Ilesa ambición política de PM turco tras desastre

El primer ministro turco, quien todo el país espera que se integre pronto a la campaña presidencial, debería estar a la defensiva después de ser obligado por manifestantes enojados a buscar refugio en un supermercado.

Pero ese no es Recep Tayyip Erdogan.

Es poco probable que el incidente del miércoles en el lugar de un mortal desastre minero desvíe la atención de Erdogan, quien lidera el país desde 2003, de su esfuerzo por prorrogar su papel como la figura política dominante del país. Todavía no se ha lanzado a la campaña, pero pocos dudan que el pendenciero político de 60 años es el favorito para ganar.

Turquía es un aliado político clave de Estados Unidos y la Unión Europea en una región turbulenta del mundo. Erdogan ha sido el hombre con quien han tendido que tratar y analistas dicen que es probable que siga siendo así, a pesar de las relaciones cada vez más frías.

Erdogan, quien fuera alguna vez elogiado por líderes de Occidente por ser un líder moderado de un gobierno islámico democrático, ha dañado su reputación nacional y en el exterior con su estilo cada vez más autocrático y su respuesta de oídos sordos ante protestas populares.

Estados Unidos y líderes europeos "tienen un punto de vista cada vez más negativos obre Erdogan, pero no tienen más opción que tratar con él debido a la ubicación estratégica de Turquía", dijo el jueves en una entrevista Fadi Hakura, del centro de investigación y análisis Chatham House, con sede en Londres.

El primer ministro fue notablemente sordo el miércoles mientras visitaba el lugar del peor desastre minero en la historia del país, en que han murto al menos 283 personas y hay decenas desaparecidas. A pesar del largo historial de accidentes mineros en Turquía, Erdogan no mostró dolor ni aceptó culpa alguna por lo ocurrido, diciendo que los accidentes mineros son "cosas normales" que han ocurrido en muchos países. Entonces prometió una investigación completa, pero el daño estaba hecho.

Algunos de los consternados vecinos de Soma, donde ocurrió el desastre, muchos de los cuales perdieron amigos o familiares en el desastre, se encolerizaron y manifestantes acosaron al primer ministro gritándole "asesino" y "ladrón".