Francia recuerda a taxistas por 1ra Guerra Mundial

La próxima vez que usted pare un taxi en una concurrida calle de París piense un momento en el conductor y quizá hasta considere darle una mejor propina.

Semanas después del estallido de la Primera Guerra Mundial y ante la amenaza de que los alemanes invadieran la capital, los jefes militares franceses pensaron en la utilización de los taxis como una forma novedosa para el traslado de los soldados a las líneas del frente.

Par ese fin, requisaron centenares de taxis y asignaron a los conductores la peligrosa misión de transportar a miles de efectivos al campo de batalla.

Este fin de semana, Francia recuerda el centenario de los "Taxis del Marne", que se convirtieron en leyenda para millones de escolares franceses actuales y de antaño.

El ayuntamiento de París, el ministerio de Defensa y la compañía privada de taxis Alpha tienen previsto desfiles conmemorativos para el domingo en los que participarán 10 taxis de aquellos tiempos.

Alemania abrió el Frente Occidental el 4 de agosto; penetró en Bélgica con la expectativa de someter a Francia antes de que Rusia tuviera la oportunidad de movilizar totalmente a sus efectivos en el este.

El vertiginoso plan Schlieffen tenía como objetivo la llegada de las fuerzas alemanas a París en unas cuantas semanas. El ejército francés parecía condenado a la derrota ante el estruendo de los cañones en agosto.

El 6 de septiembre de 2014, los soldados del kaiser (emperador) Guillermo de Alemania llegaron hasta algunas decenas de kilómetros (millas) de distancia de París.

El ejército francés utilizó los taxis requisados para transportar hacia nuevas líneas de combate a los efectivos llenos de lodo que regresaban de su frente derrotado.

La movilización fue parte de una intensificación de la campaña de guerra a nivel nacional en la que también se requisaron caballos y se convocó a más de tres millones de campesinos franceses para que dejaran el campo y tomaran las armas.

El general Joseph Gallieni, el gobernador militar de París que elaboró el plan, ordenó a los taxis que se reunieran en los prados de una explanada frente al Palacio Nacional de los Inválidos, que tiene un domo dorado. El lugar rinde homenaje a las víctimas de guerra y ahí reposa el féretro de Napoleón Bonaparte.

Debe haber sido toda una escena el traslado al frente de batalla por París: una caravana ruidosa de vehículos rojos de arranque manual y ruedas de rayos amarillos transportaban apretadamente a unos seis soldados detrás de los conductores que llevaban su atuendo.

En aquellos días, una caravana era una innovación tecnológica equivalente a los aviones teledirigidos en los conflictos actuales.

Para una guerra sangrienta que duró cuatro años y en la que ambos bandos movilizaron a millones de efectivos, el traslado de miles de soldados careció de gran relevancia al principio.

Pero fue crítico el impacto sicológico en una nación acostumbrada a las comodidades de la "Belle Epoque" en París.

Los franceses comenzaron a atender con seriedad la "unión sagrada" entre civiles y soldados que preconizaba el presidente Raymond Poincare durante la campaña de la guerra.

"Los taxistas eran generalmente personas de origen modesto, así que representaron el alma de París hasta cierto punto", dijo Laurent Lasne, autor de un libro francés sobre los taxis publicado el mes pasado.

Los soldados "estaban cansados... los taxis fueron una sorpresa agradable para ellos", agregó.

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Raf Casert contribuyó a este despacho desde Bruselas.