Condenada una hongkonesa por maltratar a su asistenta

Una mujer hongkonesa acusada de torturar a su empleada del hogar indonesia, en un caso que provocó un escándalo por el nivel de brutalidad, fue condenada el martes por agresión y otros delitos.

Una juez halló a Law Wan-tung culpable de 18 delitos como serios daños físicos, intimidación criminal y no pagar salarios ni dar días libres a Erwiana Sulistyaningsih.

El caso subrayó la vulnerabilidad de los inmigrantes que trabajan como personal doméstico en Asia y Oriente Medio.

La noticia acaparó atención internacional el año pasado cuando las imágenes de las lesiones que sufrió la víctima circularon entre indonesios en Hong Kong. Las fotografías mostraban el rostro, las manos y las piernas de la asistenta cubiertas de costras y laceraciones, con los pies negros y despellejados.

La juez del tribunal del distrito Amanda Woodcock dijo que según el testimonio de la asistenta y otros testigos "estoy segura de que la acusada agredió, hirió y amenazo (a Sulistyaningsih) como se la acusa".

Durante el juicio, los testigos señalaron que Lew pegó a Sulistyaningsih en la boca, rompiéndole algunos dientes, la golpeó con el tubo de una aspiradora en la boca cortándole los labios y le dio en la espalda con un plumero cuando estaba durmiendo. Además, la obligó a quedarse de pie desnuda en el baño en invierno mientras le arrojaba agua y dirigía un ventilador en su dirección.

Sulistyaningsih, que trabajó para Law durante unos ocho meses a partir de junio de 2013, tampoco podía tomarse días libres y no recibía su salario.

Law fue hallada culpable de otros dos cargos. La juez la condenó a pagar unos 28.800 dólares de Hong Kong (3.700 dólares) en salarios adeudados a Sulistyaningsih. Law permaneció bajo custodia y recibirá su sentencia el 27 de febrero.

Tras el veredicto, la víctima recibió aplausos de sus partidarios. Ante el tribunal, dijo a los periodistas estar contenta "porque recibiré justicia de Hong Kong".

En Hong Kong trabajan unos 330.000 empleados domésticos extranjeros, casi todas mujeres y la mayoría oriundas de Filipinas e Indonesia. Reciben un salario mínimo en torno a los 500 dólares mensuales por su trabajo en el enclave.