Víctimas de tragedias reclaman fin de impunidad en Argentina

Los familiares de víctimas de la última dictadura militar junto a los deudos del atentado terrorista al centro judío AMIA en 1994 y de otras tragedias sin esclarecer, marcharon el miércoles bajo la consigna "Basta de impunidad" y por el esclarecimiento de la muerte del fiscal Alberto Nisman que ha conmocionado a Argentina.

La convocatoria frente al Congreso nacional surgió de un grupo de familiares de las víctimas del atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina, AMIA, en Buenos Aires, que era investigado por Nisman, y contó con la adhesión de las Madres de Plaza de Mayo, reconocidas mundialmente por la incansable búsqueda de sus hijos desaparecidos durante el régimen castrense (1976-1983). También asistieron los padres de jóvenes muertos en dos de las mayores tragedias en la historia de Argentina, como fue el incendio a una discoteca en 2004 y un accidente de tren de 2012.

"Esta es una manifestación en contra de la impunidad. Nosotros nos reunimos aquí porque estamos conmocionados por la muerte del fiscal Nisman y entendemos que su muerte es un crimen político que no está disociado de la impunidad en la masacre de la AMIA", dijo a AP Laura Ginsberg, esposa de José Enrique Ginsberg, quien figura en la nómina de 85 fallecidos del ataque contra el centro comunitario judío.

Por este ataque no hay arrestados ni condenados.

El fiscal Nisman fue hallado muerto el 18 de enero en su apartamento a los pocos días de denunciar a la presidenta Cristina Fernández como ideóloga de un plan para encubrir a los sospechosos iraníes del atentado contra AMIA.

La justicia investiga si el hecho se trató de un asesinato, un suicidio voluntario o fue víctima de un suicidio inducido.

La muerte de Nisman no solo provocó le peor crisis política a la presidenta Fernández en sus ocho años de gobierno sino que impactó fuertemente a una sociedad argentina ya castigada por graves tragedias en las últimas décadas todavía impunes y que han generado desconfianza en las instituciones.

"Muchas veces pensamos que no va a haber más hechos, que ya pasamos todo lo que nos podía pasar y son embargo la vara se va corriendo y cuando eso se corre es un golpe tremendo", apuntó Paolo Menghini, padre de Lucas, una de las víctimas del mayor accidente de tren en la historia argentina con 52 muertos y cientos de heridos. La falta de control gubernamental y de mantenimiento en los trenes fueron causales del accidente, determinó la investigación.

"La exigencia de verdad y justicia que quieren los familiares de la AMIA son los mismos que queremos nosotros para los 30.000 desaparecidos", apuntó Nora Cortiñas, quien cofundó Madres de Plaza de Mayo mientras buscaba a su hijo Gustavo, desaparecido en 1977.

La líder humanitaria reconoció que en los últimos años hubo avances en los juicios contra los represores, pero que todavía muchas madres de desaparecidos como ella desconocen qué pasó con sus hijos y quiénes fueron los responsables.

La muerte de Nisman "debilita la democracia", advirtió Cortiñas. "Tenemos que ser un pueblo que pueda seguir adelante sin pensar que puedan repetirse estas atrocidades. Si no hay justicia, se pueden repetir las tragedias".

El grupo de familiares se concentró frente al Congreso, donde reclamó la sanción de una ley para la conformación de una comisión investigadora independiente integrada por notables para esclarecer el atentado, siguiendo el modelo de aquella creada tras el retorno de la democracia en 1983 para investigar los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura y que sirvió de prueba para juzgar luego a muchos de los militares acusados.

En la marcha, que concluyó en la Plaza de Mayo, frente al palacio de gobierno, manifestantes sostuvieron carteles con frases como "La justicia argentina apesta" y "Todos somos Nisman".

"Que la impunidad de AMIA cumpla 20 años no es casual. Hubo muchas complicidades...Nos ha costado mucho llegar a conquistar nuevamente un proceso constitucional, tenemos que fortalecerlo. Pero en la situación actual es imposible", diagnosticó Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz en 1980.