Obra de Arthur Bispo do Rosario regresa a su psiquiátrico

Cuando Arthur Bispo do Rosario necesitaba material para sus obras de arte en la institución psiquiátrica donde vivía, intercambiaba cigarrillos o favores con los guardias. Cuando eso no funcionaba, violentaba a sus compañeros y les robaba sus pertenencias.

Bispo do Rosario, a quien le diagnosticaron esquizofrenia, transformaba prácticamente todo lo que llegaba a sus manos, y de todas las maneras posibles, para convertirlo en arte. Así lo hizo por más de dos décadas, cas sin ser reconocido hasta los últimos años de su vida.

Ahora se presenta una exposición de sus obras en el antiguo psiquiátrico donde vivió en Río de Janeiro, un hospital que se volvió famoso por los abusos que se cometían en él.

Para Bispo do Rosario, las sábanas se volvían en tapices cargados con bordados intrincados que hacía con telas deshiladas de los uniformes de los pacientes. Pantuflas, chancletas, tenedores, cucharas, cepillos de plástico y otros objetos que les robaba eran transformados en collages surrealistas e impresionantes.

Cajas de madera, viejas botellas de vinagre y frascos usados de mermelada, que rescataba de la basura en sus paseos esporádicos fuera de la institución, podían servir para esculturas miniatura de gallineros, autos y otros objetos que veía desde las paredes de su mundo constreñido. Incluso fabricaba sus propias herramientas con basura y objetos que se encontraba.

Obsesiva, excesiva, agobiante y apabullante, la obra de Bispo do Rosario lo llevaría eventualmente a la fama mundial, incluso aunque terminó sus días dentro del hospital psiquiátrico Colonia Juliano Moreira.

"Usaba el arte como una forma de convertir el confinamiento en libertad", dijo Raquel Fernandes, directora del Museo de Arte Contemporáneo Bispo do Rosario que se encuentra donde estuvo el hospital.

Fernandes agregó que Bispo do Rosario es ampliamente reconocido como uno de los cinco artistas contemporáneos brasileños más destacados. Su obra ha estado incluida en dos ocasiones en la Bienal de Venecia. Más de 100 de las piezas de Bispo do Rosario, quien produjo más de 800 obras, se presentan en el museo.

Cuando el hospital funcionaba llegó a tener más de 5.000 pacientes bajo condiciones horribles. Un programa de televisión de 1980 sobre la institución llevó a su cierre gradual, la mayoría de los pacientes fueron devueltos a sus familias o remitidos a otras instituciones, aunque unos 300, la mayoría geriátricos, todavía viven en sus instalaciones. Bispo do Rosario murió ahí en 1989.

Hijo de un carpintero, Bispo do Rosario nació en 1909 en el remoto pueblo de Japaratuba al noroeste del país. Se sabe poco de su infancia, pero según un registro oficial entró a la academia Naval en 1925. Tras mudarse a Río se enroló en la armada y rindió servicios por nueve años, mientras que aprovechó su impresionante físico para comenzar una carrera como boxeador.

En 1938 tuvo la primera de sus "revelaciones", como él le decía a las apariciones místicas que los psiquiatras diagnosticarían después como episodios graves de esquizofrenia. Su ingreso a un hospital mental de Río de Janeiro fue el primero de varios, culminando en su permanencia en Colonia Juliano Moreira de 1964 a 1989.

"Llegó a aceptar que este era su lugar", dijo Fernandes, quien agregó que el artista gradualmente llenó el ala donde vivía con su enorme colección de arte. "Lo convirtió en su galería, su taller y su archivo al mismo tiempo".

Los visitantes en Colonia, cuyos terrenos han sido tragados en gran parte por los barrios miserables que lo rodean, pueden ver la celda donde Bispo de Rosario pasó cerca de siete años en confinamiento casi solitario por voluntad propia. En una esquina obscura de un salón en ruinas, que alguna vez tuvo a los pacientes más agitados, la diminuta celda está iluminada por dos pequeñas ventanas con barrotes de hierro.

Ahí tuvo otra revelación, unas voces le dijeron que su misión era catalogar todas las cosas que había en el mundo antes del día del Juicio Final. De ahí las esculturas de objetos comunes que realizó: hondas, pinzas, ratoneras, un rodillo para pintar, un machete, completamente envueltos con hilos y bordados.

"No aceptó tomar medicinas, no participó en los talleres de terapia, realmente se mantenía solo", dijo Fernandes. "Pero todo el tiempo estaba creando, simplemente creando".

El visitante Elton Ribiero dijo estar impresionado por el poder transformador que evidencia la exposición.

"Sabemos cómo eran las salas psiquiátricas en Brasil en esa época. Había tanta violencia, tanto sufrimiento", dijo Ribeiro, un psicólogo de 30 años. La obra de Bispo do Rosario "fue la manera que encontró para vivir en eso".

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Jenny Barchfield está en Twitter como www.twitter.com/jennybarchfield