Famosa soprano Deborah Voigt escribe su turbulenta vida

La soprano Deborah Voigt guarda una foto de ella cantando con el tenor Plácido Domingo en la Ópera Metropolitana, tanto como un recuerdo atesorado de gran triunfo como un duro recordatorio de sus problemas emocionales. Ambos interpretaban a mellizos, Sieglinde y Siegmund, en "La Valquiria" de Richard Wagner, pero Voigt parecía tener el doble del tamaño de Domingo.

"Miro la foto y me veo enorme, absolutamente gigante", dijo Voigt, "y aunque sé y recuerdo la felicidad de ese momento, veo la enfermedad también. Yo caminaba con ella. Estaba en un momento de mi vida en el que no estaba para nada en condiciones de afrontarla".

Ese punto no llegaría por más de una década. Pero ahora, a los 54 años, Voigt ha adquirido la perspectiva suficiente para escribir sobre sus batallas con la obesidad y el trastorno por atracón, así como otras conductas destructivas que incluyeron alcoholismo y una serie de relaciones tormentosas con hombres.

Su autobiografía "Call Me Debbie: True Confessions of a Down-to-Earth Diva", publicada el martes por HarperCollins, es una mirada asombrosamente honesta a la vida de una de las estrellas operísticas más prominentes de su generación.

Desde el momento en que debutó en la escena a principios de los 90, Voigt cautivó al público con una voz potente y luminosa que se elevaba sin esfuerzo por encima de la orquesta en óperas de Wagner y Richard Strauss. Era requerida por todo el mundo y actuó más de 250 veces con la Met, con apariciones todos los años desde 1991 hasta el 2014.

Pero muchos críticos sintieron que desde el momento en que se sometió a una operación para bajar de peso en 2004 su voz pareció perder algo de lustre, aunque Voigt cita otros factores como el proceso natural del envejecimiento. En años recientes ha luchado con papeles que alguna vez abordó con facilidad y cada vez más hace cosas no relacionadas con la ópera.

Voigt habló sobre su libro en una entrevista con The Associated Press la semana pasada en la Met.

AP: Escribes que la Ópera Real de Londres te pagó para anular tu contrato para "Ariadna en Naxos" de Strauss porque la producción requería que usaras un "vestidito negro", y que entonces usaste el dinero para pagar la cirugía de bypass gástrico. ¿Cuánto fue lo máximo que llegaste a pesar y cuánto has rebajado?

Voigt: Comencé a subir de peso al final de la escuela secundaria, cuando estaba con el hombre que se convertiría en mi esposo, y me puse más y más y más grande. En mi peor momento pesé 333 libras (151 kilos). Ahora peso más de lo que la mayoría de la gente pensaría, 195 (88 kilos). Pero soy muy densa (risas), y claro, ahora también tengo adentro mucho metal (por un reemplazo de cadera y dos de rodillas).

AP: Describes que después de que bajaste de peso te perdiste en una serie de relaciones sexuales dañinas. ¿Qué llevó a eso?

Voigt: Eso fue otra cosa, otra invalidación. Sí, salgo y doy lo mejor de mí en el escenario, pero luego me voy y no puedo vivir conmigo misma. Todavía tengo que trabajar en eso. No sé por qué. ... Nunca experimenté lo que era ser una mujer atractiva para los hombres. Por primera vez en mi vida recibía miradas y pensé, "¡Guau! ¿Cómo será ESO?".

AP: Dejas en claro que muchas de tus inseguridades y problemas de autoestima derivan de la relación turbulenta de tus padres. ¿Han leído ellos el libro?

Voigt: Lo están leyendo en este momento. Escribir honestamente sobre mi niñez fue una decisión muy difícil. ¿Pero cómo hablar de dónde viene uno sin decir de dónde viene uno? Hoy tengo una relación fenomenal con mis padres. ... Dicho esto, sé que algunas de estas cosas les dolerán, algunas cosas les impactarán. No creo que sepan todo sobre mi comportamiento. Así que espero que estén bien con eso, pero no hay nada que yo pueda hacer. Antes de enviárselos los llamé ... y les dije, "esta es mi historia, todo al final es fantástico, ha sido un camino lleno de baches y los amo con todo mi corazón".

AP: Además de tu libro, estás trabajando en un espectáculo unipersonal, un programa de radio show y presentando transmisiones de la Met en HD. ¿Te deja esto tiempo para cantar ópera?

Voigt: Lo que debo decidir es qué quiero cantar, y quién me permitirá cantar lo que quiero cantar donde quiero cantarlo. El único papel que no he hecho que me muero por hacer, y no creo que vaya a suceder, es el de Elektra (en la ópera de Strauss). Se ha presentado la oportunidad un par de veces, pero los planes se han caído por razones que están fuera de mi control.

AP: Tuviste una experiencia decepcionante en Washington en 2013 cuando te retiraste durante los ensayos para "Tristán e Isolda" de Wagner. ¿Qué pasó?

Voigt: Tuve un ensayo horrible con la orquesta. Son cosas que pasan. (La directora artística de la Ópera Nacional en Washington) Francesca (Zambello) estaba ahí y me preguntó, "bueno, ¿qué está pasando? Soy la directora de este teatro ahora y esto tiene que ser un éxito". Yo acababa de salir de rehabilitación y estaba muy herida, muy vulnerable. En retrospectiva, desearía haberle dicho cuando tuvimos la conversación, "espera un minuto, tenemos 10 días y yo nunca he sido una artista que canta bien en ensayos". ¿Volveré a cantar a Isolda? No está en planes de momento, así que me sorprendería. Lo que me encantaría que pase es que alguien se enferme en algún lado y yo pueda ir a salvarles el pellejo y divertirme, tú sabes, sin ninguna presión.

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En Internet:

http://www.deborahvoigt.com