Análisis: Obama no cede al final de su presidencia

A pesar de que le queda relativamente poco tiempo en la presidencia, el presidente Barack Obama ha adoptado una postura combativa y está decidido a defender sus avances en los dos años que le restan así como a imponer condiciones a los republicanos, que han resurgido electoralmente.

En su penúltimo discurso del Estado de la Unión, el presidente rechazó cualquier percepción de que debería sentirse amedrentado ante los resultados de las elecciones legislativas de noviembre, en las que los republicanos obtuvieron una resonante victoria. Aunque Obama planteó emotivamente durante su discurso la necesidad de encontrar posturas común con los republicanos, en las 11 semanas transcurridas desde esos comicios ha emitido siete amenazas de veto -dos de ellas justo antes de su mensaje del martes- y ha dado pocas señales de acercarse a los republicanos en propuestas políticas específicas.

El presidente se comprometió a presentar iniciativas que sean "prácticas, no partidistas". Sin embargo, sus propuestas de elevar los impuestos a los ricos, ofrecer colegiatura universitaria gratis a algunos estudiantes, ampliar las licencias pagadas por enfermedad a los trabajadores y otros beneficios, posiblemente no encontrarán mucho apoyo entre los republicanos.

Obama adelantó además su advertencia a los republicanos de que si le presentan un proyecto de ley dirigido a revertir los avances de su gobierno en atención médica, reformas financieras o en inmigración "lo vetaré".

Rompiendo con la tradición, el presidente desechó el suspenso y difundió por adelantado los detalles de su discurso del Estado de la Unión mucho antes de que lo pronunciara el martes en la noche ante una sesión conjunta del Congreso y millones de televidentes. En momentos que la audiencia de televisión del discurso es cada vez más baja, la Casa Blanca decidió convertir el discurso en una campaña que dure varias semanas en lugar de ceder los reflectores a los republicanos durante gran parte de enero.

El presidente pintó un halagador panorama al hablar de "una economía en crecimiento, déficits a la baja, una pujante industria y una enorme producción de energía". Y mostró entusiasmo al afirmar que "la economía de la clase media funciona. Aumentar las oportunidades funciona. Y estas políticas seguirán funcionando mientras los políticos no se interpongan".

En la respuesta republicana al discurso de Obama, la senadora Joni Ernst, de Iowa, habló de mejorar la cooperación y poner fin al hiperpartidismo legislativo.

Pero Ernst presentó un panorama muy distinto al que planteó Obama: mencionó el estancamiento de los sueldos, la pérdida de empleos y una "mentalidad obsoleta que propició política fallidas como el Obamacare".

Más de una vez, el presidente ha exhibido este año nuevo una desbordada confianza, para encontrarse nuevamente con la misma pared legislativa en Washington.

En su discurso, Obama identificó las prioridades fiscales y de gasto como una fisura perenne al afirmar que mientras ambas partes podrían estar de acuerdo en la necesidad de aumentar las inversiones en infraestructura y otras necesidades, "a menudo volvemos a chocar en cómo financiar estas inversiones".

Ernst, que expuso las mismas diferencias, hizo un llamado a favor de un nuevo plan para "crear empleos, no para pagar más gasto del gobierno".

El nuevo líder de la mayoría en el Senado, el republicano Mitch McConnell, se refirió el martes a las elecciones de noviembre y dijo que esperaba que el presidente adopte un tono más conciliador que "el camino que ha recorrido durante tantos años".

Al preguntársele si es posible dejar de lado los tonos y centrarse en los temas en que hace falta acuerdo, McConnell dijo: "Esa es una pregunta que se le debe hacer al presidente. Creo que desde las elecciones él. ha indicado que no está muy de acuerdo con nada de lo que los estadounidenses decidiendo en noviembre pasado".

William Galston, un ex funcionario del gobierno del presidente Clinton, piensa que Obama camina por dos sendas paralelas: una más combativa rumbo a las elecciones nacionales de 2016 y otra más conciliadora con el objetivo de hacer funcionar las cosas en 2015.

La última es la menos evidente hasta el momento, pero ambas partes han hablado sobre el potencial de llegar a acuerdos en asuntos como comercio, infraestructura y tal vez una reforma tributaria.

"La pregunta para 2015 es si el presidente y los líderes republicanos serán capaces de caminar y masticar chicle al mismo tiempo. ¿Serán capaces de separar las áreas de confrontación garantizada de las áreas de posible cooperación", se preguntó Galston.