Campeones: Los clubes que dividieron Madrid

Madrid no siempre fue una gran ciudad. Y para muchos, la capital española jamás renunció a su alma original de pueblo manchego. Quizá por eso, nadie pensó que dos clubes de fútbol pudieran sobrevivir más de un siglo compartiendo un espacio tan pequeño.

Real Madrid y Atlético de Madrid son dueños de una las rivalidades más longevas del fútbol español, disminuida por el auge del Barcelona en los últimos 30 años. La final de la Liga de Campeones del sábado en Lisboa escribirá un nuevo capítulo en la historia de una relación llena de altibajos.

"Madrid no sería la misma ciudad sin el Madrid y el Atlético de Madrid", dijo Luis Prados de la Plaza, cronista oficial de la Villa de Madrid que ha seguido la historia de los dos equipos. "Le han dado nombre y mucha fama".

Apenas ocho kilómetros separan los estadios Santiago Bernabéu y Vicente Calderón. Sólo 600 metros las plazas de Cibeles y Neptuno, donde Madrid y Atlético celebran sus títulos. Los madridistas llaman "indios" a los atléticos. Los atléticos dicen "vikingos" a sus rivales. Unos son "colchoneros", los otros "merengues".

Los une la ciudad, pero los separa el abismo de un sentimiento. Los dos clubes representan dos caras socialmente opuestas, pero a la vez complementarias de la capital española.

"Siempre fueron dos clubes muy distintos", explicó Prados. "El Madrid es más señorial, de gente con dinero. El Atlético nace con menos, de gente sin dinero de barrios trabajadores".

"La afición atlética es más arraigada en general, más que la del Madrid", añadió sobre el dicho popular "del Atleti se nace y del Madrid se hace".

Pero la rivalidad no siempre fue así. Casi nadie recuerda que llegaron a compartir estadio. O que por ejemplo sus himnos oficiales fueron cantados por el mismo intérprete. Y que las dos aficiones celebraban sus títulos en el mismo sitio: la Cibeles.

El Madrid fue el primero de los dos clubes en nacer, en 1902. Los impulsores de la iniciativa fueron personas que venían de estudiar en Inglaterra y habían quedado enamorados de aquel deporte llamado fútbol. Un año después, se fundó el Athletic de Madrid, que idearon estudiantes vascos como filial del Athletic de Bilbao. De ahí los colores rojiblancos. Si bien el Atlético jugó inicialmente de blanquiazul durante casi una década.

Por aquel entonces, no había competiciones oficiales. Los futbolistas no eran profesionales y jugaban en canchas de escaso aforo situadas prácticamente una frente a la otra en la calle O'Donell de Madrid.

"Había un bar cerca de esos dos campos donde se reunían los futbolistas de los dos equipos. El fútbol se ha exagerado mucho", recordó Prados. "Es cierto que ya entonces no querían que los jugadores cambiasen de un club a otro, pero las aficiones se respetaban".

Según Prados, el Madrid siempre fue un paso por delante. Contribuyó a crear la Federación Española y con Santiago Bernabéu en la presidencia impulsó la Copa de Europa, hoy Liga de Campeones. Fue de los primeros clubes en fichar jugadores extranjeros y pionero, por ejemplo, en el trato con los medios de comunicación.

La guerra civil (1936-1939) que sacudió España también afectó a los dos equipos. El estadio Metropolitano del Atlético, situado en una de las líneas del frente de batalla, quedó destrozado. Para sobrevivir, el club Athletic de Madrid se fusionó con el Atlético Aviación y nació el Atlético de Madrid tal y como se conoce.

Entre 1940 y 1943, el Atlético compartió el viajo estadio madridista de Chamartín con el Madrid, llegando a jugar derbis como local en la cancha del eterno rival.

"Los derbis se vivían con pasión, pero algo más contenida que hoy", apuntó Prados. "Para el Madrid lo más importante siempre era ganar. El Atlético siempre fue más sufridor y necesitaba encajar las derrotas".

"En realidad, peleaban por ser el primer equipo de la ciudad", añadió.

Rojiblancos y madridistas han jugado al gato y al ratón durante muchos años. Los atléticos bautizaron como "merengues", en honor al dulce de color blanco, a sus rivales. Los madridistas llamaron "colchoneros" a los atléticos, porque durante muchos años la funda de los colchones que se vendían en España era de color rojo y blanco.

Cuando los equipos empezaron a fichar jugadores extranjeros, el Madrid trajo numerosos futbolistas de Europa oriental, de rasgos físicos muy pálidos, y los atléticos se mofaron llamándoles "vikingos". Como el Atlético fichó más en Sudamérica, los madridistas les apodaron "indios".

Esos nombres todavía perduran en el tiempo, como las celebraciones de la afición. Según Prados, la moda de Cibeles comenzó con la selección española y durante un tiempo ambos equipos festejaban las victorias en la misma fuente. Pero el Madrid encadenó varias ligas consecutivas en los 70 y cuando el Atlético volvió a conquistar el campeonato, la afición dijo que la diosa Cibeles estaba "contaminada" y se marcharon calle abajo a celebrarlo a la fuente de Neptuno. Y así hasta nuestros días.

La final europea de Lisboa será otro hito, quizá el más importante en más de un siglo, para estos clubes. Que ya no luchan por conquistar un espacio, porque cada uno ha encontrado el suyo en la misma ciudad.

"El partido de Lisboa es un hecho insólito. Va a hacer historia, pero no va a marcar el ritmo de los dos clubes, que ya está muy definido", consideró Prados.