NY: Condenan a chofer de banda de prostitución

Un inmigrante mexicano que era el chofer de un grupo de prostitución de mujeres jóvenes en la ciudad de Nueva York fue sentenciado el jueves a cuatro años de prisión.

Carlos García De La Rosa se había declarado culpable en enero en un tribunal federal de Manhattan de cargos de confabulación y pornografía infantil. El cargo de pornografía surgió de una acusación separada de violación de una niña de 14 años a quien fotografió.

El acusado fue una de más de una docena de personas acusadas el año pasado en una queja penal que los acusó de traer ilegalmente a Estados Unidos numerosas jóvenes mexicanas pobres para obligarlas a prostituirse.

García, de 32 años, nació en medio de la pobreza en Puebla, México, y llegó a Estados Unidos a los 18 años, donde trabajó en empleos menores antes de unirse a la organización de prostitución para ganarse la vida.

"Cometí un grave error... Sólo Dios sabe lo arrepentido que estoy", escribió en una carta al tribunal.

La jueza federal de distrito Katherine B. Forrest le dijo a García el jueves que aunque tuvo una participación menos en las actividades ilegales del grupo, era vital para sus operaciones. Los fiscales alegaron que García y otros llevaban a las mujeres a zonas rurales de Nueva Jersey o burdeles de mala muerte en Nueva York para tener relaciones sexuales con docenas de peones que pagaban 30 dólares por 15 minutos de servicios sexuales. Las mujeres recibían poca o ninguna paga.

"Eso fue deshumanizante", dijo la jueza. "Cada uno de los casos fue una tragedia".

La mayoría de las víctimas eran de Tenancingo, una localidad pobre del estado Tlaxcala. La región se conoce por tener proxenetas que usan una combinación de amenazas, abusos y amenazas no cumplidas de matrimonio y empleo para colocar a las víctimas, algunas adolescentes, en el camino a la esclavitud sexual en la Ciudad de México y grandes ciudades en Estados Unidos.

En entrevistas con investigadores, una mujer contó que una vez que se negó a trabajar en los burdeles en apartamentos en Queens y Yonkers, impidieron que ella y su hijo pasaran la noche en su casa en medio del frío invierno. También dijo a las autoridades que sus proxenetas, creyendo que estaba embarazada, la obligaron a tomar medicamentos para inducirle el aborto, y que la golpearon cuando trató de quedarse con parte del dinero que le pagaron por sus servicios.

El mes pasado la jueza del caso condenó a cadena perpetua al líder de la organización.