Corrupción penetra campos de refugiados sirios

Una mujer refugiada siria se abrió paso entre la multitud para ingresar en la polvorienta tienda de comestibles donde le dijeron que podría registrarse para recibir mantas donadas por una agencia internacional de asistencia. No permaneció mucho tiempo en el interior: el encargado de la tienda le exigió un soborno de 13 dólares para poner su nombre en la lista.

Necesitaría cinco días para reunir esa cantidad, trabajando en un campo cercano de cultivo de frijol.

"Ellos no me van a dar nada si no pago", comentó Zein, una viuda de 36 años con seis hijos, quien salió de la tienda con las manos vacías.

Mientras una gran cantidad de agencias de asistencia batallan para ayudar a la enorme cantidad de refugiados sirios que llegan a Líbano --hasta ahora más de un millón y con la cifra en aumento-- intermediarios han aprovechado las grietas en el sistema de distribución para exigir sobornos, agregando una capa más de sufrimiento a quienes huyen de la guerra.

Los más afectados parecen ser los más pobres entre los refugiados, alrededor de 160.000 que no pueden pagar el costo de una vivienda en Líbano y terminan en campamentos no oficiales de tiendas de campaña desvencijadas. En una serie de entrevistas con The Associated Press, refugiados en uno de esos campamentos ubicado cerca del poblado de Kab Elias dijeron que con frecuencia tienen que pagar entre tres y 100 dólares en sobornos a tenderos, líderes locales o funcionarios municipales por una variedad de cometidos, particularmente para obtener alguna entrega de ayuda o acelerar su registro.

"Ellos son perros hambrientos a la puerta", dijo Sabha, una amiga de Zein quien fue con ella a la tienda para buscar mantas. "No tengo dinero para pagar sobornos. ¿De dónde lo voy a obtener?" Las dos mujeres, como otros en el campamento, hablaron con la AP bajo la condición de que solo se les identificara por su nombre, sin apellido, temiendo por su seguridad.

La agencia de las Naciones Unidas encargada de atención a refugiados, ACNUR, supervisa la mayor parte de la ayuda distribuida en Líbano, trabajando con 60 organizaciones asociadas. La mayoría de los refugiados que se registran con ACNUR reciben una tarjeta con la que pueden comprar directamente alimentos por valor de 30 dólares cada mes, eliminando cualquier intermediario que busque sobornos.

Pero los 30 dólares se terminan pronto, obligando a quienes se encuentran en campamentos a acudir a otros grupos caritativos. Los grupos más pequeños, en particular, con frecuencia no tienen personal suficiente para distribuir ellos mismos la ayuda, así que recurren a intermediarios locales para registrar a los refugiados para que reciban su provisión de alimento, medicina, mantas y otros suministros, lo que abre la puerta a abusos.