Próximo presidente de Nigeria tiene fama de estricto

El próximo presidente de Nigeria, el primer candidato opositor que derrota a un mandatario elegido democráticamente en la historia del país, también sabe cómo asumir el poder por otros medios.

El 31 de diciembre de 1983, el ejército protagonizó un golpe de estado y Muhammadu Buhari, entonces general de división, se convirtió en el líder del país.

Buhari, que hoy de 72 años, afirma que ha dado un cambio radical desde entonces y que ahora es un defensor de la democracia. Después del golpe de estado, encabezó un régimen autoritario hasta que sus compañeros soldados lo depusieron menos de 20 meses después, lo pusieron en arresto domiciliario y entregaron el poder a otro general.

El régimen de Buhari ejecutó a narcotraficantes, recuperó activos saqueados al estado y envió soldados a las calles con látigos para que hicieran valer las leyes de tránsito. Ante la caída de los precios del petróleo y las afirmaciones de los nigerianos de que los extranjeros les quitaban el trabajo, el régimen de Buhari ordenó entonces la salida de unos 700.000 inmigrantes que vivían sin permiso en el país. A los empleados del gobierno que llegaban tarde a sus puestos se les obligaba a hacer sentadillas.

Por su "guerra contra la indisciplina", Buhari se ganó a muchos simpatizantes, aunque su gobierno era criticado por otros debido a la detención de periodistas que censuraban al régimen y porque aprobó leyes que permitían las detenciones indefinidas sin juicio.

"Muchas personas dirán que tienen sus reservas sobre Buhari por muchas razones, algunas porque fue dictador militar y les preocupa su capacidad para mantener los principios democráticos y crear un espacio democrático", dijo Kadaria Ahmed, periodista nigeriano y analista político.

Buhari alcanzó la presidencia en su cuarto intento. Un funcionario estadounidense dijo el sábado que Buhari fue siempre buen perdedor en los comicios.

"Buhari fue un contrincante pacífico en las últimas elecciones presidenciales y aceptó los resultados de las votaciones, aun cuando puso en duda la credibilidad del proceso", dijo a la prensa un funcionario del Departamento de Estado en Washington.

En su campaña, Buhari había dicho que establecería un sistema universal de salud, compromiso que muchos consideran exagerado e inverosímil.

Algunos nigerianos hartos de una corrupción cada vez mayor durante el gobierno del presidente Goodluck Jonathan, afirman que la imagen de honestidad y disciplina de Buhari es lo que necesita el país. Además, sus antecedentes militares son vistos como un aspecto valioso en la lucha contra Boko Haram, el grupo extremista islámico local que ha causado derramamiento de sangre y destrozos en el norte del país.

"Quienes votaron por él creen que presentó una propuesta mucho mejor para los nigerianos que el actual gobierno", afirmó Ahmed.

Algunas de las opiniones previas de Buhari le causaron problemas durante la campaña electoral, como su afirmación de la década de 1980 de que establecería la ley islámica Sharia a lo largo y ancho de Nigeria.

En la década de 1990, se estableció una forma moderada de la Sharia en los estados del norte, pero se aplica a la par de tribunales al estilo occidental y sólo en los estados donde la población es mayoritariamente islámica.

También hubo críticas a su estilo de gobernar y algunos observadores recordaron que solía delegar demasiada autoridad y que, si eso se repite, les preocupa que la presidencia de Buhari quede secuestrada y que personas de su entorno sean los que dirijan el país.