El Sisi, Egipto y la guerra contra el terrorismo

El presidente egipcio Abdul Fatá El Sisi se considera vindicado por la alarma mundial ante el extremismo islámico que provoca guerras y derramamiento de sangre en el Medio Oriente.

El ex general del ejército ha enfrentado amplias críticas internacionales por el derrocamiento el año pasado del primer presidente libremente elegido del país y la dura represión de los islamistas, que ha dejado más de 1.000 muertos y 20.000 prisioneros. Un año después de la elección de El Sisi como presidente, sus críticos temen que esté llevando el país a una autocracia, dado que los disidentes prodemocráticos han sido encarcelados o silenciados.

Pero en una entrevista con The Associated Press --su primera con un medio de prensa extranjero desde que ocupó el cargo en junio-- El Sisi insiste en que sus medidas fueron para combatir el extremismo y salvar al país de la guerra civil. Agregó que Egipto es un modelo para el combate al terrorismo internacional y que la coalición liderada por Estados Unidos para enfrenarse al Estado Islámico en Irak y Siria debe tomar nota.

"Hace más de un año advertí que la región enfrentaba un mayor reto del pensamiento extremista", dijo. "Esa advertencia no recibió la debida atención hasta lo que ocurrió en Irak y el Estado Islámico tomó el control de la frontera de Irak y Siria".

Pero su enfoque ha provocado preocupaciones sobre el potencial de la democracia en Egipto.

El Sisi y sus partidarios consideran a la Hermandad Musulmana --una organización que ha ganado varias elecciones durante los últimos tres años-- como el equivalente de grupos extremistas de línea dura que crean caos desde Libia hasta Irak. Ellos acusan a la Hermandad de estar detrás de la violencia en Egipto. La Hermandad lo niega y dice que sencillamente es una excusa de El Sisi para eliminar a un rival político. Activistas seculares dicen que el gobierno usa la batalla contra el terrorismo como razón para silenciar cualquier crítica.

Washington busca apoyo de las naciones árabes para su estrategia de golpear al Estado Islámico. Pero al mismo tiempo ha criticado la ofensiva de Egipto contra los islamistas, retirando parte de su ayuda militar y abrumando así una alianza de muchos años. El Sisi hará la próxima semana su primera visita a Estados Unidos para asistir a la Asamblea General de las Naciones Unidas. Hasta el momento no hay planes de conversaciones con el presidente Barack Obama.

El Sisi dijo que está dispuesto a ayudar a la coalición liderada por Estados Unidos. Al preguntársele si Egipto pudiera ofrecer acceso a su espacio aéreo o apoyo logístico para los ataques aéreos, dijo: "Estamos completamente comprometidos a dar apoyo. Haremos lo que sea necesario".

Pero pareció descartar el envío de soldados, ya que dijo que las fuerzas armadas iraquíes son lo suficientemente fuertes para combatir a los extremistas y que "no es un asunto de enviar tropas desde el extranjero".

Agregó que, más importante, hay que combatir el extremismo en toda la región, no sólo al Estado Islámico. Y advirtió que el mayor peligro es el de los combatientes extranjeros que llegan en grandes cantidades a los conflictos de la región, diciendo que a final de cuentas regresarán a sus países de origen --incluso de Europa-- y propagarán el extremismo allí. Agregó que "se debe evitar" que lleguen a la región.

El Sisi es un oficial de inteligencia de carrera que ha mostrado confianza en que puede cambiar significativamente a Egipto y lograr que otros se apeguen a sus posturas. Su gobierno planea reformas económicas que contemplan reducir los masivos subsidios al combustible y los alimentos y, afirma, canalizar esos fondos a la educación y la salud.