Fagúndez: el crack que Uruguay le sacó a Estados Unidos

Diego Fagúndez sintió ganas de llorar pero se esforzó para contener las lágrimas. No quería que oponentes de la selección de Colombia lo vieran así.

Con la camiseta de Uruguay en el pecho por primera vez en un partido oficial, en la jornada inaugural del Sudamericano Sub20, Fagúndez se emocionó al recordar a sus padres. Ellos, que jamás se pierden un partido suyo, esa noche tan especial a mediados de enero, no pudieron estar en las gradas del estadio Domingo Burgueño Miguel en Maldonado. Estaban en su casa en Massachusetts, a 8.700 kilómetros, mirando el partido en una pantalla junto a dos perros vestidos con los colores de la "Celeste".

Los Fagúndez son uruguayos, pero viven desde hace 15 años en Estados Unidos, adonde emigraron buscando mejores oportunidades. Diego es goleador del Revolution de Nueva Inglaterra, actual subcampeón de la MLS, donde el atacante ya suma 22 dianas en cuatro campañas. Pero, como ocurre con muchos migrantes, sus padres no tenían los documentos necesarios para poder viajar a ver el debut de su hijo con Uruguay. Así que Diego juntó fuerzas y se tragó las lágrimas, antes de ayudar a Uruguay a vencer 1-0 a Colombia.

"Mi padre se fue a Estados Unidos en el 2000, en busca de un mejor futuro para su familia", contó Diego a The Associated Press. "A los pocos meses, mi madre, mi hermana y nos fuimos con él. Yo solo tenía cinco años. Mi di cuenta que algo había cambiado cuando descubrí que ya no podía ver a mis abuelos y tíos".

Washington Fagúndez, el padre de Diego, era arquero en Uruguay. Alcanzó a jugar en primera división en Central Español, un club humilde de Montevideo. Al llegar a Estados Unidos buscó ser contratado como futbolista profesional, pero no tuvo suerte. "Se tuvo que poner a trabajar como pintor", recuerda Diego, quien cumple 20 años el 14 de febrero.

Los Fagúndez se radicaron en Massachusetts. Diego comenzó a jugar al fútbol infantil apenas arribó, siempre como atacante, aprovechando su velocidad, su capacidad para enganchar, eludir rivales y hacer goles. "Es rapidísimo, con mucha técnica y unos enganches muy difíciles para los zagueros", cuenta Mauricio Lemos, defensa de la selección Sub20 de Uruguay, quien muchas veces debe marcarlo en los entrenamientos.

Los goles de Diego en los campeonatos infantiles de Massachusetts hicieron que le ofrecieran incorporarse al Revolution. A los 12 años fue llamado a una selección sub14 de Estados Unidos. A los 15 ya era profesional.

Sin embargo, existía una frustración: tuvo que dejar la selección de Estados Unidos por no tener residencia ni ciudadanía.

"Llegó un momento en que me dijeron que no podía seguir más, porque no era ciudadano, ni residente, no tenía ningún tipo de papeles. Y quedé afuera", relata Fagúndez, quien junto con su hermana obtuvo en 2013 la tarjeta de residencia permanente para inmigrantes, conocida como "green card".

"Pasaron muchos años, tantos años, y la situación no cambió. Yo estaba cansado de esperar por Estados Unidos. Un día le dije a mi padre: ahora tengo que jugármela para ver si me llama Uruguay. Seguí jugando bien, siempre tratando de hacer goles, y cuando tenía 17 me llamaron para integrar la preselección sub20 pasada. Jugué dos amistosos pero no quedé en el plantel final. Pero me mentalicé, todavía era joven, tenía que insistir. Fabián Coito me dio la oportunidad y no la dejé pasar", agregó.

Coito es el director técnico de la actual sub20 uruguaya. En sus épocas de futbolista fue compañero del padre de Diego en Central Español y dice que siempre siguió con atención su carrera en Estados Unidos. "Habilita bien, tiene buena visión de juego y un gran dominio de la pelota", dijo a la AP. Para Coito, Fagúndez es una joya exótica y rara: "Es un jugador formado en otro fútbol y por eso maneja aspectos del juego que a veces cuesta encontrar en los futbolistas uruguayos. Tiene la permanente intención de asociarse, de jugar corto, de repetir pases a los efectos para progresar en el campo. Es algo distinto a nuestro estilo. Nosotros somos muy verticales, muy rápidamente ponemos la pelota en la zona de ataque".

Pero la adaptación tuvo sus bemoles.

Fagúndez viene de otra cultura y se nota. Habla bien español, pero prefiere escribir en inglés. Su compañero de la selección Gastón Faber contó a AP que el día del debut todos pasaron los minutos previos al encuentro cantando a viva voz canciones de plena, un ritmo tropical popular entre los jóvenes uruguayos. Fagúndez, en cambio, se recluyó ensimismado, escuchando rap.

Como tantos estadounidenses, Diego adora el hockey sobre hielo: "Soy fanático, me encanta mirarlo, es un deporte violento, van al choque todo el tiempo, se pelean, y el público lo vive con mucha pasión". En Uruguay es un deporte ignorado.

Diego dice que sus compañeros lo han tratado como a un hermano. "La adaptación fue muy linda, este equipo te lleva como una familia. Estamos todos representando la misma camiseta, los mismos colores, peleamos por los puestos pero somos muy unidos".

Pero el mayor esfuerzo de adaptación para Diego no está en lo cultural ni en la relación con sus compañeros, sino en el campo de juego. "El fútbol de Sudamérica es diferente al de Estados Unidos, no solo en los compañeros, sino también en los rivales", dijo Coito. "Diego tiene que adaptarse a ese estilo, los espacios son muy reducidos y juega mucho la fricción".

Pese a estos ajustes, Coito sostiene que Uruguay no puede dejar escapar a Fagúndez, al que proyecta para la selección mayor.

"Es un jugador de gran futuro, que puede llegar a la selección mayor. Uruguay tiene que agotar los esfuerzos para contar con él", enfatizó.

Fagúndez, quien en entrevistas en años recientes expresó su deseo por vestir la camiseta de su país adoptivo, dijo que los tiempos de aguardar por Estados Unidos se acabaron.

"Ahora ya no quiero jugar con Estados Unidos. Estoy muy feliz con este equipo de Uruguay y creo que podemos llegar a un nivel muy alto", afirma.

Como sus perros en Massachusetts, Diego luce ahora los colores de Uruguay, aunque ahora será permanente. Hace siete meses se tatuó en su brazo derecho una enorme y flameante bandera uruguaya. "Mi sueño es jugar los Panamericanos, los Juegos Olímpicos y el Mundial con esta selección".