Egipto: Hermandad luce tan acosada como su líder

El líder de la Hermandad Musulmana lucía adusto y cansado luego de su arresto el martes, con una actitud que reflejaba el dilema en que quedó hundido el movimiento luego de su caída del poder y la represión que sufrió a manos del gobierno.

La decisión de la Hermandad, de asumir una actitud beligerante tras el derrocamiento del presidente islamista por los militares la ha sumido en una crisis y de cara a un par de alternativas igualmente poco atractivas: alinearse con grupos intransigentes en una insurgencia casi seguramente condenada al fracaso o pasar a la clandestinidad con la esperanza de resurgir algún día.

Cualquiera que sea el camino elegido, su futuro sombrío no dejará de afectar a los grupos islámicos del Medio Oriente y más allá. La organización egipcia era una suerte de "nave capitana", su inspiración y el modelo del islam político que quieren imponer.

"Parece que se acabó para la Hermandad", dijo Sameh Eid, un ex miembro que mantuvo contacto con el grupo. "Las familias de la Hermandad están llorando a sus muertos o tratando de obtener permiso para visitar a sus seres queridos presos o heridos. La animosidad en las calles los abruma y los aliados los abandonan",

Fundado en 1928, el movimiento pasó la mayor parte de sus 85 años de existencia en la marginación y la clandestinidad, tratado con dureza por los sucesivos regímenes. La elección en junio de 2012 de uno de sus antiguos líderes, Mohammed Morsi, en los primeros comicios presidenciales libres de la historia egipcia, fue la cumbre de su poder. Con su líder en el puesto más alto de la nación y mayoría en la legislatura, la Hermandad Musulmana lucía invencible.

Pero esto duró apenas un año. Los militares derrocaron a Morsi el 3 de julio y propinaron a la Hermandad un golpe brutal.

Poco antes de su derrocamiento, los partidarios de Morsi instalaron dos campamentos en plazas estratégicas en extremos opuestos de la ciudad de El Cairo. Desde allí partían diariamente manifestaciones que paralizaban la capital. Los manifestantes, algunos de ellos armados, se concentraban frente a los ministerios, los edificios de la seguridad y las instalaciones militares.

Cuando las fuerzas de seguridad evacuaron los campamentos la semana pasada, a un costo de cientos de muertos, partidarios enfurecidos de la Hermandad atacaron cuarteles policiales y edificios del gobierno, además de iglesias, viviendas y negocios de la minoría cristiana en todo el país. Intentaban con ello provocar el caos y la desaparición de la policía, tal como sucedió durante las protestas masivas de 2011 que pusieron fin al régimen del autócrata Hosni Mubarak.

Fue una jugada arriesgada y costosa, tanto en popularidad como en vidas --se cuenta alrededor de un millar de muertos desde el desmantelamiento de los campos el 14 de agosto-- y le dio al régimen sostenido por los militares el pretexto para avanzar en su campaña de destrucción del grupo.

Al mismo tiempo, la prensa estatal desató una campaña propagandística para mostrar a la Hermandad como un grupo terrorista que debe ser prohibido.

Con la detención de cientos de dirigentes y militantes, la estructura de mando ha quedado gravemente lesionada. El arresto de figuras emblemáticas como el líder supremo Mohammed Badie, de 70 años, ha desmoralizado al resto.

Badie y otros líderes irán a juicio en las próximas semanas, acusados de complicidad en el asesinato de manifestantes frente a la sede nacional del grupo en El Cairo. Morsi, que está detenido en un lugar no revelado desde su derrocamiento, está acusado de conspirar con el Hamas palestino para escapar de la cárcel durante el alzamiento de 2011, así como de complicidad en la tortura y muerte de manifestantes frente a su palacio en El Cairo en diciembre.

La Hermandad, según el ex miembro Abdel-Baset el-Meligi, está pagando el precio de tratar de imponer sus planes a los egipcios y de recurrir a la violencia contra cualquier oposición.

"El grupo ha perdido la brújula y no cabe esperar que lo incluyan en el proceso político", afirmó.