Sobrevivientes recuerdan horror de Buchenwald tras 70 años

El sobreviviente de Buchenwald Henry Oster recuerda que cuando otro de los presos le dijo hace 70 años que el campo de concentración estaba siendo liberado, creyó que su compañero había "perdido su sentido de la realidad", el día en que terminó la larga penuria de los 21.000 prisioneros sobrevivientes.

Oster, de 86 años, visitó el lugar, cerca de la ciudad alemana de Weimar, por primera vez desde su liberación el 11 de abril de 1945, en un viaje con un grupo de sobrevivientes y veteranos que acudieron a celebrar el aniversario. El de Buchenwald fue el primer gran campo de concentración al que llegaron las tropas estadounidenses al final de la II Guerra Mundial.

"Lo que veo aquí, donde solían estar los barracones, en cada barracón había una pila de cadáveres, eso está en la memoria de uno para siempre", dijo Oster. "Cuando alguien pregunta cómo era Buchenwald, de inmediato uno vuelve a ver los cadáveres".

Unos 250.000 prisioneros pasaron por Buchenwald desde su apertura en julio de 1937 hasta su liberación. Se estima que unas 56.000 personas fueron asesinadas, incluyendo presos políticos, personas que los nazis consideraban "asociales", prisioneros de guerra soviéticos, gitanos y aproximadamente 11.000 judíos.

Oster, un alemán judío nacido en Colonia, fue trasladado al gueto de Lodz en la Polonia ocupada en 1941, y después al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Su padre murió de hambre y su madre fue gaseada el día en que llegaron a Auschwitz, dijo.

En enero de 1945, Oster fue enviado a una "marcha de la muerte" hasta Buchenwald, cuando los nazis obligaron a los presos a avanzar hacia el oeste ante el avance de las fuerzas soviéticas.

Oster recordó ese momento cuando volvió a entrar en el antiguo campo, a través de la puerta de hierro con las palabras "Jedem das Seine" ("A cada uno lo suyo") con el reloj marcando las 3:15, la hora de la liberación. Estaba previsto guardar un minuto de silencio a esa hora el sábado.

"No teníamos ni idea de que los aliados estuvieran en Europa, y oímos ruidos como a las tres y cuarto, miramos por la ventana --lo que requirió mucho esfuerzo-- y uno de mis amigos dijo con voz débil 'creo que nos están liberando''', dijo Oster. "Y pensamos que había perdido el sentido de la realidad como tanta gente allí".

Oster fue trasladado a un orfanato en Francia y emigró a Estados Unidos en 1946. Ahora vive en Woodland Hills, California.

Buchenwald también dejó una marca indeleble en sus liberadores. James Anderson, de 91 años y procedente de Indianapolis, entró ese día como médico militar y recuerda que muchos prisioneros estaban tan débiles que ya no podían moverse.

"La devastación era tan tremenda", dijo Anderson, con voz temblorosa. "Yo era un (...) niño, y ver eso fue duro para mí, creer que eso estaba ocurriendo de verdad, ya sabe, y los prisioneros estaban tan contentos de vernos, nos abrazaban y todo".

Robert Harmon, entonces soldado en el tercer ejército del general George S. Patton, estuvo desplegado en Weimar y vio por primera vez a los sobrevivientes unos pocos días después de la liberación.

"Llevaban estas ropas finas de pijama, tenían comida terrible, puede imaginarse, y por supuesto los hombres no se habían afeitado en siglos, y simplemente tenían un aspecto terrible", recordó Harmon, de Seattle, que el domingo cumple 90.

"Estaban psicológicamente aturdidos, tenían tanto miedo de la autoridad de que tenían mucho cuidado al hablar con nosotros, pero tenían tanta hambre que se atrevían, y eso era un enorme acto de valor, creo, que nos hablaran", dijo.

Patton se vio tan repugnado por lo que encontró en Buchenwald que ordenó a los residentes de la vecina Weimar que caminaran las escasas millas de distancia colina arriba para que vieran lo que estaba ocurriendo tan cerca.

"La generación más joven debería ver esto", dijo Anderson. "Era increíble".

___

Geir Moulson contribuyó a este despacho desde Berlín.