Columna: Popovich, otra vez en la cima

Los números rara vez mienten y en el caso de Gregg Popovich se han acumulado tantos que es imposible ignorarlos.

Cinco títulos de la NBA conseguidos en un periodo de 15 años constituyen una dinastía, aún, quizá con mayor razón, en una época en que la atención sobre un hecho dura poco.

Los Spurs de San Antonio nunca han sido un equipo tan atractivo como los Bulls y los Lakers que Phil Jackson llevó a la gloria en 11 ocasiones en 20 años, tampoco han sido tan dominantes como los Celtics de Boston que hicieron a Red Auerbach encender el habano de la victoria 9 veces en 10 años. No encienden la imaginación como los Lakers de Pat Riley en la década de 1980.

Pero no hay que equivocarse, al igual que los otros entrenadores, Popovich no sólo es uno de los mejores de su era, es uno de los mejores en cualquiera época y en cualquier deporte.

Siempre ha puesto la mira en el éxito a largo plazo y no teme ir contra la corriente. En lugar de preferir a las estrellas escogió la ruta de construir un equipo tras el retiro de Michael Jordan y armó pacientemente a los Spurs a través de selecciones universitarias, comenzando con Tim Duncan, y luego hizo una serie de astutas adquisiciones complementarias. Luego se encargó de unirlos y aprovechar sus talentos al máximo.

Duncan nunca ha generado titulares de la manera en que Jordan o Kobe Bryant lo hicieron, pero en 17 campañas al lado de Popovich --la relación jugador-entrenador más antigua que la NBA ha visto jamás-- han ganado tantas veces como otros y han permanecido juntos mucho más tiempo.

Con el durable Duncan como la pieza principal, los Spurs han usado básicamente las mismas jugadas que Popovich aprendió de Larry Brown hace 25 años, y siguen usándolas. Su ataque se basa en el movimiento de la pelota --no en duelos individuales-- que crea oportunidades para todos los jugadores que están en la duela.

Esa libertad van en oposición al esquema de favorecer a estrellas que prevalece en la liga, tanto así que cuando Kawhi Leonard llegó al equipo en un cambio por George Hill dejó pasar tantos tiros para servir la pelota a Duncan, Tony Parker y Manu Ginobili, que Popovich lo envió a la banca.

Tras esas conversaciones Leonard pasó al centro del escenario y en la serie final de la NBA destacó con tres juegos en los que anotó más de 20 puntos y se llevó el premio al jugador más valioso.

"Hablé con él y le dije que dejara de diferir los tiros", recordó Popovich luego del triunfo de los Spurs sobre el Heat.

"Le dije: 'al diablo con Tony, al diablo con Timmy, al diablo con Manu. Haz tu juego. Eres parte de la maquinaria que nos pone en movimiento'. Pero todo empieza con su defensa y sus rebotes".

Antes del juego decisivo se le preguntó a Popovich cuánto tiempo más planeaba estar en la banca de San Antonio. A menudo ha dicho que se retirará en el momento en que Duncan, quien tiene 38 años, lo haga. Aunque no hay noticias de cuándo ocurrirá eso, Popovich señaló que está listo para, al menos, otra campaña y luego gruñó: "No creí que tuviera que responder a esas preguntas hoy".

Las preguntas seguirán durante un tiempo. Pero las respuestas a la interrogante cómo se le recordará son evidentes. Se le recordará como alguien que está en la cima.