Sacerdotes marchan por violencia en sur de México

Decenas de sacerdotes católicos y cientos de feligreses marcharon el miércoles por calles de Ciudad Altamirano, en el estado sureño de Guerrero, exigiendo la liberación de un sacerdote secuestrado y en protesta por una serie de plagios, asesinatos y asaltos contra curas.

Los manifestantes fueron encabezados por el obispo Maximino Martínez y aproximadamente 30 sacerdotes en sotana. Exigieron la liberación del padre Gregorio López Gorostieta, que aparentemente fue secuestrado de un seminario local el lunes.

"¡Basta ya!" y "¡Regresen al Padre Gregorio!", leían las mantas de los manifestantes, que realizaron cantos de alabanza durante su marcha a la catedral de la ciudad.

La camioneta de López fue hallada abandonada y la iglesia ha reportado el incidente a la policía, si bien aún se desconoce el motivo de su desaparición.

De acuerdo con Martínez, no han recibido ninguna petición a cambio de su libertad y su diócesis ha sufrido mucha de la violencia de parte de los cárteles de la droga que ha convertido a la región de Tierra Caliente de Guerrero en una de las más peligrosas de todo México.

Al menos dos sacerdotes han sido asesinados en Guerrero este año y varios han sido secuestrados o heridos en intentos de asalto.

En septiembre, el cuerpo maltrecho del padre Ascensión Acuña Osorio fue encontrado flotando en el río Balsas cerca de su parroquia en San Miguel Totolapan, cercana a Ciudad Altamirano. La fiscalía del estado de Guerrero informó que el cadáver del sacerdote presentó heridas en la cabeza, pero se desconocía si fueron causadas cuando el cuerpo fue arrastrado por la corriente o si Acuña fue asesinado antes de ser arrojado al río. La fiscalía no ha dado a la diócesis más información sobre su muerte.

Los habitantes de San Miguel Totolapan dijeron a los reporteros que el padre Acuña era muy querido en el pueblo, pero temían hablar más al respecto. El poblado se encuentra en una zona dominada por el cártel Guerreros Unidos, que ha sido ligado a la muerte de 43 estudiantes en septiembre en la cercana ciudad de Iguala.

Según el obispo Martínez, la región es tan peligrosa que un sacerdote fue secuestrado brevemente en las montañas que se alzan sobre San Miguel Totolapan a manos de hombres armados del cártel que se quejaron que el cura había estado hablando en favor de La Familia, un cártel rival.

El sacerdote tuvo que explicar rápidamente que estuvo hablando a favor de los valores familiares, no sobre "La Familia".

A principios de este año, otro padre resultó herido cuando hombres armados lanzaron una ráfaga contra su camioneta en un camino local; el conductor del cura murió en el ataque.

El sacerdote Oscar Prudenciano, un párroco de la ciudad de Iguala, dijo haber sobrevivido a una agresión similar en una carretera en mayo de 2013, cuando se dirigía a un bautismo. Un grupo armado lo obligó a orillarse, aparentemente porque querían robarle su vehículo. Lo sacaron de la camioneta y todo indicaba que lo iban a asesinar; el padre se salvó sólo porque un grupo rival se apareció en el lugar y se desató un tiroteo, lo que permitió a Prudenciano escapar.

"Pensaba que me iban a matar", recordó. "Yo salí corriendo, y salvé la vida".

Si bien todos están expuestos a asaltos en los caminos de la región, algunos de los ataques parecen estar dirigidos específicamente a miembros de la Iglesia, sobre todo sacerdotes que se niegan a realizar matrimonios o bautizos apresurados para integrantes de bandas de narcotraficantes.

"Hay veces que van y piden un bautizo y si no se lo hace uno, comienzan a amenazarte, o un matrimonio, hasta piden bendecir un carro o una casa", aseguró Martínez. "No aceptan un no por respuesta", agregó.

Algunos asesinatos se quedan sin resolver. El cura ugandés John Ssenyondo, de 55 años, fue secuestrado a principios de este año luego de oficiar misa, cuando un grupo de personas en una camioneta deportiva interceptó su auto.

Su cuerpo fue luego identificado como uno de los 13 hallados en una fosa clandestina encontrada el 2 de noviembre en el pueblo de Ocotitlán.

Funcionarios de la Iglesia creen que algunos de las agresiones, podrían de hecho tener la intención de desalentar a los sacerdotes de protestar por la creciente violencia.

Monseñor Ramón Castro, el obispo de la diócesis de Cuernavaca, al norte de Guerrero, dijo que luego que la Iglesia organizó una marcha contra la violencia en la que miles de personas participaron en marzo, un grupo armado secuestró a trabajadores de tres parroquias en ataques casi simultáneos al día siguiente. Fueron liberados horas después.

"Pesamos que fue como una advertencia, de que nos calláramos", declaró Castro.