Incendio arrasa pueblo maderero en California

Se habían preparado para incendios forestales y estaban al tanto de la intensa sequía, pero el infierno que se arremolinó a través del poblado maderero de Weed en California avanzó tan rápido que la gente sólo pudo huir.

En solamente unas horas, las llamas impulsadas por el viento destruyeron o dañaron 150 estructuras, un aserradero y una iglesia. En ocasiones el fuego se desplazaba a tal velocidad que los residentes sólo tenían unos minutos para escapar.

El letrero del pueblo, que afirma "A Weed le agrada darle la bienvenida", aún estaba en pie, pero nada más era normal mientras los estupefactos habitantes evaluaban los daños, registraban lo perdido y agradecían lo que se salvó.

"En el punto más álgido, prácticamente todo el pueblo fue evacuado", dijo Robert Foxworthy, portavoz de los bomberos estatales.

A pesar de lo desastroso que fue el incendio para la comunidad de 3.000 habitantes, la luz del amanecer trajo consigo gratitud y alivio de que no se reportaran muertes ni lesiones graves.

El intenso incendio surgió el lunes al sur de Weed. En otras partes del estado, cientos de bomberos combatían aproximadamente una decena de otros fuegos persistentes.

Vientos que alcanzaban los 65 kilómetros por hora (40 millas por hora) impulsaron las llamas hacia el pueblo, donde rápidamente devoraron un vecindario ubicado en la falda de una colina. Las autoridades dijeron que un número significativo de las estructuras quemadas eran casas, incluidas tres de los bomberos. La causa sigue siendo investigada.

"Pasó por aquí tan rápido que era increíble. Nunca he visto algo como esto", dijo Jim Taylor, un carnicero retirado que ha vivido en el pueblo desde hace 30 años. "Realmente no soy una persona religiosa, pero alguien velaba por mí".

Taylor dijo que los bomberos arrojaron sobre su vivienda una sustancia química para retardar el fuego. Mientras su hogar y sus muebles de la terraza se tornaban color rosado a consecuencia de lo que les habían echado encima, otra casa cerca de allí se llenó de llamas.

El aserradero del pueblo, que llegó a ser el más grande del mundo, estaba entre las estructuras dañadas.

Las chimeneas de las casas eran lo único que aún se mantenía en pie entre los escombros. Los restos de la iglesia católica de la Sagrada Familia aún humeaban.

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Los periodistas de la AP Terry Collins en San Francisco, Raquel Dillon en Weed, Alina Hartounian en Phoenix y Robert Jablon y Daisy Nguyen en Los Ángeles contribuyeron con este despacho.