Fotos AP: Miles de sobrevivientes en Perú celebran carnaval

Miles de personas danzaron en la plaza de toros más antigua de Latinoamérica hasta que cayó la tarde. Pero los bailarines no ejecutaron las tradicionales danzas andinas alrededor de un árbol o lanzando globos de agua y polvos de colores.

A esta danzas, realizadas el pasado 29 de marzo, se les añadió un elemento completamente nuevo: escenas macabras de la guerra interna actuadas por los propios sobrevivientes del conflicto interno que libró el Perú en contra de la guerrilla Sendero Luminoso en los años ochenta y noventa.

Once grupos con más de cien integrantes cada uno, provenientes de más de 11 municipios de la provincia de Ayacucho, se vistieron de campesinos, tigres, osos, zorros, y también de miembros de grupos de autodefensa, militares y policías, y representaron una idílica vida agrícola interrumpida por la guerra.

El conflicto provocó más de 8.000 muertos y otros tantos miles de mutilados, desaparecidos y mujeres violadas entre 1980 y 2000, según los informes de la Comisión de la Verdad creada para establecer lo ocurrido durante la guerra.

Las danzas se acompañaban con cantos grupales en lengua quechua mientras se representaba la siembra de maíz y las patatas, lo que provocaba risas entre los más de 9.000 espectadores que observaban las presentaciones en las tribunas.

De pronto, el silencio y los gritos se apoderaron del público cuando ingresaron al ruedo danzantes vestidos de militares y senderistas que provocan el desorden y ejecutaban con fusiles de madera y cartón a decenas de campesinos que caían inmóviles y levantaban polvo del suelo.

Los "moribundos" se retorcían en el piso y algunos de ellos no dejan de retener en sus manos la bandera nacional, de colores rojo y blanco.

En las tribunas muchos se estremecían.

Entre ellos estaba Dolores Guzmán, de 50 años y única sobreviviente de una matanza hace 31 años ocurrida en Paccha, a 396 kilómetros al sureste de Lima, y que ahora es un pueblo fantasma a orillas del río Apurímac.

"Mi corazón iba a reventar", dice la mujer que a los 19 años escapó a Lima, y viajó a 330 kilómetros, junto a su única hija, luego que su marido fue asesinado por los uniformados. "Todos podríamos haber muerto pero los vivos estamos aquí bailando, pese a que la tristeza sigue, la rabia sigue, la alegría también sigue".

En el ruedo, bailarines vestidos de militares beben cerveza y comienzan a caminar como borrachos. En ese momento los danzantes sobrevivientes los persiguen golpeándolos con látigos. Entonces la tribuna ríe. Decenas de espectadores beben botellas de Coca Cola y Pepsi, pero llenas de una bebida fermentada de maíz que existe desde la época de los Incas, llamada chicha.

"Es una catarsis, la danza, como parte del arte es un medio para denunciar lo que la gente siente, para expresar lo que no pueden hacer en otros espacios públicos", dice por teléfono a la AP Carmen Cazorla, una arqueóloga peruana que estudia los ritos andinos en Ayacucho.

El festival en la limeña plaza llamada Acho, a orillas del río Rímac, empezó a fines de la década de 1980 en Lima, en medio de la violencia que dejó al país a fines del años 2000 con unas 70 mil víctimas, según un informe de una comisión de la verdad. Los fallecidos fueron en su mayoría campesinos de lengua quechua, como los danzantes.

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Franklin Briceño está Twitter como: http://twitter.com/franklinbriceno