Cientos de personas negras y caucásicas, muchas tomadas de la mano, llenaron el domingo una iglesia en Alabama para conmemorar los 50 años del bombazo perpetrado por el Ku Klux Klan que dejó cuatro niñas muertas, un hito en la lucha por los derechos civiles.

El atentado se convirtió en un poderoso símbolo de la profundidad del odio racial que existía en el sur y ayudó a impulsar leyes promulgadas posteriormente, como la Ley de Derechos Civiles de 1964 y la Ley del Derecho al Voto de 1965.

El reverendo Arthur Price enseñó el domingo la misma lección escolar que miembros de la Iglesia Bautista de la Calle 16 escucharon la mañana cuando ocurrió la explosión: "Un amor que perdona". Después fue tocada en cuatro ocasiones la campaña vieja y oxidada de la iglesia a medida que se recitaban los nombres de las niñas fallecidas.

Una sobreviviente del estallido, Sarah Collins Rudolph, que perdió entonces el ojo derecho y a su hermana Addie Mae Collins, asistió al acto en el que miembros de la iglesia depositaron una ofrenda floral en una pared exterior donde fue colocada la bomba fabricada con dinamita.

Rudolph tenía 12 años en aquella fecha y su familia abandonó esa iglesia luego del atentado. Ella dijo que era importante regresar en recuerdo de su hermana, que tenía 14 años, y de las otras tres niñas que perecieron ese día: Carole Robertson y Cynthia Wesley Morris, ambas de 14 años, y Denise McNair, de 11.

"Dios me salvó para que viviera y contara justo lo que ocurrió aquel día", dijo Rudolph, quien años después testificó contra los miembros del KKK que fueron declarados culpables de la comisión del atentado.

Miembros de la congregación y visitantes cantaron el antiguo himno religioso "Love Lifted Me" (El amor me impulsó) y juntaron sus manos en oración. A la sombría lección escolar del domingo le siguió una ceremonia religiosa multitudinaria que incluyó música espiritual negra y en la que los creyentes agitaban sus manos.

Durante el sermón, el reverendo Julius Scruggs, presidente de la Convención Bautista Nacional, afirmó: "Dios dijo que aunque se pueda asesinar a cuatro niñas pequeñas, no se puede asesinar el sueño de justicia y libertad para todos".

Horas después, asistieron a un acto por la fecha el secretario general de Justicia, Eric Holder; el gobernador de Alabama, Robert Bentley; el ex embajador ante las Naciones Unidas, Andrew Young; el reverendo Jesse Jackson; el reverendo Joseph Lowery y el cineasta Spike Lee, quien hizo un documental sobre ese bombazo.

Entre la multitud que colmó la iglesia estuvo sentada en primera fila la única madre sobreviviente de una de las niñas, Maxine McNair.

Holder describió la pérdida de las niñas como "un momento trascendental y trágico" en la historia de Estados Unidos y recordó los avances que siguieron a estas muertes como la Ley de los Derechos Civiles y la Ley del Derecho al Voto.

En referencia a la decisión de la Corte Suprema que eliminó este año una parte crucial de la ley para votar, Holder dijo que la lucha continúa todavía décadas después.