Drones de EEUU causan terror entre civiles afganos

Apoyado en su bastón y casi sin poder caminar, Gulam Rasul trancó la puerta de su casa, le entregó las llaves y sus tres vacas a un vecino y huyó entre las montañas en la oscuridad de la noche, despavorido por los bombardeos de los aviones robots estadounidenses.

Rasol y los demás habitantes de su aldea en Afganistán tienen un apodo particular para esas aeronaves teledirigidas: "benghai" que en su lengua pashto quiere decir "el zumbido de las moscas". Cuando se les pide explicar la expresión, fruncen el ceño y hacen el sonido ronco de una manada de insectos.

"Son cosas malvadas que vuelan tan alto que no se ven, pero se les oye todo el tiempo", comentó Rasul, su cuerpo encogido por la avanzada edad y su voz apenas perceptible. "Noche y día lo escuchamos y entonces empieza el bombardeo".

Las fuerzas armadas estadounidenses están cada vez más usando los llamados "drones" para lanzar bombas contra objetivos en Afganistán, donde la cantidad de ese tipo de bombardeos aumentó de 294 en el 2011 a 506 el año pasado. A medida que las fuerzas internacionales se van retirando, esos ataques se usan más para la eliminación específica de terroristas y menos como apoyo a las fuerzas de infantería.

No queda claro si los aviones robotizados continuarán siendo usados en Afganistán, donde el gobierno local se ha quejado enérgicamente por la cantidad de víctimas inocentes que caen en esos bombardeos. Los ataques ocasionalmente matan a civiles, obligan a otros a abandonar sus viviendas presas del pánico y en general alimentan una animosidad colectiva hacia Estados Unidos.

Reporteros de la AP lograron algo inusual: visitar dos aldeas afganas sin escolta militar o policial, en la provincia de Nangarhar, cerca de la frontera con Pakistán, para hablar con los habitantes que denunciaron ser víctimas de los bombardeos.

En una aldea, los habitantes rechazaron la aseveración de la OTAN de que cinco hombres que murieron en un bombardeo eran guerrilleros islamistas. En otra, una escuela que fue destruida en un bombardeo nocturno porque guerrilleros del Talibán se refugiaban allí, estaba aún en ruinas.

"Todo es culpa de las fuerzas extranjeras, ellas tienen su propio país, que se vayan a su país", dijo Rasul.

Desde la perspectiva estadounidense, el programa de aviones teledirigidos ha sido un gran éxito.

Aunque es el Pentágono el que opera esas aeronaves en Afganistán, la CIA los ha estado usando desde hace casi una década para eliminar a terroristas, inclusive afganos, en la frontera con Pakistán. Las aeronaves han matado, por ejemplo, al número dos de al-Qaida, Abu Yahya al-Libi, y a otros importantes extremistas.

No obstante, ese tipo de bombardeos a control remoto le ha valido a Estados Unidos el oprobio mundial. El Relator Especial de las Naciones Unidas para el Contraterrorismo y los Derechos Humanos ha iniciado una investigación sobre el efecto que esa arma de guerra tiene sobre los civiles.

Rasul manifestó que su decisión de abandonar su hogar en el distrito de Hisarak la tomó después de un bombardeo particularmente feroz que mató a cinco personas en la aldea vecina de Meya Sahib.

Las fuerzas internacionales encabezadas por Estados Unidos confirmaron ese bombardeo, pero como es su política, se rehusaron a confirmar o negar si se usaron aviones teledirigidos.

Rasul manifestó que él, su hijo, media docena de nietos y otras dos familias se amontonaron en una carreta, halada por un tractor. Se movilizaron todo el día hasta que encontraron albergue en la aldea Jalis, cuyo nombre viene del líder rebelde anticomunista Maulvi Yunus Jalis, quien tenía estrechos lazos con al-Qaida.

La aldea no está muy lejos de la cordillera Tora Bora, donde en el 2001 las fuerzas estadounidenses lanzaron un amplio operativo para tratar de expulsar a los guerrilleros de al-Qaida y el Talibán.

"Aquí nadie viene, nunca. A veces es peligroso, por el Talibán", manifestó Zarula Jan, un vecino de Rasul.

Pero Rasul ni siquiera sabía por qué la aldea tenía ese nombre.

"¿Quién es Jalis? Nos detuvimos aquí simplemente porque aquí fue donde encontramos albergue", comentó, quejándose de que las tres familias tenían que vivir en el mismo lugar, pagando 200 dólares al mes.

A poca distancia, el nieto de Rasul, Ahmed Shah, de 12 años, recordó el ataque de Meya Sahib. Dijo que la tierra retumbaba por horas y que a la mañana siguiente sus amigos le relataron que había muertos en la aldea vecina. Con curiosidad, aunque temeroso, caminó la breve distancia hacia Meya Sahid.

"Yo quería ver los muertos", comentó. Recordó que vio tres cadáveres, de hombres de edad mayor.

Las fuerzas multinacionales reportaron que cinco guerrilleros murieron, pero Rasul sostiene que eran comerciantes. Uno de los muertos era dueño de un negocio de alfombras en la aldea, sostuvo.

Las controversias sobre si las víctimas son combatientes o civiles han abundado en los 12 años que lleva esta guerra.

En Pakistán el año pasado, la AP halló que los ataques con aviones teledirigidos matan menos civiles de lo que se piensa, y que muchos de los muertos eran combatientes.

En Afganistán, la ONU ha reportado que cinco bombardeos en el 2012 resultaron en víctimas civiles, con 16 civiles muertos y tres heridos. El año pasado hubo sólo un incidente en que murieron civiles, según el reporte.

Al otro extremo de la provincia, opuesto a Meya Sahib y la aldea Jalis, está la aldea de Budyali. Para llegar allí es necesario conducir por una larga carretera de dos carriles, a veces sembrada de bombas, antes de virar por un sendero estrecho y polvoriento y luego cruzar la orilla rocosa de un riachuelo.

Un habitante de Budyali, Hayat Gul, dice que el sonido de los "benghai" es común en la aldea. Afirma que quedó herido hace casi dos años en un combate entre fuerzas talibanas y fuerzas de seguridad afganas en una escuela cercana, que conllevó a un bombardeo.

Insertada en las faldas de una montaña surcada de senderos, está la escuela, ahora hecha añicos.

El ataque ocurrió en la madrugada del 17 de julio del 2011, horas después de que el Talibán atacó el cuartel local del Ejército Nacional Afgano y las fuerzas locales pidieron auxilio a las fuerzas de la coalición.

Gul dijo que él y otro guardia llamado Ghulam Ahad, de 63 años, dormían en la garita de los guardias en la escuela cuando fueron despertados por el estruendo de las armas. Una unidad de guerrilleros talibanes estaban escalando el muro protector en medio de la noche y los soldados afganos los perseguían.

Gul fue alcanzado por una bala en el hombro. Ahad, presa del pánico, corrió afuera y murió. Las paredes de la edificación aún están marcadas de balazos.

Los jeques de la aldea y el director de la escuela, Sayed Habib, dijeron que las fuerzas extranjeras respondieron al pedido de ayuda con aviones robot, cazas y cohetes.

El bombardeo, que según los habitantes comenzó a eso de las 3 de la mañana y probablemente incluyó la participación de aviones robot, hizo todo añicos en una amplia área que incluyó la escuela. Habib dijo que 13 insurgentes fueron muertos.

La coalición internacional confirmó que murieron insurgentes en un bombardeo en el área de Budyali esa fecha, pero no dio más detalles.

Habib y un jeque local llamado Sha Mohamed Jan dijeron que en los días previos al ataque, se escuchaba el zumbido de los aviones teledirigidos.

"Todo el mundo conoce ese sonido, hasta los niños", comentó Habib.

Los jeques locales criticaron el bombardeo, afirmando que hubieran preferido que los soldados afganos negociaran con el Talibán a fin de convencerlos para que se rindan y salgan de la escuela.

Habib y los jeques locales rememoraron el ataque, sentados en medio de las ruinas de la escuela, donde los escombros seguían desparramados por una amplia zona. Señalaron hacia un pizarrón acribillado a balazos.

"Destruyeron nuestra escuela, nuestra biblioteca, nuestros libros, ¡Qué vergüenza!", dijo uno de los líderes, Malik Gul Nawaz.

Habib declaró que en un intento por reconstruir el colegio, un contratista erigió un muro protector, pero luego huyó con 400.000 dólares en dinero de donantes extranjeros.

Aproximadamente 1.300 estudiantes reciben clases ahora en una escuela con tiendas de campaña, construidas por UNICEF. Gul, quien fue llevado al hospital en la base militar estadounidense de Bagram luego del ataque para atenderle la herida en el hombro, es ahora el guardián de la escuela nueva.

En su mano izquierda sostuvo la foto de su colega caído, Ahad.

"Queremos que se acabe esta guerra, ya ha muerto demasiada gente, tenemos que buscar la unidad", expresó.

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Kathy Gannon es la corresponsal especial de la AP para Afganistán y Pakistán. puede seguirla en www.twitter.com/kathygannon