Maya Angelou, una escritora universal

No era necesario admirar sus libros o tener una historia parecida, ni siquiera saber mucho acerca de Maya Angelou para tener la sensación de que ella sabía mucho de uno.

Si uno era admirador de Angelou, quien falleció el miércoles a los 86 años, probablemente tenía la sensación de que pertenecía a un club que aceptaba a todo el mundo y que las razones para ingresar a ese club eran tan amplias y complicadas como la vida misma y los numerosos talentos de la propia Angelou.

Tal vez fue su historia personal lo que lo atrajo: una mujer negra, pobre, del sur del país que se sobrepone a la segregación racial y alcanza prominencia mundial. O la gente que conoció y de la que fue amiga: Martin Luther King Jr. y Malcolm X, Oprah Winfrey y Toni Morrison, los Clinton y Barack Obama. Probablemente la vio leyendo el poema inaugural durante la asunción de Bill Clinton, pilló alguna de las entrevistas que le hizo Winfrey, la recuerda por la serie de televisión "Roots" o porque le asignaron la lectura de su libro "Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado" ("I Know Why the Caged Bird Sings") en alguna clase.

Tal vez el tono de su voz bastó; profundo, cálido y comprensivo, como el de una matriarca; o la voz que surgía de sus escritos, lírica y personal, que lo invitaba a uno a compartir o comprender los recuerdos más dolorosos, como las veces que las niñas negras se burlaron de la abuela de Angelou cuando se acercaba a un negocio donde la escritora trabajó de niña.

"Antes de que las chicas llegasen al porche escuché su risa chispeante, que estallaba como los leños en una estufa", escribió en "El pájaro enjaulado", publicado en 1969. "Supongo que mi paranoia de toda la vida nació en esos minutos fríos y lentos como la melaza".

"Al principio fingí seriedad. Hasta que una de ellas se tomó el brazo izquierdo con el derecho, agrandó su boca y comenzó a emitir un sonido. Me di cuenta de que estaba insinuando que mi abuela era un mono".

Angelou escribió media docena de libros para explorar la primera mitad de su vida y hasta los admiradores de la primera hora se sorprendían con los detalles nuevos que descubrían. ¿Sabías que ella y Quincy Jones escribieron juntos un tema para B.B. King, que Mohamad Alí cenó en su casa en Ghana, que actuó en el mismo club nocturno que Phillis Diller? ¿Viste la foto de ella bailando con Amiri Baraka, o junto a Baraka y Morrison cuando llegaron al funeral de James Baldwin?

Angelou tenía su propio género. Los jurados que entregan premios la ignoraron casi hasta el final de su vida, pero el público parecía rendirle homenaje a diario. Uno se encontraba con sus poemas o dichos en anuarios, era una de las 5 millones de personas que hicieron clic en "me gusta" en su página de Facebook o se enteró de que alguna amistad había leído "el pájaro enjaulado" y también le había encantado.

En todos los sentidos, parecía universal. Podía escribir, cantar, bailar, componer, actuar y dirigir. Dependiendo de su edad, o de las circunstancias, era como una madre, hermana, amiga del alma, sabia. Tal vez no le gustó todo lo que decía, pero era imposible no admirarle al menos alguna de sus facetas y, por lo tanto, todas.

Su cuerpo se había debilitado desde hacía algunos años, pero su espíritu no. En una función de gala en la que se leyeron poemas el mes pasado en el Lincoln Center, la actriz Rosie Pérez sonrió con suficiencia y se pavoneó mientras leía algunas líneas de "Still I Rise", uno de los poemas de Angelou.

¿Te perturba mi insolencia?

¿Por qué te acosa la melancolía?

Porque camino como si tuviese pozos de petróleo

Bombeando en mi sala de estar.

Igual que las lunas y los soles,

Con la certeza de las mareas,

Igual que las esperanzas que vuelan alto

A pesar de todo me levantaré.