Morales promete bienestar y soslaya la crisis económica

El presidente Evo Morales inició el jueves su tercer mandato con la promesa de mantener el bienestar de los bolivianos a pesar de que la bonanza parece haber finalizado con la caída del precio del petróleo y se mostró conciliador con Estados Unidos y la oposición.

"Bolivia cambió con estabilidad económica y política pero falta consolidar esos cambios y avanzar más... hemos dejado de ser mendigos, ahora tenemos un país digno al que la comunidad internacional respeta", dijo en su mensaje en la Asamblea Nacional y ante cinco presidentes invitados, entre ellos Dilma Rousseff de Brasil.

El mandatario soslayó la crisis que se avecina por la caída del precio del crudo, agradeció a Washington por haber enviado una "delegación de alto nivel" a su posesión y llamó a los opositores a sugerirle propuestas porque "somos hermanos de una misma patria".

Las relaciones con Washington han estado congeladas desde 2008 tras la expulsión del embajador estadounidense por supuesta confabulación contra Morales.

Tom Malinowski, subsecretario de Estado para la Democracia, Derechos Humanos y Trabajo, encabezó la delegación estadounidense y habló de normalizar las relaciones tras reunirse con el canciller boliviano.

Morales, de 55 años, había jurado simbólicamente la víspera con un ritual andino en un templo de la antigua cultura de tiwanaku. El jueves lo hizo ante la Asamblea Legislativa vestido con traje de tela inglesa con bordados andinos.

Nicolás Maduro de Venezuela, Rafael Correa de Ecuador, Horacio Cartes de Paraguay, Luis Guillermo Solís de Costa Rica y los primeros ministros Anthony Carmona de Trinidad y Tobago y Hage Geingob de Namibia estuvieron en el palco.

La extraordinaria bonanza que Bolivia vivió la década pasada gracias a los buenos precios de las materias primas -el gas y los minerales- permitieron a Morales modernizar el país y ejecutar grandes obras, entre ellas el lanzamiento de un satélite de comunicaciones con ayuda de China.

La estabilidad económica generó crecimiento y trajo estabilidad política, lo que apuntaló su popularidad.

Pero la caída en los precios de sus principales productos de exportación y un contexto político diferente en el continente podrían complicar la tercera gestión del mandatario, según analistas. Todo dependerá de que logre impulsar una reforma constitucional que le permita la relección indefinida.

Con Venezuela en crisis y Cuba acercándose a Estados Unidos, el contexto político latinoamericano también es distinto. "No tendrá el margen de autonomía económica de la década pasada y estará obligado a buscar recursos financieros y mercados. Su política exterior deberá basarse más en la defensa de intereses económicos y políticos antes que en preconceptos ideológicos", opinó el ex canciller Gustavo Fernández.

Antes de las elecciones Morales dio señales de un viraje al centro para seducir a los empresarios agroindustriales del oriente del país, un bastión opositor donde obtuvo buen apoyo.

Con Brasil -su mayor socio económico- las relaciones estaban con un bajo perfil por desencuentros mutuos. Esta es la primera visita de Rousseff a Bolivia y su llegada fue interpretada como una señal positiva.

Ante la posibilidad de un descenso en los ingresos por las materias primas, Morales ha planteado la posibilidad de construir una planta nuclear con asesoramiento de Rusia y Argentina para producir y exportar electricidad. El lunes mencionó la construcción de hidroeléctricas y termoeléctricas.

A los empresarios agroindustriales les propuso duplicar en los próximos cinco años la frontera agrícola, actualmente de 3,5 millones de hectáreas, para exportar alimentos y dijo que podría flexibilizar las normas que castigan la tala de bosques.

Pero así como ha mostrado señales de cambio ha dado otras en sentido contrario. Dos semanas atrás, el Legislativo dominado por su partido -el Movimiento al Socialismo (MAS)-, aprobó el enjuiciamiento del principal líder de la oposición, el empresario Samuel Doria Medina. El líder de Unidad Demócrata será investigado por la privatización de empresas estatales en la década pasada.

"Es señal de que la judicialización de la política seguirá para garantizar el monopolio político del MAS", opinó el periodista y escritor Fernando Molina.