Controversia en Puerto Rico sobre antigua prisión

La fachada de la antigua prisión Oso Blanco, con aspecto de fortaleza, domina un vecindario polvoriento de la capital de Puerto Rico, despertando la imaginación popular, pero puede que no dure mucho tiempo. El gobierno de Puerto Rico, que durante décadas luchó por tomar control de la prisión conocida como "el Alcatraz del Caribe", desea demoler la mayor parte de la estructura cavernosa y construir un complejo de oficinas para atraer a los negocios de alta tecnología.

Los preservacionistas e historiadores se oponen. La Penitenciaría estatal de Río Piedras es considerada un ejemplo magnífico de arquitectura art deco. También es parte de la historia, pese a representar un capitulo oscuro de la isla.

"Esta prisión ha sido una parte muy real en la vida de los puertorriqueños durante más de 80 años", dijo la arqueóloga y preservacionista Aída Belén, que ha sido asesora del gobierno en lo que se refiere a Oso Blanco. "Por eso muchos de nosotros tenemos un hermano, un primo, un tío, un vecino, un familiar que estuvo en Oso Blanco. Todos conocemos a alguien".

El gobernador Alejandro García Padilla sorprendió e indignó a algunas personas al mencionar el mes pasado, durante un mensaje sobre el presupuesto de la isla, que la demolición había comenzado. Desde entonces, ha llovido sobre las autoridades una catarata de llamados y preguntas, en combinación con una campaña en los medios sociales para detener la demolición y preservar al menos parte de la prisión como museo, galería o parque al aire libre. Por ejemplo, la antigua prisión federal en la isla de Alcatraz, en la bahía de San Francisco, es una atracción turística.

La puja por Oso Blanco es familiar en Puerto Rico, donde la arquitectura colonial española compite por espacio con los proyectos urbanos y turísticos.

"Lamentablemente, muchos tesoros arquitectónicos han desaparecido", afirmó Pilarín Ferrer, que preside una asociación de arquitectos. "Es por eso que todos están muy preocupados".

Andy Rivera, presidente de una sociedad de edificios históricos, entabló una demanda para suspender la demolición hasta que se hicieran públicos los estudios que recomendaron dicha acción, pero perdió. Un senador local presentó una medida similar esta semana, sumándose a los activistas que se preguntan si es cierto que el edificio es inseguro e inestable.

Oso Blanco se inauguró en 1933 y fue anunciada como la primera prisión de la isla destinada a rehabilitar delincuentes. Tenía talleres y una granja atendidos por los presos, pero esa visión se vino abajo con el hacinamiento que comenzó en la década de 1950 y violentos enfrentamientos entre reclusos y guardas. Pronto dio nacimiento a dos pandillas notorias, cuyos miembros libraron una guerra violenta en pos de la supremacía.

Cientos de presos murieron, algunos de ellos descuartizados. Belén dijo que las pandillas a veces incorporaban restos humanos de sus víctimas a las comidas que preparaban y advertían a sus secuaces que no comiesen ese día.

En 1979 los presos interpusieron una demanda colectiva contra el gobierno de Puerto Rico que puso de manifiesto el hacinamiento y otros problemas, hasta que finalmente cerró en 2004.