Protestas anti-chinas ponen a prueba a Vietnam

La ira de Vietnam hacia China ha alcanzado su punto máximo en años después de que el gigante asiático instalara una plataforma petrolera en aguas en disputa entre ambos países.

El asunto entraña una interrogante complicada para las autoridades de Vietnam: ¿hasta qué punto deben permitir las protestas públicas para que los inconformes no se vuelquen después contra el régimen autoritario?

En un plano, el gobernante Partido Comunista quisiera aprovechar la furia en las calles para amplificar su propia indignación contra China y ganarse la simpatía internacional en momentos en que barcos navales de ambos países escenifican un tenso enfrentamiento cerca de la plataforma, frente a las islas Paracelso, en el mar de la China Meridional.

Sin embargo, el gobierno de Vietnam desconfía instintivamente de las concentraciones públicas de cualquier tipo en su país y mucho más de aquellas que representen una amenaza para el orden público.

También están conscientes de que los miembros del movimiento disidente del país están muy incrustados en el movimiento anti-China y ya en el pasado han aprovechado la disputa para movilizar apoyo a favor del gobierno.

El sábado, unas 100 personas protestaron afuera del consulado chino en la capital comercial del país, Ciudad Ho Chi Minh, y eran vigilados por un gran contingente de elementos de seguridad.

Los grupos disidentes convocaron mayores movilizaciones para el domingo en Ciudad Ho Chi Minh así como en Hanoi, la capital.

Ambas naciones asiáticas tienen un historial de conflicto que se remonta a 1.000 años, y numerosas calles de las ciudades de Vietnam llevan los hombres de héroes locales de esas guerras.

En el pasado más reciente, las armadas de ambas naciones han protagonizado enfrentamientos con su cuota de muertos en el mar de la China Meridional.

En 1979, los dos países escenificaron una breve pero sangrienta guerra fronteriza. Este contexto ha profundizado la desconfianza de los civiles ordinarios hacia China.

Sin embargo, ambos países comparten una ideología comunista y estrechos vínculos económicos que convierten la relación chino-vietnamita en un tema altamente delicado.

La más reciente ronda de tensiones --la peor desde 1988, cuando 54 marineros vietnamitas murieron en un enfrentamiento con la armada china-- ha incitado interrogantes nuevas y complicadas sobre esa relación, que típicamente es un tema tabú en la prensa que controla el estado.