Escocia debate moneda en caso de separación

No habrá marcha atrás para Escocia si vota por independizarse del Reino Unido el 18 de septiembre.

Encuestas de opinión que apuntan a esa posibilidad han llevado a los inversores a desprenderse de la libra británica. Si la unión de Escocia con Inglaterra llegara a su fin luego de 307 años, se aceleraría ese proceso al tiempo que el Reino Unido quedaría sumido en una crisis constitucional.

La suerte de la libra esterlina, uno de los vínculos más tangibles de la unión, ocupará un primerísimo plano en un eventual proceso de separación, como lo ha ocupado en la campaña de cara al referendo.

Los nacionalistas, encabezados por el primer ministro Alex Salmond, esperan que la libra siga siendo la moneda corriente de Escocia mediante una unión monetaria con lo que resta del Reino Unido --Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte_, pero los principales partidos británicos, el Conservador y el Laborista, rechazan esa opción.

El asunto incluye otros aspectos de gran complejidad, tales como la división de la deuda del Reino Unido, de 1,2 billones de libras (2,1 billones de dólares) y si Escocia formaría parte de la Unión Europea.

Reina la incertidumbre, un ambiente tóxico para la cuarta moneda más utilizada en el comercio mundial. Ante un resultado imposible de prever, de acuerdo con las últimas encuestas, la libra perdió 3 centavos frente al dólar esta semana, cayendo a 1,6052, su nivel más bajo en 10 meses.

"Las enormes incertidumbres asociadas con los costos de separación, política de defensa, régimen monetario en Escocia y las consecuencias políticas en el Reino Unido difícilmente se resolverán con rapidez, y por eso la volatilidad probablemente permanecerá en niveles altos", dijo Jane Foley, estratega monetaria senior en Rabobank International.

Lo único seguro es que Escocia tendrá que empezar a pagar cuentas a partir del 24 de marzo de 2016, la fecha elegida para el Día de la Independencia por ser el 309no aniversario de la firma de la unión.

Un acuerdo sobre la unión monetaria es posible, dicen los nacionalistas de Salmond, aunque hasta ahora Gran Bretaña lo ha descartado.

Ello reduciría los costos de transacciones para ambos países y daría mayor estabilidad financiera a Escocia. Pero la obligaría a ceder una buena parte de la soberanía que acababa de obtener: por ejemplo, tendría que someter su presupuesto a la aprobación británica.

Aun sin acuerdo, Escocia podría utilizar la libra, de la misma manera que Ecuador y Panamá usan el dólar sin acuerdo con Estados Unidos, o Montenegro paga sus cuentas en euros aunque no es miembro de la UE.

Pero la "esterlinización", como se la ha llamado, traería muchos problemas. Las tasas de interés serían fijadas por el Banco de Inglaterra sin tener en cuenta lo que sucediera al norte de la frontera. Escocia tendría que acumular reservas para sustentar su sistema financiero, lo cual la obligaría a recortes presupuestarios y a tomar fondos de los recursos energéticos del Mar del Norte.

Otra opción sería adoptar el euro, siempre que Escocia quiera abandonar una unión para entrar en otra. Pero esto último dista de estar asegurado. España, por ejemplo, podría oponerse por temor a que aliente al movimiento independentista de Cataluña.

Una Escocia independiente podría sentir la tentación de crear su propia moneda, quizás resucitar la libra escocesa que existía antes de la unión. Esto supondría costos de transacción con el Reino Unido, y el país sería vulnerable a los sismos en los mercados monetarios. Además tomaría tiempo establecerla. Irlanda se independizó el Reino Unido en 1922, pero tardó seis años en consolidar su moneda, y hasta los 90 debió aplicar altas tasas de interés para sustentarla.