Luto y dolor en Guatemala tras accidente de bus

Los pobladores de San Martín Jilotepeque empezaron a enterrar a sus familiares y amigos muertos en el accidente de autobús que el martes cayó a un precipicio al noroeste del país y que causó la muerte de 46 personas.

Los vecinos dejaron el comercio y la agricultura de lado el martes y se fueron al velorio de las víctimas, consternados aún por la tragedia. Marco Polo Coloma, Secretario Municipal de San Martín Jilotepeque confirmó el número de fallecidos y aseguró que aún hay 41 personas hospitalizadas, algunos con graves heridas.

Poco a poco los vecinos relatan las historias de los fallecidos.

Josefina Gonzáles de 47 años y sus hijos Hilda, de 20 años, y Esdras, de 11 años, murieron en el accidente. Sobreviven dos niños y el esposo.

"Los vecinos recogieron algunas mazorcas y víveres para la familia, son muy pobres y no podían costear la comida para el velorio", relató la vecina Dora Gámez.

La familia Zet Chavix perdió seis miembros de la familia. El hijo Marcos René Zet, de 17 años, relató el lunes a la The Associated Press que su familia había salido a comprar cosas para vender, pero que ya no regresaron.

En las calles encharcadas por la lluvia se puede ver a los vecinos que visten de negro y los estudiantes uniformados portan moñas negras en sus camisas muestra del luto de la población, van y vienen de velorio en velorio dando el último adiós a los fallecidos en el accidente ocurrido el lunes.

Los lazos negros en las puertas de las casas avisan que ahí hay una persona fallecida que se está velando. La casa de María de Jesús Bernardino, de 67 años y que murió en el accidente, está abarrotada de gente. Los vecinos llegaron a dar el pésame, su hijo Miguel Enrique Pirir recibe las muestras de solidaridad de la gente.

"Mi mamá era el centro de la casa, somos nueve hermanos y ella era el centro de todo, vivíamos todos muy cerca de ella. Para navidad ella era la que hacia la comida y la fiesta" recuerda su hijo. A Bernardino la enterraran el miércoles pues aún esperan que familiares que viven fuera del país regresen para despedirse.

Bernardino, que usualmente no salía de casa, decidió el lunes ir con su cuñada y dos sobrinos a la capital para realizar trámites. Se subió al autobús que media hora después se accidentó en una de las curvas de la carretera. El bus cayó al vacío y Bernardino murió junto a su cuñada. "Estaban sentadas en el mismo lugar" relata su hijo. Los dos sobrinos se recuperan en el hospital con graves quebraduras.

El autobús llevaba 90 personas y solo tenía capacidad para 54 personas, según las autoridades de transporte. La mitad murió y la otra mitad fue enviada a diferentes hospitales cercanos para ser atendida de sus heridas.

En la carretera, por partes asfaltada y por partes terracería, aún se observa restos de pintura del bus que primero chocó con un paredón de un cerro antes de caer al vacío, derribando un poste de luz que hoy fue reemplazado.

La familia de Selvin Gálvez, de 41 años, también vela sus restos. "Se levantó muy temprano y se fue" relata su madre Romelia Gálvez. Su tercer hijo, de seis, quién también era conductor de autobuses, subió al vehículo accidentado para ir a comprar unos repuestos para su camioneta que estaba descompuesta.

"Él quería ir temprano a comprar sus repuestos, unos vecinos me contaron que la camioneta iba muy llena y que mi hijo se fue colgando en la puerta" dijo llorando su madre.

El chofer del bus también murió en el accidente. Familiares y vecinos velan los restos de Yony Cumar.

"Él tenía apenas un mes de haber empezado a trabajar en los Transportes San Martineca. Desde niño le gustaba manejar porque su familia tiene negocio de buses" recordó la vecina Noemí Tazin. Señaló que "corría mucho". Algunos de los pobladores lo culpan de imprudencia, "pero este no es momento de rencor, hoy he ido a siete velorios", comentó Tazin.

El alcalde de la comunidad, Otto Vielman dijo el lunes que el accidente ocurrió debido a desperfectos mecánicos. "Creemos que se le fueron los frenos", dijo el lunes.

"Hoy no hubo mucha gente, ni transporte, es que todos están de luto o en los velorios" relató Rosario López, una vendedora del lugar.

Por la tarde una misa para seis de los fallecidos fue oficiada en la parroquia central. El Párroco Delfino López, pidió a la comunidad orar por las familias, "Mucha resignación y solidaridad con las familias", decía el sacerdote en la iglesia que estaba abarrotada por familiares, amigos y vecinos. La lluvia dio paso a que cientos de personas llevaran en hombros los féretros de las víctimas a enterrarlos en el cementerio general.

En la carretera, unos metros antes de llegar al lugar del accidente, hay un monumento en memoria de otras víctimas de un accidente ocurrido en el año 2000, en el que murieron más de 40 personas. "La municipalidad aun no considera colocar otro monumento", dijo Coloma.

El gobierno decretó tres días de duelo en memoria de las víctimas.