La canonización de Junípero Serra suscita controversia

La historia de California sería inconcebible sin la figura de Junípero Serra, el misionero franciscano del siglo XVIII que introdujo el cristianismo y estableció asentamientos en su marcha hacia el norte con los conquistadores españoles. Muchas avenidas, plazas, carreteras y escuelas primarias llevan su nombre. Una enorme estatua del religioso se erige en la carretera interestatal 280 de San Francisco.

Es reverenciado por la iglesia católica y el papa Francisco anunció recientemente que lo canonizará, probablemente en su visita a Washington DC en septiembre, pero el anuncio papal también reabrió viejas heridas para muchos indígenas estadounidenses en California y otros sitios, pues dicen que Serra barrió con las poblaciones nativas, esclavizó a los conversos y propagó enfermedades.

Desde el anuncio papal, grupos indígenas han efectuado protestas semanales, han cargado videos en YouTube y han lanzado una petición en línea exigiendo que el papa reconsidere su decisión. En manifestaciones frente a la catedral de Nuestra Señora de Los Ángeles, en el centro de Los Ángeles, media decena de manifestantes con camisetas negras batieron tambores repitiendo el lema "¡Serra no fue un santo! ¡Serra fue el demonio!" y exhibieron carteles que equipararon las acciones del misionero al genocidio.

"Estoy indignado", expresó Olin Tezcatlipoca, director del Movimiento Mexica, una organización que promueve los derechos de los indígenas. "Esto es triste porque supuestamente este papa es más ilustrado y más progresista".

Serra, que se entrenó como profesor de teología, recibió en 1767 el encargo de expandir el sistema de misiones católicas desde Baja California, en México, a lo que hoy es el estado de California y de convertir a los indios con que se topara. En 1769 estableció su primera misión en San Diego y llegó a fundar ocho de las 21 misiones californianas, desde San Juan Capistrano hasta San Francisco. Murió en 1784.

En las décadas siguientes, las enfermedades traídas por los europeos y su ganado devastaron las poblaciones nativas.

Los indígenas que se convirtieron, a menudo solo para tener acceso a los alimentos o refugios, no tenían permiso para salir de los predios de las misiones y eran castigados a latigazos o esposados si intentaban huir. En 50 años, la población indígena bajó de 300.000 a 200.000 y las tribus dispersas perdieron contacto con sus lenguas, creencias y modos de vida tradicionales.

Serra concibió las misiones como refugios que pudieran proteger a los indígenas conversos de los mineros, rancheros y soldados inescrupulosos que merodeaban en lo que era en ese entonces territorio español. Apoyaba los latigazos a los conversos que trataran de escapar, pero aplicaba el mismo castigo a los soldados españoles.

Robert Senkewicz, profesor de historia en la Universidad de Santa Clara, coautor de un libro basado en traducciones de escritos de Serra, dijo que el misionero "creía honradamente que suministraba un tipo de protección a la población nativa", afirmó. "Sus escritos están llenos de indicaciones de que era eso lo que pensaba".

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Los periodistas de The Associated Press Sudhin Thanawala en San Francisco y Nicole Winfield en Roma contribuyeron a este despacho

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Gillian Flaccus está en Twitter en: http://www.twitter.com/gflaccus