeste de Spokane.

En un fallo emitido en febrero, el juez de la Corte Superior del condado Benton, Alexander Ekstrom, dijo que la negativa de Stutzman a vender flores por motivos de orientación sexual infringió las leyes de Washington contra la discriminación y para la protección del consumidor. Stutzman fue multada con 1.000 dólares más un dólar por costos y honorarios judiciales.

Stutzman considera que la decisión del juez le impide practicar su fe Bautista del Sur.

Tiene previsto apelar la decisión del juez, situación por la que podría enfrentar honorarios legales y gastos judiciales por más de un millón de dólares, dijo el abogado de la mujer. Más de 85.000 dólares fueron recaudados mediante una campaña para captar aportaciones que se destinarán a ayudar a Stutzman a sufragar los honorarios legales.

El juez también dijo en su fallo que todo lo que Arlene's Flowers vende a parejas heterosexuales tiene que estar disponible al mismo precio para las parejas homosexuales. Debido a esa situación, Stutzman dejó de vender flores para bodas, con la subsecuente pérdida considerable de ingresos.

Barronelle Stutzman dijo que también ha recibido correos con contenidos intolerantes y algunas amenazas, y ha adoptado algunas precauciones de seguridad que se abstuvo de precisar específicamente.

Ella dijo que había mantenido una relación amigable con los clientes Robert Ingersoll y Curt Freed, y que a menudo les vendía flores. Sin embargo, cuando quisieron comprar flores para boda, Stutzman puso un límite, alegando sus creencias religiosas.

"Rob y yo habíamos sido amigos durante años, lo esperaba y diseñaba cosas graciosas", afirmó la vendedora de flores. "Teníamos una gran relación hasta que intervino el gobierno".

Ingersoll reconoció que él tuvo durante años una relación amistosa con Stutzman pero que ya no hace negocios con ella desde la controversia.