Los departamentos policiales de pueblos pequeños en Estados Unidos han estado apoderándose de una enorme cantidad de equipos sobrantes, entregados por las fuerzas armadas a la luz de los recientes recortes presupuestarios, sin siquiera pensar si son necesarios, revela una investigación de la AP.

Entre los objetos solicitados por los ayuntamientos hay bicicletas, sábanas, pinos de bowling, cornetas, collares de perro y hasta una máquina de colonoscopía.

En el pequeño poblado agrícola de Morven, Georgia, el comandante policial se apoderó de tres lanchas, equipos de buceo, botes de rescate y una veintena de salvavidas, cuando el cuerpo de agua más profundo que tiene la localidad es un arroyo que no pasa de los tobillos.

Una investigación de la AP del programa administrado por el Departamento de Defensa, que fue ideado para ayudar a las policías locales a combatir el terrorismo y el narcotráfico, halló que los militares se han deshecho de propiedades por un valor de 4.200 millones de dólares desde 1990, y que una cantidad desproporcionada de esos equipos ha ido a departamentos policiales pequeños, en zonas rurales, que apenas tienen oficiales y donde no hay casi delincuencia.

Este programa de entrega de equipos sobrantes funciona con escasa supervisión, y muchos equipos pasan años en almacenes, halló la AP.

Mediante una serie de solicitudes de documentos públicos, la AP obtuvo miles de páginas de correos electrónicos y otros documentos relacionados con el programa tanto a nivel nacional como internacional. Los documentos, aunados a entrevistas con participantes y entes supervisores, revelan que debido a falta de personal y de presupuesto, las autoridades federales y estatales no han podido supervisar bien todas las propiedades ni evitar que departamentos policiales obtengan materiales excesivos.

Los administradores del programa confían en que los recipientes de esos materiales cumplirán las normas y se llevarán sólo lo que necesitan; las solicitudes son revisadas, pero eso no ha impedido que departamentos policiales inescrupulosos se lleven artículos que serían mejor aprovechados por otras localidades.

Para muchas de ellas, la oportunidad de tener una gran cantidad de artefactos con escasa supervisión es imposible de rechazar, lo que inspira una actitud de tomarlo todo.

Lynwood Yates, jefe policial de Morven, adquirió una máquina descontaminante de un valor de 200.000 dólares para una comunidad que no pasa de los 700 habitantes y que no cuenta con más de dos oficiales policiales. Al artefacto le faltan una cantidad de partes y tendría que ser someterse a reparaciones que ascienden a 100.000 dólares.

Además recibió un cargamento de bayonetas, que siguen en el almacén de esta población, cuya superficie no pasa de los 4,4 kilómetros cuadrados (1,7 millas cuadradas).

Las bayonetas "son de esas cosas que uno compra porque cree que es fantástico, pero después uno no sabe qué hacer con ellas", dijo Yates.

Morven no es el único ejemplo de abusos del programa de suministros: el jefe policial de Rising Star, Texas -- el único oficial policial a tiempo completo en el poblado de 835 habitantes -- adquirió artefactos por valor de 3,2 millones de dólares en un espacio de 14 meses. Según un inventario obtenido por la AP, entre los artículos había nueve televisores, 11 computadoras, tres ollas de freír, dos máquinas rebanadoras de carne, 22 calentadores de 55.000 dólares, una mesa de billar, 25 sacos de dormir y equipos de juegos de jardín para niños.

Los funcionarios federales suspendieron la participación de Rising Star en el programa al darse cuenta de que muchos artículos -- entre ellos 12 pares de binoculares -- estaban desaparecidos.

"El recibía cualquier artefacto que deseaba", comentó el asesor legal de la municipalidad de Rising Star, Pat Chesser. "No entiendo cómo una sola municipalidad pudo obtener tantos artículos".

Morven ha sido una de las poblaciones que más se ha aprovechado del programa, al haber recibido más de 4 millones de dólares en productos en la década pasada.

Entre los artefactos hay 20 cobijas, 10 carpas de combate, una hamaca, cuatro desmagnetizadores, dos pesas, numerosas máquinas de gimnasio, shorts y 355 sacos de arena.

Yates admite que no hay mucha criminalidad en su zona y que sus policías trabajan la mayor parte del tiempo como fiscales de tránsito.

"Este es probablemente uno de los últimos poblados tranquilos de la zona", comenta Yates. "Hasta el peor criminal vendría en mi auxilio si mi auto se descompone en medio de la vía",

Aun así, Yates no se inhibe de hacer planes para una fuerza policial grande.

Expresa que las lanchas y equipos marinos serán usados para formar un escuadrón de buzos, algo que su condado no tiene. Dice que ya creó un equipo SWAT con fusiles que le sobraban al ejército, un vehículo Humvee y una tanqueta. Y aunque la máquina de descontaminación costaría mucho reparar, Yates dice que la necesita para casos de incidentes "nucleares, químicos o biológicos".

Yates dijo que podría "usar a mis policías, con el entrenamiento que tienen, y acordonar totalmente la zona, controlarlo todo" en caso de un desastre mayor. Sin embargo, añade que ha ordenado pintar algunos de los vehículos para evitar dar la imagen de que existe "una ocupación militar".

Aunque es verdad que con los nuevos equipos Yates pudo construir un campo de tiro, muchas personas opinan que no hay realmente mucha ventaja en tener tanto material bélico.

Gary Randall, gerente del único mercado de víveres de Morven, dijo que la acumulación de equipos es "totalmente exagerada".

"A mí lo que me parece es que es un montón de chatarra", expresó Randall. "Este es un pueblito diminuto, insignificante. Creo que él cree que si no pide esas cosas se las darán a otro".

Yates ha ido a bases militares en toda la región a fin de adquirir los productos, y dice que para todo ha entregado certificados por escrito justificando cada adquisición. Insiste en que sólo ha pedido lo que necesita, aunque tímidamente admite que quizás se le fue la mano con lo de las bayonetas.

En ocasiones le ha ocurrido que pide una cosa y recibe otra, como cuando pidió un detonador de rayos láser para fusiles y en lugar de eso le llegó uno para aviones.

El director policial dice que ya no usa tanto el programa porque "más o menos" tiene todo lo que necesita. "Quizás otro departamento necesite esos equipos, y no quiero ser un aprovechador", dice.

Yates expresa que regularmente se reúne con el Departamento Policial del Condado Brooks, aunque el jefe policial allí lo niega.

"Nosotros somos los que ayudamos a Morven, ellos no nos ayudan a nosotros", dijo el comandante Joe Wheeler. "Son un pueblito muy chiquito".

Wheeler dice que si hay necesidad de un rescate acuático se le pide asistencia al vecino condado de Loundes o al departamento de recursos naturales del estado.

"Nosotros no dependemos de Morven para nada", comentó Wheeler. "Si tuviéramos la necesidad de crear una unidad de buceo, la crearíamos".

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Casi 13.000 agencias en todos los 50 estados y en territorios de Estados Unidos participan en el programa, conocido como "El Programa 1033", en alusión al número de la cláusula del Acta Nacional de Autorizaciones para la Defensa, que permite el traslado de equipos militares sobrantes. El programa se ha expandido a lo largo de los años, debido en gran parte a la reducción de las fuerzas armadas, las limitaciones presupuestarias de los gobiernos locales y a la ampliación de los requisitos para que ellos puedan recibir el armamento. En el año fiscal del 2012, se trasladaron materiales por un valor sin precedente de 546 millones de dólares.

Los materiales se trasladan tal como están y donde están, y van hacia el primero que los pida. El recipiente debe pagar por los gastos del traslado y del mantenimiento. El material no puede ser vendido o alquilado a terceros sin autorización, ni puede ser almacenado. Tampoco puede ser usado para fines particulares.

Las solicitudes son manejadas por funcionarios estatales. La supervisión general, inclusive para evitar abusos, está a cargo de la Agencia de Logísticas del Departamento de Defensa, en Battle Creek, Michigan. Hay funcionarios policiales que han sido suspendidos de sus cargos por vender esos materiales, trasladarlos sin autorización o enterarse de la pérdida o venta de algún arma sin reportarla.

Hace un tiempo los traslados fueron suspendidos debido a temores de que los funcionarios estatales no estaban llevando los registros adecuadamente.

Aun así las comunidades pueden obtener otro tipo de equipos tácticos, como aeronaves, lanchas, Humvees, chalecos antibalas, visores para fusiles, lentes infrarrojos y lentes para visión nocturna. Pero no hay indicio de que las suspensiones hayan inhibido a los departamentos policiales de abusar de las entregas de equipos como estantes, tijeras de jardinería, telescopios, sostenes, carritos de golf, máquinas cafeteras y televisores.

El programa de entrega de material bélico excedente ha tenido serios problemas.

Un jefe policial en el condado de Bureau, en el estado de Illinois, fue acusado de dar fusiles M-14 a sus amigos. Un encargado de armamento en la policía de Carolina del Norte fue acusado de robarse fusiles M-14 y M-16, además de otras armas, para venderlas en eBay por más de 30.000 dólares. Según el diario The Arizona Republic, los jefes del departamento policial del condado Pinal incluyeron en su presupuesto el dinero que esperaban obtener de la subasta del material bélico, lo que va contra las normas. En otros lugares, los materiales fueron entregados a organizaciones ajenas a los cuerpos policiales.

Los críticos denuncian que la entrega tan liberal de material bélico está transformando a muchos departamentos policiales pequeños, convirtiéndolos casi que en fuerzas paramilitares. Norm Stamper, un ex jefe policial de Seattle que es ahora portavoz de un grupo sin fines de lucro dedicado a promover la legalización y regulación de drogas ilícitas, dice que el programa está incitando una tendencia preocupante.

"Lo malo de esto es que militariza las funciones policiales", se quejó Stamper. "Estoy convencido de que es un grave error darle tanto material bélico a departamentos policiales de poblados pequeños en zonas rurales".

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La falta de supervisión ha sido un defecto importante del programa. Además de la suspensión de la distribución de armas, a los funcionarios estatales se les instruyó realizar un inventario exhaustivo de todas las armas, aeronaves, lanchas y vehículos blindados.

El vicealmirante de la armada Mark Harnitchek, director de la Agencia de Logísticas para Defensa, sostiene que los funcionarios estatales y el equipo de apoyo que él tiene en su departamento revisan cuidadosamente cada solicitud.

"No es nuestra intención darle a cualquier jefe policial un helicóptero artillado", comentó Harnitchek. "El que esté solicitando un helicóptero tendrá que suministrar mucha más justificación que la persona que está solicitando una computadora vieja".

Pero en Alabama, el Departamento Policial de Oxford recibió equipos por más de 10,4 millones de dólares, incluyendo un detector de rayos infrarrojos para helicópteros, con valor de 1,5 millones de dólares, a pesar de que no tiene helicópteros. El director policial de Oxford dijo que el departamento había solicitado lentes de visión nocturna para su unidad SWAT, pero que en lugar de ello recibió por error el detector de rayos infrarrojos.

Muchos coordinadores del programa a nivel estatal dicen tener muy poco personal para vigilar su cumplimiento adecuadamente. Por lo tanto, los mismos departamentos policiales que reciben el material son los encargados de supervisarlo y de garantizar que no haya sido robado, revendido o extraviado.

Las evaluaciones del programa a nivel estatal han sido ineficaces. El Departamento de Defensa debería hacer una evaluación por cada estado cada dos años, pero en realidad muchos estados llevan muchos años más sin una revisión.

El programa establecido por Mississippi estuvo seis años sin revisión y en marzo del 2012, las autoridades federales amonestaron a la policía de estado por almacenar equipos valorados en más de 8 millones de dólares.

El personal del departamento federal a cargo de vigilar el programa será aumentado a 18 empleados. Se ha instalado un nuevo sistema computarizado para mejorar la vigilancia del inventario. Una portavoz dijo que las nuevas normas limitan la distribución de la mayoría de los materiales de tal manera que sólo se pueden entregar uno por agente policial, a excepción de artículos de consumo como ropa y baterías.

Tales normas no existían cuando el jefe policial de Rising Star adquirió todo ese material bélico.

"La mayoría del tiempo la pasaba en la computadora buscando esas cosas, en realidad no estaba haciendo su trabajo", declaró June Stone, ex concejal de la ciudad.

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Contribuyeron a este reportaje los corresponsales de la AP Holbrook Mohr en Jackson, Mississippi y Mitch Weiss en Charlotte, Carolina del Norte.