Pesqueros furtivos en Antártida no temen a patrulla naval

Manteniéndose escondidos detrás de bloques de hielo o tras el alto oleaje, marineros a bordo de un bote de la patrulla naval de Nueva Zelanda se acercaron a tres barcos sospechosos de pesca ilegal, y luego tomaron fotografías y videos de los pescadores atrapando preciadas presas en redes prohibidas en el océano cerca de la Antártida. Pese a ser descubiertos prácticamente en el acto, las tripulaciones de los viejos barcos se mantuvieron pescando.

Las autoridades informaron este mes que las confrontaciones de altamar y la detallada evidencia recolectada son algo que ocurre por primera vez en aguas del Antártico, donde los reguladores han sospechado desde hace tiempo que ocurre pesca ilegal, pero se les ha dificultado el cuidado de una zona que es tan grande como la parte continental de Estados Unidos.

Es un enorme negocio ilegal. Cada uno de esos barcos podría tener más de un millón de dólares en merluza del Antártico, conocida en América del Norte como corvina chilena.

Los tres barcos fueron encontrados entre el 6 y 13 de enero cerca de Commonwealth Bay y a unos 110 kilómetros (70 millas) de la costa antártica. Cada uno de ellos tenía bandera de navegación de Guinea Ecuatorial, de acuerdo al teniente comandante Graham MacLean, oficial en jefe del bote patrullero. Cuando la marina demandó abordar para revisar la documentación, cada uno de los tres capitanes se rehusó de tajo.

MacLean dijo que decidió que los oleajes de cinco metros hacían muy peligroso un abordaje forzoso, así que los pescadores se fueron, llevándose consigo cientos de merluzas del Antártico. Esa especie de pez puede crecer hasta dos metros (6 pies, 6 pulgadas) y pesar hasta 120 kilogramos (265 libras), y venderse en miles de dólares cada uno.

Nueva Zelanda espera que las confrontaciones sean un punto de partida en la persecución de pescadores ilegales. Ha enviado una alerta a 190 países por medio de Interpol, un movimiento que esperan dificulte a las tres tripulaciones desembarcar su carga. Y trata de generar presión diplomática en países sospechosos de albergar pescadores ilegales.

"Es el comienzo de un largo proceso para intentar suprimir una actividad tan insidiosa", dijo Murray McCully, ministro del extranjero de Nueva Zelanda.

Los registros muestran que los tres navíos - el Kunlun, el Songhua y el Yongding - han cambiado repetidamente de nombre, país de registro y detalles de propiedad en un intento de mantenerse un paso delante de la ley.

De acuerdo con el sumario de la Interpol, los tres barcos son propiedad de compañías fantasma de Centroamérica.