Ola de violencia vuelve a aquejar a fútbol de Brasil

Policías antimotines, balas de goma, gas lacrimógeno y bombas para aturdir.

Lo habitual en los juegos de fútbol de Brasil.

La violencia en los estadios es endémica en América Latina y Argentina suele ser el país más afectado. Pero en años recientes Brasil ha tenido los problemas más graves con hechos de violencia dentro y fuera de los estadios.

Apenas a unas semanas de iniciado el campeonato otra ola de violencia expone las crónicas fallas en las medidas de seguridad que autoridades de los clubes han puesto en marcha para erradicar un problema que ya dura décadas.

Hasta ahora las malas noticias están:

--La muerte a tiros de un chico de 16 años en un enfrentamiento entre barras rivales antes de un partido.

--Lesiones a un portero en el vestuario cuando éste fue invadido por aficionados el equipo rival.

--Aficionados atacados en una estación del subterráneo.

El incidente más reciente ocurrió el domingo, antes de un importante partido en un nuevo estadio en el corazón de Sao Paulo. La policía antidisturbios tuvo que usar su arsenal cuando seguidores del Palmeiras se acercaron demasiado a los del Corinthians fans. Volaron piedras, botellas y barras de hierro; los alrededores del estadio recordaban una zona de guerra y muchos aficionados con boleto no pudieron acercarse a la arena.

Estadios obsoletos, policía sin preparación, aficionados siempre dispuestos a destara la violencia y leyes débiles contra ésta son un cóctel peligroso en eventos deportivos brasileños. Algunos creen que una tragedia como la del pasado fin de semana en Egipto, donde 22 personas murieron en una estampida, podría repetirse en Brasil.

"No podemos olvidar que el fútbol no está aislado del resto de la sociedad, de modo que si en la sociedad hay violencia, en el fútbol sucederá lo mismo", dijo el especialista en sociología de los deportes Felipe Tavares Paes Lopes. "Por supuesto que hay maneras de mejorar la situación actual pero no es sencillo".

Las propuestas de Lopes incluyen tomar medidas preventivas por parte del gobierno, como invertir en educación y diálogo con los aficionados, invertir en fuerzas policíacas especializadas y mejorar la infraestructura en la mayoría de los estadios, incluida la instalación de cámaras de vigilancia.

También ayudaría adoptar modelos contra la violencia que han funcionado en Alemania y Holanda, donde las autoridades tienen relación cercana con grupos de aficionados radicales y donde la policía está mejor preparada.

El club Sport de Recife puso en práctica una política poco común el pasado fin de semana: contrató a madres de los seguidores como vigilantes para un partido. Vestidas con uniformes con la frase "mamás de seguridad", 30 mujeres participaron en una medida para promover la paz dentro de los estadios.

No se reportaron enfrentamientos en el estadio.

"Después de todo, nadie quiere pelear enfrente de una madre, especialmente la suya", dijo Aricio Fortes, vicepresidente de Ogilvy, la compañía que ideó la campaña.

En sao Paulo, autoridades locales y responsables de los clubs se culparon mutuamente por la violencia antes del partido entre Palmeiras y Corinthians.

El partido, primero que disputarían los acérrimos rivales en el nuevo estadio del Palmeiras se consideró de riesgo desde el principio y fiscales recomendaron que no se permitiera la entrada a hinchas del Corinthians. La federación local aceptó la recomendación pero cambió de opinión ante la amenaza del club de no jugar si no se permitía el acceso a sus fans.

"Sabíamos que sería más seguro que sólo hubiera fans del Palmeiras en el encuentro", dijo el fiscal Paulo Castilho a medios brasileños. "Sabíamos que podía haber problemas y eso fue lo sucedió".

Dijo que Corinthians debía ser responsabilizado de la violencia ya que empujó para que sus seguidores acudieran al partido.

Las barras son la raíz de la violencia en Brasil y la mayoría reciben algún financiamiento de los clubes, así como boletos gratis y viajes sin costo a los juegos de visita. Autoridades han tratado de prohibir a las barras desde hace años pero siguen existiendo al aprovecharse de lagunas legales.

"Durante los pasados dos años hemos dicho que debido al aumento de la violencia en el fútbol la mejor solución es que esos partidos se disputen sin presencia de hinchas del visitante", dijo el presidente del Palmeiras, Paulo Nobre.