Dudas sobre migración, en el corazón de elecciones inglesas

Boston es el típico pueblo inglés: tiene una iglesia antigua, tiendas tradicionales, supermercados polacos y panaderías bálticas. El día de mercado, la gente sale a las calles en busca de apetitosas ofertas y es común escuchar tanto las lenguas de los habitantes recién llegados de Europa del Este, como el acento inglés de la localidad.

El fenómeno migratorio ha transformado a este pequeño poblado inglés en la última década. Al menos uno de cada ocho residentes proviene de Europa del Este y su población ahora está creciendo al doble de la tasa nacional.

El cambio que está viviendo esta ciudad no es un fenómeno aislado; se vive en todo Inglaterra y ha generado un inconformismo en toda Gran Bretaña que está transformando el panorama político nacional en momentos en que los votantes se preparan para elegir a un nuevo gobierno, lo que hizo crecer el apoyo a los políticos que no pertenecen a los partidos tradicionales que centraron sus campañas en el tema migratorio.

Como ningún partido tiene una ventaja clara, es muy probable que la batalla electoral que culmina con las votaciones del siete de mayo divida aún más al Parlamento en un país ya políticamente fragmentado.

"Creo que hay demasiados extranjeros aquí en este momento", dijo Nigel Lote, un carnicero cuyos clientes, en su mayoría, pertenecen a la comunidad largamente asentada en Boston, que tienen unos 65.000 habitantes y que le dio el nombre a la capital del estado de Massachusetts en Estados Unidos.

"En estos momentos es ellos y nosotros", dijo. "No nos mezclamos con ellos".

A pocos pasos de esa carnicería se encuentra la calle West Street, un corredor comercial que ahora está en declive, pero dónde ahora pululan de tiendas de abarrotes, delicatessen y centros de información para la comunidad de Europa del este. Los estantes están abarrotados de comida popular del lugar como verduras encurtidas o pescado enlatados, y hay avisos de arriendo de habitaciones, de venta de coches de segunda mano y ofertas para trabajar en los campos que rodean a Boston.

Karolina Mediancevaite, que atiende a los clientes de una panadería lituana, hizo una pausa cuando se le preguntó si la gente era amable.

"Algunos", respondió. "Sería mejor si hablaban de tú y no te miraran como diciendo 'tú no eres de este país'''.

Robin Hunter-Clarke, candidato local por el Independence Party del Reino Unido, dice que Boston tiene "enormes problemas sociales".

"Hay algunas calles que la población local no quiere recorrer porque se sienten incómodos", dijo. "Y creo que eso es triste. Eso es debido a la gran cantidad de personas que han llegado a una ciudad pequeña".

UKIP, un partido político cuya popularidad ha aumentado rápidamente y cuya imagen ha cambiado pues antes era considerado una pandilla de derechistas y ahora es una fuerza política seria, ha sido el principal beneficiario de las inquietudes que genera la inmigración a Gran Bretaña.

El partido quiere que Inglaterra se salga de la Unión Europea, que cierre las puerta a los inmigrantes de la UE, que actualmente pueden trabajar en el Reino Unido sin problema, y crear un sistema de inmigración más restrictivo orientado a satisfacer las necesidades laborales de la Gran Bretaña.

UKIP niega que sea un partido racista o anti-extranjero, pero el simbolismo que utiliza raramente es sutil. El martes pasado el líder del partido, Nigel Farage, develó un poster de campaña con la promesa de reducir la inmigración. El afiche usaba una imagen de los blancos acantilados de la costa de Dover, con unas escaleras mecánicas pintadas con una leyenda que decía: "no fronteras, no control, la Unión Europea ha abierto nuestras fronteras a 4.000 personas cada semana".

UKIP dice, además, que quiere darle voz a quienes se han preocupado por el tema migratorio y que no han decidido por quién votar, mientras que sus opositores afirman que el partido está alimentando las diferencias sociales. Como sea, la retórica está funcionando. A nivel nacional, UKIP es el tercer partido favorito en las encuestas y espera ganar un puñado de escaños legislativos en la franja del este de Inglaterra, en poblados como Boston, donde muchos votantes se sienten abandonados por políticos y élites que creen que están enfocadas en satisfacer las necesidades de metrópolis como Londres.

Las apuestas están 50-50 a que Hunter-Clarke, un candidato al Concejo y que tiene 22 años, podría ganar la elección en esa circunscripción electoral.

"La gente está enojada. Está buscando por quién votar, y están tomando partido por UKIP", dijo Hunter-Clarke.

Por mucho tiempo, Gran Bretaña ha sido tierra de inmigrantes. Ha adoptado hugonotes, judíos, irlandeses, antillanos, paquistaníes, indios y otros. Pero en el siglo XXI, grandes cambios políticos y económicos, como la globalización, la crisis económica y la desaparición de las fronteras europeas, han provocado la más alta oleada migratoria que el país haya visto en más de un siglo.

Desde el fin de la Guerra Fría, el número de países afiliados a la Unión Europea se ha más que duplicado, a 28. El mayor influjo de inmigrantes se produjo cuando un grupo de países del antiguo bloque del este, como Polonia, Hungría y los países bálticos, fueron aceptados en 2004.

Gran Bretaña fue de los pocos países de la Unión Europea en impedir que se establecieran restricciones al empleo temporal a los nacionales de estos países que vienen de naciones muy pobres.

El gobierno del Reino Unido predijo una modesta afluencia de 13.000 inmigrantes al año pero el cálculo subestimó ampliamente el influjo. La Oficina de Estadísticas Nacionales dijo que más de medio millón de personas de la UE habían inmigrado a Gran Bretaña a finales de 2013.

En las grandes ciudades del país, los plomeros son del este de Europa, así como las niñeras, los obreros y los baristas. Conforman una economía compleja y un rico mosaico multicultural.

En Boston, que está ubicada en medio de grandes valles a 200 kilómetros (120 millas) al norte de Londres, los inmigrantes principalmente recogen frutas, verduras y flores y trabajan en las fábricas de alimentos. También han abierto negocios y han rehabilitado zonas comerciales que estaban abandonadas.

Mientras que algunos residentes afirman los inmigrantes se apropian de los empleos de la gente oriunda de Boston, el desempleo se encuentra debajo del promedio nacional.

El crecimiento de Boston, más de 10.000 personas en una década, ha impactado las escuelas, los hospitales y la oferta de viviendas públicas. Algunos vecinos acusan a los inmigrantes de vivir de los programas sociales del gobierno, un tema recurrente en la retórica de UKIP, y los culpan de todo: desde la basura a los niveles de embriaguez de la población.

"Me he dado cuenta de que gran parte de la vivienda social la han conseguido los europeos del este", dijo Terry Hollick, un albañil jubilado que, como muchos otros, está pensando votar por UKIP. "Mi hija, ella ni siquiera puede entrar en la lista para adquirir una de esas viviendas".

Los críticos de UKIP dicen que ofrece soluciones simplistas a problemas sociales complejos y que no entienden cómo funcionan las economías contemporáneas.

"Desde que hemos tenido empleo, hemos tenido inmigrantes: de la Inglaterra meridional, de Irlanda, de Portugal, ahora del este de Europa", dijo el candidato del Partido Conservador, Matt Warman, que está luchando por mantener su escaño. "Aquí la gente tiene que entender que la migración es un tema complejo".

"Necesitamos tener una política de inmigración que no anime a la gente a pensar que las calles de Boston están pavimentadas en oro", dijo. A la vez, "tenemos que asegurarnos que no vamos a socavar la economía local".

Warman suena confiado pero el auge de UKIP ha puesto al Partido Conservador y al Laborista a la defensiva, pese a que son muchos más grandes. El líder laborista Ed Miliband, cuyo partido estuvo en el poder entre 1997 y 2010, dijo que su partido "se equivocó" en el tema migratorio. El primer ministro David Cameron admite que no ha podido cumplir con su promesa de reducir la inmigración neta (inmigrantes menos emigrantes del país) por debajo de las 100.000 personas al año.

El politólogo Mateo Goodwin de la Universidad de Nottingham, que ha estudiado el ascenso de UKIP, dice que laboristas y conservadores no han logrado lidiar con "problemas sociales y culturales", como la inmigración o la identidad nacional. Como resultado, "UKIP se apropió del tema migratorio".

"El problema es que la competencia de los (principales) partidos políticos en este tema se ha reducido debido a la política de libre circulación de la Unión Europea", dijo Goodwin. "Los partidos políticos no quieren llamar la atención sobre un tema que toca sus puntos débiles en lugar de sus puntos fuertes".

Aunque UKIP puede ganar en Boston, está lejos de ganar la elección nacional. El sistema político de Gran Bretaña sólo le permitirá probablemente hacerse a un puñado de escaños máximo. Pero ya ha alterado el panorama político. Ante la presión de los políticos anti-Unión Europea, Cameron ha prometido convocar a un referendo vinculante sobre si el país debe salirse, o no, de la UE en caso de ser reelegido.

Pero Lote, en su carnicería, está preocupado por el futuro y agradece a UKIP por poner el tema migratorio a debate político.

"No creo que los dejaría manejar el país", dijo. "Pero han despertado a la gente".

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