Máximo clérigo de Irak asume prominente papel político

Desde que milicianos suníes del grupo extremista Estado Islámico se apropiaron de parte del territorio iraquí, el clérigo chií más prominente del país ha dejado a un lado su papel espiritual y se ha volcado de lleno a la política, incidiendo en las decisiones del gobierno y en la lucha contra el extremismo.

El cambio del gran ayatolá Alí al-Sistani, nacido en Irán, pone de manifiesto la importancia de la religión tras el derrocamiento de Sadam Husein y coloca al país en un peligroso sendero debido a sus profundas tensiones étnicas y sectarias. No se ha constituido una teocracia al estilo de la iraní, en la que el máximo líder religioso tiene la última palabra en todo, pero el gobierno iraquí sin duda siente que tiene que escuchar lo que quiere decir.

Al-Sistani consideró necesario apelar a su autoridad moral ante la ineptitud de los políticos y el derrumbe del aparato militar ante la marcha del Estado Islámico, que se apoderó de buena parte del norte y el oeste del país, según un colaborador.

"Es su derecho legítimo, pero no algo que él buscó hacer. Lo obligaron", sostuvo el asistente en la ciudad santa de Najav, al sur de Bagdad, al formular declaraciones a The Associated Press bajo condición de permanecer anónimo porque no estaba autorizado a hablar con la prensa. "Todos los viernes la gente quiere ver lo que tiene que decir".

Pero Alireza Nader, analista político de la RAND Corporation, opinó que, incluso si se considera necesaria su participación política, "esa fuerte intervención implica que el gobierno iraquí no va a ser secular a corto plazo, aunque tampoco teocrático. Tal vez algo intermedio".

En junio, al-Sistani promovió la partida del primer ministro Nuri al-Maliki, considerado por muchos chiíes como el principal responsable del derrumbe militar. Al-Maliki dejó su cargo en agosto y fue reemplazado por Haidar al-Abadi, otro político chií que prometió un gobierno más incluyente.

El religioso de 87 años pidió de inmediato que todo hombre iraquí apto para pelear se una a una guerra santa contra el Estado Islámico y cientos de miles de personas --en su gran mayoría chiíes-- acataron el llamado.

A partir de entonces el ayatolá ha opinado y formulado detalladas recomendaciones, generalmente a través de sermones pronunciados por su representante Abdul-Mahdi al-Karbalaie en la ciudad santa de Karbala, al sur de Bagdad.

Un sermón de al-Karbalaie del 9 de enero, por ejemplo, puso de manifiesto hasta dónde está dispuesto al-Sistani a usar su influencia. Durante el sermón pidió a las autoridades que usen recursos generados por el gas natural para compensar las pérdidas derivadas de la baja de los precios del petróleo y que recorten el período de vacaciones para mejorar la productividad.

En semanas recientes, los sermones de los viernes de al-Karbalaie, preparados por la oficina de al-Sistani en Nayaf el día previo, han instado al gobierno a que no se quede de brazos cruzados y aprueba prestamente el presupuesto nacional del 2015; advirtió contra la complacencia tras una serie de triunfos ante los alzados en armas y pidió que dejen de robar las tierras del estado y se acabe con la corrupción.

Al-Sistani tiene el título de "al-marjaa al-akbar", o "digno de la mayor emulación" y es venerado como una voz razonable tanto en Irak como entre los más de 200 millones de chiíes del mundo entero.

Trabaja en una austera reclusión, sin ser casi visto en público, desde su modesta residencia de la parte vieja de Nayaf, un barrio lleno de callejones y casas antiguas, así como de seminarios religiosos que atraen a estudiantes de todo el mundo y negocios que venden libros religiosos, alfombras para rezar, joyas, ropa, frutas y especies.

No adhiere al principio religioso en el que se basa la república islámica de Irán, el de "welayet al-faqeeh," o gobierno del clérigo más instruido.

Pero ha incursionado en la política varias veces desde la caída de Husein hace casi 12 años, usando su estatura para mantener la estabilidad del país durante su frágil, y a menudo sangrienta, transición hacia la democracia. Se hace sentir a partir de edictos religiosos o reuniones a puertas cerradas con figuras importantes en su casa. Ha tenido un gran impacto político en algunas ocasiones, pero nunca había hablado con tanta persistencia o tanto detalle como ahora.

Al-Sistani es el mayor de cuatro grandes ayatolas de Nayaf y se tiene por él una mayor reverencia que por los demás.

Cuando uno de ellos, el gran ayatolá Bashir al-Najafi, planteó el año pasado que al-Maliki no debería ser reelegido, se armó un gran revuelo en el gobierno. Pero nadie abrió la boca cuando al-Sistani pidió en junio un "cambio" del primer ministro, sellando prácticamente la suerte de al-Maliki.

A-Sistani tiene una gran ascendencia sobre la mayoría chií de Irak e incluso entre muchos suníes porque el gobierno es visto como inepto y corrupto. Su llamado a una guerra santa probablemente impidió que el Estado Islámico llegara a Bagdad y Samarra, donde se encuentra un importante altar chií.

Su involucramiento en la política, no obstante, no es bien visto por algunos clérigos de Nayaf que preferirían que se concentrara en sus labores espirituales.