Se disparan los partidos euroescépticos en la UE

En un pequeño pub en una esquina de Inglaterra, el resto de Europa parece estar muy lejos. Así es precisamente como le gusta a Nigel Farage.

El líder del Partido de la Independencia de Reino Unido sorbe su jarra de cerveza con la sonrisa de un hombre en camino de llevarse la mayor cantidad de votos británicos en las elecciones de este mes al Parlamento Europeo, un organismo que Farage quiere abolir, junto con todo el bloque de 28 naciones que componen la Unión Europea.

"Todo el asunto es una monstruosidad", dijo Farage. "Queremos de vuelta nuestro país. Ha sido vendido".

Un número creciente de votantes están de acuerdo con él, no sólo en Gran Bretaña, un país insular y receloso de Europa, sino a lo largo y ancho del continente.

En medio de la crisis económica y las medidas de austeridad, una unión construida a partir de las ruinas de la Segunda Guerra Mundial sobre una visión de paz, unidad y prosperidad luce ahora mismo un poco inestable. Los partidos que quieren reformar, rehacer o incluso desmantelar la UE están ganando terreno. Los años de recesión y medidas de austeridad han erosionado la fe de los europeos en una institución con un presupuesto anual de 140.000 millones de euros (200.000 millones de dólares) e influencia sobre todo, desde la agricultura a la justicia.

Las encuestas sugieren que los partidos euroescépticos podrían llevarse entre 25 y 30% de los 751 escaños del Parlamento Europeo en las elecciones que se celebran entre el 22 y el 25 de mayo. En Gran Bretaña, el partido de Farage, que aboga por el retiro del Reino Unido de la UE y nunca se ha hecho con un escaño en el parlamento británico, aparece en las encuestas en el primer lugar por delante del Partido Laborista. Los conservadores, que lideran el gobierno de coalición de Gran Bretaña, parecen encaminados a terminar en un vergonzoso tercer lugar.

Ese fenómeno se repite en una Europa cada vez más desunida. Muchos votantes de países ricos, como Alemania, deploran tener que rescatar financieramente a los vecinos del sur, como Grecia y Portugal, cuyas economías casi colapsaron bajo deudas impagables en los últimos años. Por su parte, las personas en los países rescatados se sienten humilladas y castigadas por la pesada carga de amortización.

Los partidos euroescépticos claman contra la burocracia de la UE que aseguran afecta a agricultores y negocios, y contra la apertura de fronteras que se traduce en que los trabajadores franceses y británicos deben competir con los solicitantes de empleo procedentes de Polonia o España.

Su mensaje apela a los derechistas que se oponen a la inmigración y a los que preocupan la identidad nacional y las crecientes comunidades musulmanas. Pero también hace eco de las preocupaciones de la izquierda sobre el poder de los bancos y las grandes empresas.

"Hay un electorado bien definido para un partido como el UKIP (las siglas en inglés del Partido de la Independencia de Reino Unido), y en la mayoría de los países europeos que están viendo emerger partidos que apelan a ellos: votantes de clase trabajadora más viejos y peor preparados que sufren penurias económicas", dijo el catedrático de la Universidad de Manchester Rob Ford, coautor de un libro sobre el UKIP, "Revolt on the Right" (Rebelión en la derecha).

En Grecia, el país más golpeado por la crisis financiera, la oposición a la UE se extiende desde el Partido Comunista y el izquierdista Syriza hasta Griegos Independientes, de centroderecha, y el neofascista Amanecer Dorado.

Esta animosidad era de esperarse en la asediada Grecia o en la indecisa Gran Bretaña, que no está entre los 18 países que utilizan el euro. Pero naciones que han estado entre los más fuertes partidarios de la unión también están viendo aumentar el escepticismo.

El Partido de los Finlandeses se convirtió en la tercera mayor fuerza en el parlamento nacional de Finlandia en el 2011 y ha arrastrado a los partidos mayoritarios a una posición más crítica sobre Europa con su llamamiento a restringir la inmigración y recuperar algunas facultades de la UE. No quiere dejar el bloque, pero se opone firmemente a los rescates financieros, pues sostiene que los países más ricos ya han hecho demasiado por los miembros de la eurozona en dificultades.

En Italia, el Movimiento 5 Estrellas liderado por el cómico Beppe Grillo, que se opone al establecimiento, obtiene 25% de las preferencias en los sondeos de cara a las elecciones europeas. Grillo sostiene que los italianos se han sometido al control europeo a cambio de hacer parte de la moneda única, y ha dicho que su partido impulsará un referéndum para retirarse del euro.

Si se suma el 5% o menos que podría llevarse la Liga del Norte, de corte regionalista y antiinmigrante, casi un tercio de los votos italianos se los llevarán partidos hostiles a la UE, un hecho notable en un país que desde hace mucho tiempo ha vinculado su destino a Bruselas.

Ni siquiera Alemania, la potencia económica de la UE y su partidario más firme, es inmune al euroescepticismo. El partido Alternativa para Alemania, fundado el año pasado, busca acabar con el euro en su forma actual y poner fin a los rescates de países de la eurozona endeudados.

No quiere que Alemania abandone la UE, pero pide el fin de las ampliaciones, así como importantes reformas democráticas. Una fuerza pequeña pero en crecimiento, espera mejorar el 4,7% de los votos que obtuvo en las elecciones nacionales alemanas del año pasado.

Incluso si los euroescépticos logran resonantes victorias, la desaparición de la Unión Europea no es inminente. El Parlamento Europeo seguirá dominado por dos grandes bloques, uno de centro izquierda y otro de centro derecha. La influencia de los euroescépticos probablemente estará limitada por su relativa falta de experiencia y las enormes diferencias entre ellos.

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Los periodistas de The Associated Press Frances D'Emilio en Roma, Colleen Barry en Milán, Geir Moulson en Berlín, Karl Ritter en Estocolmo y Matti Huuhtanen en Helsinki contribuyeron a este despacho.

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Jill Lawless está en Twitter como http://Twitter.com/JillLawless