Fabrizio Mejía retrata los 80 de México en novela

Aunque muchos identifican los 80 como la década del rock en español, los que vivieron en la época recuerdan que en realidad el rock no tenía espacios en la cultura masiva.

"Estaba prohibido que se presentaran los grupos de rock en público en la Ciudad de México, entonces así explicas que Café Tacvba haya salido de Satélite", un suburbio de la capital, dijo el escritor mexicano Fabrizio Mejía Madrid, cuya novela más reciente, "Arde la calle", con un título tomado de la canción "Escuela de calor" de Radio Futura, retrata detalladamente una década por demás contrastante en el país. "De pronto el rock nos hablaba a nosotros. Si hubiera una definición de adolescencia en los 80 sería: el que cree que cada canción se la escribieron a él. 'Llegando a la fiesta te veo besándote con otro', a todo mundo le había pasado", agregó el escritor haciendo referencia a "El final" de Rostros Ocultos, popularizada en esa época en la que se usaban hombreras y mallones con falda.

"Ahora las chicas usan los mallones sin falda, cosa que en el 90% de los casos es desastroso", dijo Mejía Madrid, para quien los 80 nada tenían que ver con la tendencia saludable y orgánica de la actualidad.

"Decíamos que la ensalada era para que se viera bien la carne, nosotros lo más orgánico que tuvimos era el (refresco) Pascual Boing de guayaba".

Mejía Madrid señaló que no fue la añoranza lo que le llevó a escribir su libro.

"No creo que sea una novela nostálgica, lo traté de evitar a toda costa... hay cosas oscuras, yo tenía la idea de explicar que algunas de las cosas que padecemos y disfrutamos ahora, nacieron en esa década", apuntó.

Sus capítulos llevan por título el nombre de objetos que marcaron ese tiempo, como el walkman, el video, el condón o el cubo de Rubik.

"Había como una mitología rara, por ejemplo pensar que era indestructible el disco compacto, que venía como del espacio exterior, algo indestructible. El horno de microondas, que te morías si estabas cerca, o te daba cáncer. Teníamos una mitología sobre los objetos rarísima, pero marcaron, digamos, nuestra vida en los 80, igual que la música, igual que los movimientos sociales".

Entre los últimos presenta la huelga del 86 en la Universidad Nacional Autónoma de México, o la huelga de Refrescos Pascual, incluso las protestas por la elección de Carlos Salinas de Gortari tras una caída del sistema electoral en el 88 y el supuesto atentado contra el presidente Miguel de la Madrid con una bomba molotov.

Sus personajes están ligados por momentos fugaces o porque se conocen por terceros, pero juntos conforman una sociedad bastante diversa.

"En el fondo trata de la desaparición de la clase media, por dos vías ... la familia Vives sube de clase social por la corrupción de Petróleos Mexicanos, y el baterista baja porque lo corren de su casa y luego donde vive se le cae el edificio (en el terremoto del 85) y baja de clase social. Entonces la clase media queda como un huecote en medio... es lo que vivimos ahora".

A los jóvenes se les decía la generación de la crisis, porque crecieron entre los desastres económicos que acabaron con la idea de la abundancia creada por el boom petrolero de México.

"Agradecías que hubiera azúcar o huevo, o leche. Me acuerdo buena parte de la crisis de 82 y 83 desperdiciar mis domingos acompañando a mi papá en el coche, tratando de encontrar una tienda donde hubiera azúcar, porque era un desabasto brutal, parecíamos Cuba", dijo Mejía Madrid.

Justamente el primer capítulo presenta la historia de lo que fue el proyecto de un gasoducto que conectaría a los pozos del sur del país con Estados Unidos. Se realizó con muchos problemas ecológicos, desfalcos a los campesinos y al final no se usó como se planeaba.

"La historia del tubo es pertinente ahora que se discutió la Reforma Energética, vamos a ver cuántos tubos... cuántos tubos no nos meten", dijo el escritor.