Después de Tikrit, mayor reto de Irak es ganarse a suníes

Irak expulsó de Tikrit al grupo Estado Islámico con el respaldo de una insólita coalición de asesores iraníes, milicias chiíes e incursiones aéreas estadounidenses, pero ahora enfrenta lo que podría ser su batalla más importante: ganar el apoyo de los suníes.

Durante la ocupación estadounidense, las tribus suníes cumplieron un papel crucial en la lucha contra Al Qaeda en Irak, el predecesor del grupo Estado Islámico y su desconfianza del gobierno chií en Bagdad facilitó las victorias de los extremistas a mediados del año pasado, pero ahora que las ruinas de Tikrit son patrulladas por milicias chiíes, las poderosas tribus suníes siguen tan desconfiadas como siempre ante la inminencia de nuevas ofensivas en su territorio.

El gobierno "necesita esas tribus locales para asegurar el territorio y conservarlo hasta restablecer (sus) funciones en esas zonas", dijo Sajad Jiyad, investigador en el Centro al-Bayan de Estudios y Planificación en Bagdad. "El gobierno tiene que asegurarse de que todos los que combaten hoy tienen futuro en el Irak de mañana; no solo hallar una solución militar de corto plazo hoy y olvidarse de ellos mañana".

Las quejas suníes crecieron durante los ocho años de gobierno del primer ministro Nuri al Maliki, a quien acusaban de aplicar políticas sectarias. Al Maliki respondió a las protestas con una ola represiva que alimentó el disenso. En diciembre de 2013, las fuerzas de seguridad se retiraron de Ramadi después de desmantelar un campamento de protesta, que posteriormente cayó en poder de los milicianos del Estado Islámico.

Cuando el Estado Islámico realizó su ofensiva hasta ocupar la tercera parte de Irak el año pasado, muchos suníes recibieron a los milicianos como libertadores. Los analistas creen que miembros del proscrito Partido Baath de Saddam Hussein también ayudaron a los extremistas.

Las pocas tribus suníes que resistieron al Estado Islámico pagaron un precio elevado, con matanzas indiscriminadas de cientos de personas que sirvieron de advertencia a las que pensaran en aliarse con el gobierno.

Tras la toma de Tikrit, los suníes en las provincias de Anbar y Ninevé, ambas en poder del Estado Islámico, prevén que la ofensiva del gobierno seguirá en sus regiones, pero muchos temen tanto a las milicias chiíes que participan de la ofensiva como al grupo Estado Islámico.