El arribo de tortugas adultas al Pacífico nicaragüense, se ha vuelto año con año más lento y en menores cantidades, lo cual preocupa a las autoridades de gobierno y a organismos que trabajan en favor del medio ambiente, las que atribuyen el fenómeno al cambio climático.

El delegado del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales en el departamento sureño de Rivas, Mario Rodríguez, confirmó a la AP que el ritmo de llegada de las tortugas ha sido pausado y que los números son muy distantes entre el año pasado y el actual.

En julio solo llegaron 700 tortugas, mientras en ese mismo mes de 2012 anidaron 1.300. En agosto del año pasado arribaron 18.350 y en agosto de este año apenas 3.000, dijo Rodríguez, y acotó que "son números que preocupan".

Añadió como ejemplo, que el lunes de ésta semana, cuando se presumía que llegarían unas 5.000 tortugas al refugio La Flor en la playa de Chacocente, unos 180 kilómetros al sur de Managua, jóvenes ambientalistas y autoridades del Marena se trasladaron hasta el sitio para proteger el arribo masivo, pero al final solo llegaron 92 ejemplares.

"Una baja como ésta no la habíamos registrado, tenemos 10 años monitoreando la llegada de las tortugas y es primera vez que ocurre", dijo Rodríguez.

El Marena estima la anidación de unas 250.000 tortugas marinas adultas en las playas de Chacocente (Sur), La Flor (Sur) y Jiquilillo (Occidente), todas en el oceano Pacífico de Nicaragua, hasta las que llegan nadando desde grandes de distancias. Las tortugas que visitan esas playas pertenecen a las especies paslama, toruta, baula y carey.

Estos especímenes llegan a las playas de Nicaragua porque siempre vuelven a poner sus huevos al sitio en el que nacieron, explicó a la AP el ambientalista Kamilo Lara, directivo del Foro Nacional de Reciclaje de Nicaragua.

"La tortuga siempre regresa al sitio al que nació, es un instinto propio de ellas, pueden recorrer grandes distancias, incluso continentales para desovar en la playa que las vio nacer", dijo Lara, quien explicó que Nicaragua es uno de los países privilegiados con la llegada de los quelonios, cuyas especie en algunas partes del mundo están en peligro de extinción.

Tanto el ejército como la policía apoyan la vigilancia en las playas en esta época, para evitar el saqueo de huevos de tortuga, que todavía se venden como alimentos de forma ilegal, pero a pesar de ese esfuerzo el año pasado se encontraron 5.110 nidos saqueados y se decomisaron 2.664 docenas de huevos.

Una tortuga puede poner un centenar de huevos en una noche, pero sólo un tortuguillo entre 1.000 llega a ser adulto, de acuerdo con Lara.

"El arribo efectivamente ha sido lento, pero esperamos a que se normalice en los próximos días, porque puede ser producto del impacto de calentamiento global, pero también del ritmo de las olas o corrientes", dijo Lara.

El coordinador del Refugio Silvestre La Flor, en la playa de Chacocente, Domingo Oporta, dijo que espera que en septiembre al menos haya cuatro arribadas de 35.000 a 40.000 tortugas.

Francisco Chavarría, catedrático de la Escuela Internacional de Agricultura y Ganadería de Rivas, dijo al diario La Prensa que la llegada lenta y en menor cantidad de tortugas al Refugio La Flor, se puede deber elementos como al cambio climático por el ritmo y temperatura de las aguas, al robo de huevos para consumo humano o la pesca a gran escala donde las tortugas puedan ser atrapadas y no las liberen a tiempo.

En La Flor la vista de los quelonios se usa con fines turísticos. Observar las arribadas masivas, las eclosiones de tortuguillas y su búsqueda del mar, cuesta entre 5 y 10 dólares para extranjeros, y entre dos centavos de dólar y cuatro dólares para nacionales.