AP Fotos: Torcida brasileña, espectáculo aparte

La relación entre el aficionado brasileño y el club de sus amores va más allá del fútbol. Hay una lealtad histórica, un lazo casi sanguíneo. Un vínculo que pasa de generación en generación. El hijo de un hincha de Flamengo será de Flamengo. El nieto seguramente también.

El amor del brasileño por su equipo es incondicional, incluso en los tiempos duros. Los hinchas apoyan firmemente a sus clubes por más que corran peligro de descender a la segunda división, como lo demostró Flamengo una y otra vez, incluido el año pasado.

"Lo que impulsa al aficionado brasileño es la pasión, no un buen producto", sostuvo el ministro de deportes Aldo Rebelo recientemente.

Esa pasión comienza a forjarse en canchitas de tierra o en las calles de los barrios de las colinas donde los chicos practican y aprenden el deporte tan identificado con su país.

A medida que crecen, empiezan a ir a los estadios, que es donde los brasileños descargan todas sus tensiones, cantando sin cesar y en un ambiente de fiesta.

Esto ocurre no solo en la primera división sino en todas las categorías.

Hay quienes dicen, medio en serio medio en broma, que poca gente en Brasil necesita terapia. Después de todo, hay un partido por semana en el que dan rienda suelta a sus emociones.

No es secreto que en Brasil el cariño que el hincha siente por el club es superior al de la selección nacional. Si uno le da a elegir a cualquier aficionado entre un campeonato de su club y que la "selesao" gane la Copa Mundial, muchos optarán por un título para su equipo.

Y si el fútbol es una religión en Brasil, el Maracaná es su catedral.

El famoso estadio de Río, que albergará la final de la Copa Mundial, es el templo donde los fanáticos adoran con más frenesí a sus equipos los domingos.

No hay nada como ver un partido con el Maracaná lleno. El cineasta Spike Lee lo puede decir.

Lee estaba en el estadio cuando Flamengo, el club más popular de Brasil, ganó el campeonato el año pasado.

"No puedo mentir. El partido de esta noche hizo que nuestro Super Bowl (la final del fútbol americano) parezca un partido de la Serie Mundial de Pequeñas Ligas (una especie de mundial de béisbol para jugadores de hasta 12 años)", dijo Lee en su cuenta de Instagram. "La gente se enloqueció a lo largo de todo el encuentro. Los oídos todavía me retumban y eso que el partido terminó hace una hora. En mi vida vi una multitud tan bulliciosa".